Diez años trabajando junto al idolatrado Andrés Montes, daba para conocer -y esto se desvelaba también en las retransmisiones- un sentimiento dentro del mundo del deportes y del baloncesto en este caso que, a ciertos comportamientos, le llevaban los demonios, no podía aceptarlo. Que para él suponía resquebrajar el espíritu del propio juego. Tal “escalofrío” en su cabeza lo resumía en una frase de forma magistral: “El talento bajo sospecha. ¿Por qué, Daimiel?”. Temores, debilidades manifiestas -según él- de entrenadores a que ciertos jugadores cargados de un enorme talento para este juego, les rompiesen los esquemas, taladrasen su arco de seguridad y se les denostaba. Andrés estaba convencido que, estos jugadores a la larga, daban más que quitaban a los equipos. La apuesta de sus amados Knicks por un tipo tan controvertido como Latrell Sprewell, llave para la gloria de una final en la Gran Manzana en 1999, justificaba sus argumentos y situaba a los enemigos a los pies de su teoría (curiosamente, aquel entrenador neoyorquino entonces, Jeff Van Gundy, entre ellos).

Tras la rescisión de contrato al estadounidense Nike Sibande el pasado martes, en los despachos se movieron con celeridad para la contratación de la justificación de nuestro artículo. ¿Quién es Jarod Lucas? Pues bajo la apariencia de un tipo normal, de aspecto latino, con su perilla característica para enmascarar su cara aniñada, su 1,90 de estatura le hace pasar totalmente desapercibido. Si, además, no parece que ni su torso ni sus brazos tengan el tono muscular de un deportista de élite, es difícil toparse con él y adivinemos que pueda ser alguien con unas capacidades para el baloncesto profesional muy destacadas.
ACB.com nos dice que se trata de un escolta de 1,90 y 25 años, primer año de experiencia profesional tras un periplo universitario en Oregon State y posteriormente, en Nevada Reno. Vale, pero ahora añadamos que, con apenas 20 años, fue uno de los líderes para llevar a la modesta Oregon State, a toda una Final Regional de la NCAA en 2021 (entrenado por un viejo conocido: Wayne Tinkle), sacándola del ostracismo de resultados desde principios de los 80. El desparpajo de este jugador entonces, ya era superlativo. En Nevada Reno fue entrenado por otro conocido en España, el base olímpico en la selección de Estados Unidos de Los Angeles’84, Steve Alford y completó su carrera universitaria como un notable anotador. Con 17,8 puntos y un 39,4% en triples culminó las estadísticas en su último año de college. Pero, por favor, olviden eso de que se ha fichado a un tirador como única faceta. Jarod es mucho más que eso.
Es el prototipo de jugador de playground. Activo, de los que les gusta tener balón y decidir creando desajustes… o lo que le venga en gana, que para eso se mueve con mucha intuición. Muy, muy rápido apoyado en potentes piernas (eso sí lo tiene), es cierto que en lo que más destaca es en el tiro exterior. Remarcamos dos virtudes: primera, su mecánica rapidísima de tiro, sin necesidad de una colocación óptima previa. Puede sacar tiros fuertemente defendido, muy exigentes, que ya en el aire es capaz de orientar el cuerpo a las necesidades del lanzamiento. Y segunda, y por favor, no entiendan esto como un comentario frívolo: el chaval tiene puntería. Y créanos, que eso es una virtud totalmente innata. Claro que todo depende de unos condicionantes, unos gestos técnicos, la mecánica y del entrenamiento. Pero hay jugadores que tienen más puntería para lanzar a canasta. Es así. Tipos que aunque creamos -en otros- que son tiros imposibles, los suyos entran o están a punto de hacerlo. Y Lucas tiene eso. En su conferencia sabían que él era el del tiro definitivo y estaba sobremarcado y, aun así, era capaz de lanzar con una facilidad asombrosa porque cuenta con ese talento.
No es un defensor feroz, pero sí que es avispado y activo, sabe cuándo dar espacio y cuándo ir a la ayuda que se necesita (ya destacamos en Juani Marcos una lectura parecida). Por supuesto que sufrirá lo que su entrenador acuñó como una definición muy precisa y acertada, “el sarampión del rookie” cuando se aventuraban en Santiago de Compostela en jóvenes sin experiencia fuera de Estados Unidos y necesitará un aprendizaje en la integración del baloncesto más exigente que hay en Europa, el de Liga Endesa. Pero, y para terminar, nos basamos en el titular del artículo, Jarod Lucas pertenece a una clase de jugadores que son diferentes, especiales, de los que hay que entender que sus virtudes pueden prevalecer sobre sus faltas (y con esto, no definimos la figura de un “chupón”. En absoluto). Alegran una grada y hacen sonreír al baloncesto. Por eso, nuestro arrebato del “atreverse por jugadores así” y nuestro aplauso a Bàsquet Girona. Estén pendientes, que no les será indiferente.

















