
Pocas veces un jugador había venido precedido de tal fama. No era un recién llegado desde la NBA como Larry Spriggs doce meses antes al Real Madrid, luciendo allá por donde fuera su anillo de campeón con los Lakers. En este caso, hablábamos de un fuera de serie, de esos jugadores que dominaban la pintura con su sola presencia: Audie Norris. Un monstruo casi de mitología griega que, por su procedencia del pallacanestro italiano (la Benetton Treviso), nunca habíamos visto jugar. Su adquisición por el F.C. Barcelona sería una magnífica oportunidad para degustar alguien que triunfó en el baloncesto transalpino.
La leyenda se crea a través de rumores. “Este tío es otra cosa”. De ello se hacen eco los medios de comunicación, que bombardean con la llegada de la nueva estrella de la liga. En un tiempo en el que la voz de un periódico o de revista especializada era palabra sagrada para los aficionados, Audie Norris aparece en el Prat de Barcelona. Cuerpo enorme, cara de niño, espaldas inmensas para 2,06 de estatura que, como luego descubriremos, se agigantaba sobre el parquet.

Repetimos: sobre el parquet. La primera toma de contacto con sus compañeros, fue entre idílicos valles y praderas de La Cerdanya, en el Pirineo catalán. La pretemporada a mediados de agosto resulta ser chocante para el bueno de Audie, a lo que no está acostumbrado. Él, que en su hoja de ruta preparatoria conocía de trabajo permanente entre las cuatro paredes de un gimnasio, cuyas herramientas eran pesas, canastas y ejercicios individuales con entrenadores personales para mejorar su técnica, se da cuenta que aquí no se toca balón, que la preparación física es lo primero y la preparación aeróbica, lo primordial: carrera continua durante varios kilómetros, sprints subiendo cuestas y muchas abdominales. “Cada vez que te miro, quiero más a mi vaca” regodeos entre los jugadores del plantel azulgrana sobre “el prepa” Fibla, el personaje más odiado del lugar.
Nuestro ojiplático protagonista lleva fatal el enorme calor de aquellos prados. No podía con eso de estar al sol entre tales temperaturas (y eso que estaba en plena montaña). Así que se atavía con una gorra, unas gafas de sol y una toalla a modo de turbante para que no le dé el sol en el cogote y sin despojarse del pantalón del chándal (¿?), le echa voluntad en seguir el ritmo de sus compañeros. Protestas, alguna negativa de vez en cuando, aquejado de sus rodillas y el apodo entre sus compañeros de “the arabian” por la pinta del jugador. El convencimiento entre el cuerpo técnico del F.C. Barcelona, liderado por Aíto García Reneses, es que habrá que tratarle de forma diferente al resto, aunque tenga que rendir cuentas en los ejercicios.
Era un primer aviso del aguante de sus rodillas, con el temor reinante que están maltrechas a un nivel mayor de lo que se pensaba. Porque llegan los primeros partidos de pretemporada (que fueron de Lliga Catalana) y ha de retirarse en el minuto 6 de su segundo encuentro, por fuertes dolores y tras negociar con los mandatarios azulgranas, se convencen que ha de viajar a Estados Unidos con la finalidad de pasar por quirófano para sendas artroscopias en ambas rodillas y así “limpiar” toda su estructura ósea y facilitar a los dañados ligamentos su trabajo.

Norris no comenzó la temporada. Se perdió la Copa Intercontinental y las 7 primeras jornadas de liga ACB hasta que debutó en la octava, en un Palau semivacío en día laboral, ante el Fórum Filatélico de Valladolid. Eso sí, en 15 minutos tan solo en pista, anotó 17 puntos y en con empate a 72 en la última posesión, capturó el rebote ofensivo, forzó falta y anotó los dos tiros libres. Aun sobrado de peso, efectivamente, aquel jugador era “otra cosa”. Entre algodones, jugó en el debut en Copa de Europa en Tel Aviv ante el Maccabi y en un momento determinado, recibió un balón en la bombilla, fintó el tiro con los gestos parsimoniosos que eran costumbre en él (pero perfectos técnicamente, eso sí), hasta que de repente se arranca, con un bote se arranca hasta el aro y culminó un mate que hizo retumbar el pabellón La Mano de Elías.
Del resto de la historia, ya sabemos. Si, por sus perennes problemas con las rodillas se ausentó 70 partidos de liga de los 256 que su club disputó a lo largo de 5 años de carrera en el F.C. Barcelona y, por ende, en nuestra competición. Tres ligas ACB, dos Copas del Rey y tres apariciones en Final Four, la rivalidad más eterna frente a Fernando Martín y el legado de ser uno de los tipos más carismáticos de nuestra historia, objetivo hoy día de fotos entre multitud de aficionados… treinta años después. Y comenzó siendo “the arabian”. ¡Qué cosas!
















