UNA ESPAÑA CON FUTURO DE ORO, BRONCE MUNDIALISTA

Es un grupo de oro. Las redes sociales amplifican todo, es cierto, pero es posible que en pocas ocasiones hayamos visto tantos clips de celebración, como los que circulaban ayer por redes de estas chicas. Personalmente, para todos y cada uno de nosotros, era gratificante. Un corrillo de amigas abrazándose, bromeando, bailando… El mismo grupo que se felicitaban tras un triple, que corrían a levantar a la otra del suelo, que aplaudían dando ánimos cuando el pase de una de ellas, no era bueno. Tan sólido era el propósito en común, que atraía a ojos del espectador. Un propósito que, por encima de todo, abanderaba el hecho de jugar bien al baloncesto, Que el resultado (el que sea), sea una añadidura. Terceras del mundo.

               Miguel Méndez dirige en la actualidad un combinado que es el resultado de muchas, muchas cosas, créannos. De un proceso largo. En la Federación Española de Baloncesto, Ana Junyer continúa mirando muy de cerca el proceso de formación del baloncesto femenino. Ella, que como jugadora internacional en la década de los 80, paralelamente a que la selección masculina ganara platas en Europeos y  Juegos Olímpicos, veía junto a sus compañeras la cima como un anhelo imposible. Ellas, que cuando se organizó un Eurobasket en España en el verano de 1987, disfrutamos en Cádiz de un éxito sin parangón en el baloncesto español: el sexto puesto europeo. Han sido cuatro décadas que, con sus riesgos y desventuras, se ha trabajado de manera notabilísima.

La formación sobre las jugadoras que hoy componen la Selección Española es de… de lo que todos ustedes han visto en pista. Y sí, por el camino se han mejorado y nos subimos a la evolución de las condiciones físicas. Y durante ese trasiego aparecieron portentos atléticos en Amaya Valdemoro, Ana Montañana o, en la actualidad, Awa Fam para auparnos un puñado de peldaños en el escalafón mundial. Cierto, pero nuestro baloncesto también se ha nutrido en gran medida de Laia Palau, Anna Cruz o Iyana Martín, mujeres que, calificando sus físicos, pudieran haber compartido plantel sin llamar atenciones, con Ana Junyer o Blanca Ares. Lo que se ha mejorado es la calidad del trabajo, crear bajo un depurado conocimiento técnico y táctico, jugadoras de élite mundial. Y aquí sí que España es de sobresaliente. A fuego lento se moldea para que el cincelado final con todo el cariño, se produzca en la rutina del día a día. Sin atisbo de prisa o presión.

¿Cuántas veces sentimos un exaltado orgullo del “qué bien juegan” ante las americanas en semifinales? Todo esto da emocionarnos delante del televisor como resultado final. Miguel Méndez ha cosechado toda esa siembra y con su saber, dio forma a la actual Selección Española para lograr la medalla de bronce que a todos nos representa. Encontramos las cosquillas al equipo USA a base de inteligencia, de sistemas machaconamente trabajados sobre lectoras privilegiadas de este juego. Y un triple de María Conde desde la esquina, tras mover la defensa estadounidense, ha sido reclamo y acercamiento a toda esta orfebrería en redes. Y como guinda, “lo de Iyana Martín”, así, sin calificativos. Y Breanna Stewart, mirando a la grada, preguntando “y esta, ¿quién es?”

LA SEMIFINAL DEL ORGULLO, LA FINAL DEL PREMIO

            Quizás era el momento más complicado de todo el campeonato. Había que salir mandando y dominando el partido ante Alemania en la final por la medalla de bronce. Propósito que anularía inicialmente el arrebato de las anfitrionas por creerse merecedoras del partido y, de paso, olvidar el extremo cansancio que debían sacudirse nuestras representantes. Un deseo entre todos nosotros y un imperativo entre las jugadoras, que se cumplió.  En ningún momento se les dio la opción de pensar que podían remontar desde el 15-25 con el que iniciaron. Si hubo algún resquicio, el parcial de 20-7 del cuarto final, lo dice todo. Porque las sonrisas se contagiaban y había que poner el broche a un gran Mundial, mientras que las germanas fueron incapaces de anotar un solo punto en los últimos 03:53 de partido. Y miren que las nuestras estaban cansadas, que las lágrimas y lamentos tras la ajustada derrota ante las imbatibles estadounidenses (76-66) dejaron huella. Sin embargo, ello dio paso a la mentalización menos de 24 horas después, porque la recuperación muscular era imposible, no había tiempo. Son ganadoras.

               A Estados Unidos se les encaró con el convencimiento de competir con el mejor baloncesto posible, el de asumir que España, por todo lo que hemos comentado anteriormente, llegaba a ese listón. El empate a 57 al final del tercer cuarto así lo atestiguaba, a pesar del 23 de 31 en tiros libres que las americanas ya acumulaban en ese momento (por el 8 de 9 que llevaba España). En Endesa Basket Lover quizás no veamos injusto nuestro número de tiros libres lanzados (que acabó con 11 intentos el partido), a pesar de una vertiente de críticas entre los medios nacionales. El juego de las españolas no estaba en el contacto físico, sino en el preciosismo de verlas superadas por una conducción de balón idónea hasta encontrar la mejor posición. Y cuando salía -las más veces-, ni se da opción a provocar faltas ahí. La queja sí viene más por esa previsibilidad arbitral en la que era sancionada una jugadora española cuando había un choque dudoso contra las americanas o se tiraban al suelo, bien defendidas en un triple, incluso cuando un cuerpo tapaba a ojos de un árbitro un manotazo señalizado como falta, imposible de poder ver desde cierto ángulo. El trío que juzgó el encuentro estuvo muy, muy lejos del nivel del choque, una tónica casi generalizada durante todo el campeonato. El dislate que se sigue manteniendo sobre algunos árbitros de élite mundial, que no tengan opción de arbitrar algo tan exigente como los más altos torneos FIBA, es de sonrojo. Y no por los ausentes, sino por el más que sabido nivel de los presentes (y miren que no fue el peor arbitraje de un partido de España. Lo de Japón sí que resultó bastante más bochornoso).

               España lo bordó porque quería darse el homenaje de salir a la pista y mostrar todo lo que sabía. Parafraseando al gran Forges, “¡gensanta!”. Es que era una delicia todo. El conocimiento entre ellas, la sutil percepción del “ahora toca esto” y ver estadounidenses alrededor, despistadas buscando respuestas sin poder usar su físico, nos hacía sentir bendecidos desde nuestro sofá. El nivel era de sobresaliente. El rebote… ¿han visto algún equipo cuyas exteriores tengan el compromiso de este plantel para asegurar el rebote defensivo? Hasta los últimos diez minutos, donde el cansancio hizo mella, era una fantasía. Para la historia, quedarán los dos canastones de Iyana Martín ante Breanna Stewart. Para los libros, la actuación de María Conde con sus 17 puntos y 6 de 13 en tiros de campo (3 de 7 en triples), en qué momento y con qué clase, cuando hasta ese momento había acumulado 11 de 33 (y 6 de 20 en triples. Y para el recuerdo, el liderazgo y el “sí, aquí estará el umbral de dureza en todas nosotras” de Maite Cazorla, absolutamente sublime a lo largo y ancho de esta Copa del Mundo.

               Nuestra enhorabuena porque… nos emocionaron. Exactamente eso. El orgullo de haber competido así dulcifica el ‘¿qué faltó para ganar?’. Un poco más de profundidad y quizás Miguel Méndez lo explicó en instrucciones durante un tiempo muerto, cuando pedía mayor asentamiento en los tiros bajo el aro, atreverse a hacerlos, sin temor al tapón y a las consecuencias de tal intimidación.

A lo mejor se tenía la certeza de que se podía mirar a los ojos a las todopoderosas yanquis, pero aún no la seguridad, la fe absoluta de que se las pueda ganar. Hay un pequeño matiz en ello. Quizás dos años más de experiencia en todas, sobre todo en las más jóvenes que tanta responsabilidad cargan sobre sus espaldas (que son 20 primaveras tan solo) haga finalizar ese aprendizaje mental para llegar a ese rellano. Porque lo más alucinante es que, viendo su nivel, intuimos que su capacidad de mejora es aún enorme, en todas. Elegimos a una, quizás la que más:  Raquel Carrera. Sobre su dureza y capacidad de liderazgo y sufrimiento, su inteligencia para este juego y sus actuales virtudes, divisamos unos matices en su progresión que le dan un recorrido futuro, fascinante solo de pensarlo. La seguridad expuesta ante las alemanas para lograr el bronce, extendida a todas las demás, incluso a las estadounidenses.

               En dos años es la cita, la gran cita. Los Angeles 2028 se vislumbra en el horizonte. Reflexionaba el histórico entrenador soviético Aleksander Gomelski, que su selección masculina no hubiese ganado aún a los americanos en los Juegos de Los Angeles’84 en los que no participaron, debido a un boicot político. Tenían la calidad según él, pero no la mentalización suficiente. Sin embargo, todas las batallas acaecidas hasta los siguientes Juegos en Seúl’88, la mayor experiencia en un plantel perfecto, el haberse enfrentado -y ganado- a potentes equipos USA, le dio el pálpito que Seúl era su cita para la historia, como así fue. Y resquebrajaron el mundo y cambiaron las reglas con ello. Quizás nuestra Selección debió pasar por Berlín para que se planten en Los Angeles con un silencioso convencimiento que sí removerá los cimientos del baloncesto. Hasta entonces, toca seguir disfrutándolas día a día. Que precisamente hoy se presenta la Liga Femenina Endesa. Y no es poca cosa.

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