CUENTOS DE VERANO nº01: LA ESCAYOLA DE ARVYDAS SABONIS

De los Juegos de Barcelona’92 todo es bien sabido y bien conocido. Innumerables son los documentales, piezas, todo tipo de artículos y hasta libros enfocados en el inigualable Dream Team, como la selección estadounidense que dio paso al profesionalismo declarado en los Juegos Olímpicos. Nunca la NBA tuvo un mejor escaparate. Fueron, de hecho, por primera y  única vez en la historia, los Juegos del baloncesto. Incluso de la selección lituana se tuvo a bien crear un documental en su momento, con bastante éxito, llamado “The other Dream Team”. Y es que, las andanzas de aquel combinado que representaron nuevamente a Lituania como país independiente, era digno de ser contado.

               Quizás la historia más conocida fue su presencia en el pódium para recibir sus bien ganadas medallas de bronce. Partido matinal frente al Equipo Unificado (o CEI, Comunidad de Estados Independientes) en la que la celebración tras el encuentro aquel mediodía, se salió de madre. La fiesta se desbordó entre sus componentes hasta el punto que y como bien saben, en mitad de la tarde, regresaron a sus habitaciones en la Villa Olímpica digamos, “a dormirla”. Tras profunda siesta dispersando efluvios etílicos, alguno se despertó con  la tele de su habitación y ven con estupefacción que, en breve, se procedería a la ceremonia de entrega de medallas. “Oye, nosotros tendríamos que estar allí, ¿verdad?”

               Alarma, carreras llamando a las habitaciones de los compañeros, urgencias por pedir taxis que les transportase al Olimpic de Badalona -que, por suerte, les pillaba cerca- y obrar el milagro de llegar a tiempo. Llegaron, claro, pero de qué guisa, luciendo sus pantalones cortos y camisetas de colores chillones con aquellos diseños inspirados en el grupo Grateful Dead. Alguno incluso en chanclas (como Sergei Iovaisha), lo que produjo cierta sorna en los graderíos. Al menos, estaban todos igualmente uniformados. Todos, excepto uno que, como bien sabrán, era Arvydas Sabonis. A la estrella lituana, por más que se aporreó la puerta, no hubo manera humana de despertarlo.

               Considerable fue su ausencia (lo que acarreó la extrañeza de todos), pero una nimiedad si lo comparamos con la rabia contenida del bueno de Arvydas cuando se enteró que no llegó a estar en el pódium culmen de su carrera (para él en ese momento, defender a Lituania y ser portador de una medalla, significaba muchísimo más que la medalla de oro por la Unión Soviética en los anteriores Juegos Olímpicos de Seúl’88). Pagó su frustración contra la pared de su habitación, dando un puñetazo con su mano derecha, lo que le provocó la fractura de huesos en sus dedos índice y anular.

               Y ya lo veis en la fotografía. En la presentación como flamante nuevo fichaje por el Real Madrid, escasos días después de la aventura olímpica, se presentó con la mano escayolada, como vemos en la foto junto a Antonio Martín e intentando explicar a los diferentes medios sus expectativas con el club blanco. Claro está, tras recuperarse de aquella lesión, cuyo motivo tardó años en salir a la luz. Arvydas Sabonis, grande en todo.

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