Y Charlie Moore corría como un descosido hacia los vestuarios, con el dedo índice en alto a lo largo de la pista, con un ejército de compañeros detrás, con el mismo gesto, haciendo sonar sus gritos por todo el pabellón de la universidad de Virginia Tech enmudecido. Claro, cuando se rompe sobre la mismísima bocina un empate a 75, en un tiro desde tu propio campo… ganar así un partido, entra en el mundo de los sueños de cualquier crío (echen un vistazo en youtube, “Virginia Tech”, “Miami” y añadan “Charlie Moore”. Es alucinante). Y no es el único partido que ha ganado sobre la bocina. Eso, el ser “Mr. Basketball” en el estado de Illinois, donde miles de chavales en las calles de Chicago sueñan con jugar en la NBA, es ser una estrella.
Tan solo ha hecho falta un partido y poco más para que en Río Breogán, en toda la ciudad de Lugo y en nuestra Liga Endesa asuman que, este chaval que no llega al 1,80 de estatura y con cara de preadolescente -aunque cuente con 26 años-, debe ser el estandarte del equipo junto a Darrun Hilliard, con un talento ofensivo inimaginable en Lugo. Y es que Moore es muy bueno o, en palabras de Chuck Culpepper, reportero del mítico “The Washington Post”, “es itinerante, adaptable, él es adorado. Es jodidadmente bueno”.

Eso lo notamos en la pista. Y, repetimos, la decepción en Bilbao para los celestes fue grande, viéndose desbordados en los últimos minutos por los locales (90-72) en el único encuentro que han disputado de competición liguera -completo- hasta este momento. 15 puntos en casi 30 minutos de juego y 3 de 6 en triples llevaron la firma de nuestro protagonista. Por encima de las estadísticas, su aspecto, sus maneras de playground forjado en Chicago, de centro de gravedad bajo, bote enérgico casi violento, de los que retumba el parquet, con un cambio de dirección cuando se arranca… que es pura fantasía. La sabiduría del uno contra uno, la “vista larga” para sobrevivir entre diez componentes sobre la pista de una calle en el que logras ser el centro de atención. Y el ruido metálico de unas redes, que esta vez son cadenas, resuena una y otra vez. Ser una estrella.
“Es nuestro Chris Paul” confesaba su último entrenador en la universidad, Jim Larrañaga, en los Miami Hurricanes, que bajo su dirección y al mando de un plantel de enanos -al menos el quinteto titular que poco tiempo otorgaban a rotaciones-, un base, dos escoltas, un alero y un ala-pívot componían una fantasía de engranaje entre los cinco, de arriesgar en ayudas defensivas, de circulación de balón, de verticalidad en entradas que parecían suicidas. El ejercicio de funambulismo junto a sus compañeros Isaiah Wong y Kameron McGusty en el aire, equilibrando en el aire sus cuerpos tras salir despedidos por los choques con los fornidos pívots rivales bajo el aro, formaban una coreografía al son de las olas de las playas que casi bañaban el recinto. Y de milagros, de llegar con eso a la Final Regional. Sí, a las puertas de la Final Four que, un año después, ya sin Moore, lograron en 2023.
Entrenadores que lo ensalzan. Entrenadores a los que Charlie Moore ha sido fiel, hasta el punto de largarse cuando eran suplidos. Fidelidad que le hizo permanecer hasta 6 temporadas en el baloncesto universitario con sus años de “red shirt” (algo así como un “impuesto” que se imponía hasta hace bien poco, de permanecer un año sin jugar cuando cuajaba el traspaso de una universidad a otra). Y tras tener el credencial de ser el mejor en su estado, Memphis lo recibía con los brazos abiertos… hasta que ese mismo verano echaron a su entrenador, Josh Pastner, por lo que decidió dar marcha atrás y emigrar hasta Berkeley, a la universidad de California, donde allí fue titular como novato en todos sus partidos (12,2 puntos y 3,5 asistencias). Y un año permaneció allí porque… adivinen. El entrenador Cuonzo Martin (el lugarteniente de Glen Robinson cuando hicieron diabluras como jugadores en Purdue en 1994) fue despedido y Moore emigró a Kansas, más cerca de casa. Un año sin jugar más una sola titularidad aquel curso para, definitivamente, volver a casa, a la otrora prestigiosa DePaul afincada en Chicago. El pequeño base era un anhelo para el entrenador de allí, Dave Leitao, que lo disfrutó 2 temporadas, hasta que Leitao fue sustituido. Y de la fidelidad -de nuevo- en sus convicciones o en la gente, Charlie empaquetó maletas de nuevo para irse a la Costa Este, a la colorida universidad de Miami, ya como graduado, pero con la elegibilidad de un año más. Y su nuevo coach, Jim Larrañaga entendió que por él pasaba el arranque al motor de todo. Y de un equipo muy organizado pero escaso de recursos, les puso nuevamente en el primer plano del panorama internacional.
El año pasado jugó en Pistoia, siendo el máximo anotador de la Lega en las primeras jornadas, finalizando con 17,4 puntos y un 41,4% en triples, volviendo a tener a su vera otro gran anotador en la posición de escolta, el hoy “lagunero” Payton Willis. En Europa es capaz de mostrarse como un reputado anotador. Pero, ¿saben lo que pensamos en Endesa Basket Lover? Que damos más crédito a su faceta de pasador y organizador, con sus 5,1 asistencias, que a la anotación. Que en su periplo universitario hizo mover a los suyos hasta lograr el éxito y el reconocimiento de todo un país. En el partido en Bilbao logró dar una asistencia sin mirar, pasando el balón por toda una zona poblada,para la canasta en el corte de Dragan Apic, de auténtica fantasía. Y miren, los ceros en los cheques suelen darlos los puntos anotados. Pero cuando cale en uno de los grandes de Europa (convencidos que así será) en un futuro, se valorará mucho su capacidad organizativa en pista.
Río Breogán es un equipo remodelado y reforzado, donde la voz cantante en ataque la lleva la línea exterior (sobre todo con el mencionado Hilliard y el también escolta Jordan Davis). Que el plantel de Veljko Mrsic vaya conjuntándose poco a poco donde Moore sea el líder, que las desavenencias con Davis que presenciamos mientras se retiraban a un tiempo muerto (hasta Jordan Sakho debió pedirles calma) sean eso, roces vanos mientras se solidifica la estructura y va creciendo. Que hay calidad ofensiva y deben trabajar en defensa en unos jugadores que ya les conocemos de haberse aplicado con intensidad y orden atrás.
Disfrutemos a los breoganistas y a su base Charlie Moore, uno de esos ejemplos de que viéndole evolucionar por la pista, tenemos la convicción que este tipo es una estrella.

















