
Moncho Monsalve fallece a los 81 años de edad y estas son de las que duelen. De las de ver que parte de la adolescencia de una generación, se va desconchando porque tipos como él sostuvieron el baloncesto de una época. Con su carácter fueron protagonistas. Espíritus grandiosos, recios, que en cambio, tenían esa brizna de sensibilidad infantil para disfrutar de una manera amplificada todo aquello que estaban viviendo alrededor de un balón y un cesto.
Y es que teníamos el arrebato de etiquetar a Moncho Monsalve como un soñador. Y no. Moncho tenía ese afán de ser partícipe de su sueño, de lograr se entrenador de un club en Italia, cuando aquel “pallacanestro” estaba a mitad de camino entre lo que vivíamos en Europa y la NBA. Y el propio universo USA, planeta inalcanzable donde él viajó, de los primeros en hacerlo (y este sí fue de los primeros) ser testigo y parte de aquella “divina nebulosa” con la que se percibía en España, conectando y relacionándose con muchos colegas, protagonistas de aquel mitificado escenario. Monsalve no se contentaba con el mero hecho de soñarlo, tenía que vivirlo.
“Llamé a su secretaria cuando me enteré que iba a comentar este partido aquí, Ramón. Y me respondió que Mike llevaba cuatro días ilocalizable. Ahora lo entiendo” confesaba, lleno de orgullo en las cámaras de TVE. Trecet lo invitó a comentar el 6º partido de la semifinal de Conferencia entre los Celtics y los Hawks, cuando estos, tras asaltar el Boston Garden en el quinto y situarse tres a dos, querían zanjar su eliminatoria en el Omni de Atlanta. Días después (que era cuando se emitía el partido en España), llamó a su buen amigo Mike Fratello, entrenador de aquellos Atlanta Hawks. Que un español en los 80 pudiese tener ese acercamiento, nos parecía marciano. Y de ahí la anécdota con la broma de “Frank Stein” por la radio. No le sonaba, ¿cómo le iba a sonar? Pero, orgullo herido, no podía reconocer que él, testigo de las NBA Summer Leagues habidas y por haber en los primeros años 80, donde “me impresionó la capacidad física y atlética de este chico, Michael Cage, de San Diego State, ahora máximo reboteador de la NBA”, no pudiese tener bajo el radar el nombre aquel que un oyente le lanzaba. Y Frank Stein fue convertido en un pívot blanco de 2,08 de estatura para salir del paso. Fue cómico, pero quien continuase la mofa, de verdad, no tenía ni idea de quién tenían delante.

Con su mundo en su preciada mochila, que abría en clínics para que todos los disfrutásemos, hablaba de técnica individual, de detalles que marcaban la diferencia, antes y ahora. Ver ciertos gestos hoy de Shai Gilgeous-Alexander o de Wemby son una extensión de todo lo que él contaba, enriqueciendo a muchos entrenadores de este país. Y era una delicia escucharle. Que levanten la mano todos aquellos niños que vivieron sus clínics junto con Aíto García Reneses. En una pista de baloncesto con una pizarra tras él hablando a un grupo de alumnos, como entre cubiertos y copas en una distendida mesa, contando batallas. Era un tipo que bebía los vientos por este deporte, como un enamorado.
Reconocía a sus jugadores cargados de trabajo y al mandarles correr por la pista, “cuando os pique la cabeza, lo dejáis”, como forma de dar un respiro sin confesarlo abiertamente. Expulsado de un partido, se fue a la cafetería a verlo desde la televisión de allí, sus folios enrollados en una mano, gritaban desde la banda acercándose las manos a la boca para amplificar el sonido, personaje que definía a las estrellas que tuvo a su alrededor. Fuimos testigos cómo en “Informe Robinson” hablaba de Nate Davis, ya bastante lastrado de sus piernas y caderas, con muletas en ristre. Monsalve hablaba con la intensidad de ser un ídolo para él. De esa manera embaucaba. Como cuando hablaba de Lester Lane (miren en google si no les suena) y de todos aquellos maestros de los que bebió conocimientos.
Hoy asumimos que el mundo en el que se movía Moncho Monsalve era especialmente bonito. Y, aunque de lejos, los que nos pudimos impregnar de él, somos conscientes de ello. Y por eso lo recordamos y lo lloramos. Porque personajes así son la piel de nuestro querido deporte.
















