
Nos hemos encontrado contrastes, adversidades y el ejercicio de vestirse, como en el teatro clásico, de máscaras con gestos de todo tipo para evidenciar que, efectivamente, España ha batallado contra mil vicisitudes. Contra el entusiasmo local, contra el roqueño músculo cincelado en ébano y ante ojos rasgados y marcados de fina puntería. ¡Ah!, sin obviar esa sensación de impotencia de Iyana Martín -que compartíamos todos los aficionados- mostrando a los árbitros, unos brazos ya colorados e irritados de tanto manotazo nipón. Que todo cuenta.
El caso es que dos victorias y una derrota (curiosamente ante Mali, las descartadas del grupo de cuatro en la fase previa) en las primeras evoluciones de asentamiento en el campeonato. Porque la imagen dada traslucía más eso: encajar y establecerse en este campeonato, intentando no perder rumbo. Abanico cromático de tonalidades. Ni la perfección de primer día ni el desacierto del segundo ni incomodidad del tercero. O sí. Quizás la evaluación es la suma de todo, un poco de “ni sí ni no, sino todo lo contrario”. Va de perogrullada, pero un torneo a nivel mundial difiere mucho de uno a nivel continental por el mero hecho que hay selecciones de todo el mundo. Qué simpleza, ¿no? Sí, pero en la preparación de un partido se asume que, Alemania juega a “nuestro rollo”, independientemente de su potencial; que el físico de Mali supone columnas inamovibles en la zona por un rebote y que no se les puede dejar un uno contra uno, porque nos superan y que la defensa de las esquinas cobra especial relevancia -incluso en contragolpes- ante combinados como el japonés, que hacen de la circulación de balón y la meteórica mecánica para armar sus triples, un nuevo escenario al que no se está tan acostumbrado.

Cojamos el bloc de notas, repasemos los apuntes y completemos la radiografía de nuestra Selección Española, a la espera de los cuartos de final, tras esta primera fase berlinesa.
- Con susto de por medio en forma de un rodillazo en la zona intercostal que, al margen de dormir un par de noches incómodas, no parece traer más consecuencias, Iyana Martín (17,3 puntos y un 56,3% en tiros de campo). no está lesionada como en el pasado Eurobasket y contaremos con ella a la hora de la verdad. Maravilloso. Como con Awa Fam, calibrando temperatura tras las disputas con las malienses y ante el avispero japonés (que picaban, claro que picaban: aguijozanos de cinco dedos nada menos), ambas ya son protagonistas a sus 20 años y capacitadas para DECIDIR. Y ellas son el salto de calidad sobre una selección, ya de por sí extraordinaria, que las impulsa a ser -muy posiblemente- el mejor combinado de toda nuestra historia.
- Veteranía y buen hacer en la dirección. Maite Cazorla, Elena Buenavida, Alicia Florez y Mariona Ortiz. De la perfección el primer día ante Alemania a la calma del último ante Japón (que motivos dieron los árbitros y ellas para perderlo). Brújula y muchísima agresividad en todas ellas para asumir que las directrices en pista, son claras. Y su cuota de protagonismo, por supuesto. Entre las 4 están anotando 56 puntos (14 de promedio entre todas), lo que da para asumir que parte del peso anotador esperable, también es de ellas. Y eso que la estadística baja algo porque Elena Buenavida lleva 7 puntos en esta primera fase. Lo suyo es más de rebote ofensivo (lleva 9 en total, solamente superada en el combinado que nos representa, por los 11 de Awa Fam). Todas han tenido su momento de brillantez no solamente numérico, sino espiritual. Alicia Florez estuvo notable el día de Mali, cuando una mentalización que no era suficiente (como confirmó Iyana Martín al final del choque) que derivó en un desacierto ofensivo general, intentó empujar y rescatar lo que bien se intuía como una derrota. Mariona Ortiz, en su especialidad ofensiva de desparpajo de playground y jugar al poste, buscaba traspasar un curioso sistema defensivo nipón. Maite Cazorla nos ha dado buenas lecturas y acierto en el tiro exterior cuando se necesita y Elena Buenavida, sus dotes de pase en la dirección y remarcar su oportunismo en rebote ofensivo. Y todas, con buena dosis defensiva, tanto en agresividad como en lectura táctica.

- ¿El día de Mali? Nuestras jugadoras son tan inteligentes que sabían perfectamente lo que había sucedido, sin que Miguel Méndez tuviera que alertar su atención sobre actitud. Recibir 20 puntos de contragolpe y 42 puntos en la zona (muchos de ellos de jugadoras pequeñas entrando a canasta), suponen un exceso de lo que se tomó, estamos seguros, buena cuenta.
- 112 puntos en la zona en los tres partidos (37,3 de promedio, Suponen el 47,6% de los puntos). Es una base perfecta para desarrollar todo lo demás. Cuando vienen mal dadas, no es que sea una solución, pero sí un apoyo grande. Y eso viene dado por la habilidad de muchas exteriores entrando a canasta, apoyando a nuestras mayores baluartes interiores, sobre todo Awa Fam y Raquel Carrera. Porque estamos convencidos que mejorarán su aportación actual (18,3 puntos entre ambas, con 41,5% en tiros de campo), sobre todo de cara al emparejamiento de cuartos de final. Por su valía contrastada y porque las necesitamos. El respaldo de Megan Gustafson, con su agresividad y su tremenda movilidad (jugando francamente bien con la línea de fondo, siendo nuestra tercera máxima anotadora con 8,7 puntos y 48,4% en tiros de campo) quizás sea el baluarte para celebrar un éxito futuro.
- El lanzamiento triple. La locura del 14 de 28 el primer día ante las anfitrionas alemanas (algo irreal) se vio disminuido por un 12 de 47 (25,5%) en los siguientes dos días, que habrá que mejorar. Hay que reconocer que el 4 de 18 del aciago día de Mali no ayudó, pero no debería restar confianza en nuestras mejores tiradoras. María Conde estuvo sublime con su 4 de 9 en triples ante Alemania. Iyana Martín ha acumulado 7 de 16 (notable 43,8%) y Awa Fam, que se prodiga en 3 ocasiones por partido, es quien tiene el mejor porcentaje (44,4%) con un 4 de 9. Sin embargo, hay un cuarteto que pudieran marcar el termómetro colectivo (por su importancia) de lo que puede ser nuestra Selección amenazando desde el triple y que, por el momento, no tienen números destacados: Paula Ginzo (0 de 4 en el torneo), Helena Pueyo (1 de 4), Megan Gustafson (2 de 8) y el mencionado 7 de 16 de María Conde. No es habitual en ellas estos números y esperemos que las sensaciones vuelvan a ellas, porque sean australianas o italianas hoy las que se clasifiquen, deberán ser vitales.

Miguel Méndez cuenta con un grupo inteligente, que sabe leer las situaciones que les proponen las rivales y en defensa, ya se conocen, ya están sincronizadas (obviemos la permisividad de contragolpes de las malienses, en una segunda parte donde las piernas no daban ya para tanto). Nos gusta lo que vemos y en ataque, la facilidad que tienen casi todas para el pase (ojo, interiores tanto como exteriores) nos hacen ser optimistas y disfrutones con el juego de este combinado. El grupo es muy bonito. Ellas se consideran como tal -un grupo- con una exquisita mezcla de caracteres. Y es una oportunidad preciosa para hacer algo atrayente en esta Copa del Mundo. A esperar impacientes toca.
















