Rafael Vecina: “El club se agencia un Mercedes enorme para recibirlo. Porque, imagina, un tío tan grande… Y además era Ralph Sampson. Resultó que, en el trayecto al aeropuerto y la vuelta, el coche se chupó todo el depósito de gasolina. Tuvieron que pensar en cambiarlo, aquello era ruinoso”.
Enfundado en un pantalón de chándal, un abrigo de cuero y con cara de cansancio, Ralph Sampson aterrizó en Málaga un viernes, 9 de enero a las seis de la tarde, posando para los periodistas mientras sujeta una camiseta de Unicaja. La primera ocasión en la que un número uno del draft desfilaba por nuestra liga ACB. El regocijo no solo era malagueño, sino extensible a toda la geografía española… y más allá. Varias televisiones europeas se acercaron hasta Málaga, cuyos corresponsales querían ser testigos de la venida de Sampson.

Manolo Rubia: “Él vino aquí para demostrar que podía seguir jugando al baloncesto. No creo que lo hiciese por dinero porque aquí cobró 150.000 dólares, que tampoco era tanto, sobre todo para alguien que había ganado tanto en la NBA. Se veía joven y con fuerzas para seguir jugando”.
Antonio Jurado: “Ralph Sampson viene a Europa porque está muy lesionado, con una rodilla y un cartílago que no responden en absoluto. De hecho, casi no tiene cartílago y por aquel entonces, no había soluciones. Hoy día, se limpia el hueso y se implanta un cartílago nuevo. El razonamiento de José María o de Alfonso y Manolo, venía porque no midieron el alcance. ‘Por muy cojo que esté, este las mete’, pensaban”.
Sin apenas tiempo para entrenar, debuta en la 23ª jornada de liga, en casa frente a Pamesa Valencia.
Manolo Rubia: “Eso fue un acontecimiento. Sacamos a todas las categorías inferiores del club a la pista y pusimos una alfombra roja, como la de los Oscars, desde el vestuario hasta el centro de la pista, por donde debía pasar él. El Ciudad Jardín aquel día, estaba a reventar”.
Antonio Jurado: “Esteban Gómez, periodista de TVE vino a hacerle un reportaje y me acompañó desde la clínica, donde le hice los últimos tratamientos, hasta el pabellón. Había mucha atención en él”.
José María Martín Urbano: “Y lo pongo de titular porque la gente quería verle desde el primer momento. En la primera ocasión que recibe el balón en poste bajo, un tanto alejado del aro y pegado a la línea de fondo, lanza una suspensión… que da en el canto del tablero. Yo me quedo helado”.
Antonio Jurado: “Nos quedamos mirando algunos en el banquillo, como diciendo ‘tenemos un problema’. Pero, bueno, también pensamos que podía haber sido una casualidad. A ver si a la próxima…”
Unicaja Ronda perdió el partido (62-75) y Sampson consiguió cuatro canastas para un total de 10 puntos. Acababa de llegar y no se apresuraron a sacar conclusiones. Los verdaderos problemas vinieron después.

LA PESADILLA EN MÁLAGA DE UNA ESTRELLA LASTRADA
Durante la primera semana de entrenamientos, se aprecia el alcance de los daños que Ralph tiene en ambas rodillas.
Manolo Rubia: “Sobre su rodilla mala, era imposible. Tenía mucho peor la izquierda que la derecha. El caso es que en los entrenamientos, cuando se ejercitaba él solo, era espectacular”.
Rafael Vecina: “Recuerdo que el control que tenía de la pelota, era perfecto. Entraba con ambas manos y era una maravilla. Su mecánica de tiro, perfecta también. Una vez dio un bote, se planta a dos metros del aro y desde ahí, hizo un mate que nos quedamos todos alucinados”.
José María Martín Urbano: “El problema venía cuando lo defendía alguien. No podía moverse. No podía pivotar y, como era muy delgado, a nada que le tocabas perdía el equilibrio”.
Antonio Jurado: “Le echo un vistazo por encima y veo que tiene una cantidad desproporcionada de líquido sinovial en sus rodillas. El menisco se lo había comido, ya no tenía cartílago y rozaba hueso con hueso, el fémur con la tibia, que ya tenía fatigados y desgastados del rozamiento. Con lo que el cuerpo, para protegerse, segrega ese líquido. Yo utilizaba una jeringuilla de 20 centímetros cuadrados y todos los días de entrenamiento o partido, le sacaba entre 8 y 10 jeringuillas. Tenía un vasito del tamaño de uno de café y lo llenaba todos los días. Además, un exceso de líquido hacía que imposibilitara desarrollar el cuádriceps, con lo que era peor aún. Utilizamos con él todo tipo de tratamientos, con toallas calientes, nos lo llevábamos a la piscina a entrenar para amortiguar sus movimientos mientras se ejercitaba…”
Rafael Vecina: “Se le veía que tenía mucho baloncesto dentro, pero no podía ejecutarlo. Al principio a nosotros nos impresionaba y le respetábamos mucho, Pero, claro, yo que he sufrido de mis rodillas toda la vida, detecto rápidamente cuando uno lo pasa mal porque tiene un daño en ellas. Y le decía al fisio a modo de sorna, ‘Antonio, este tiene las rodillas peor que yo, ¿eh?’ No había otra manera de tomárselo”
Manolo Rubia: “Además, no se le sacaba líquido sinovial limpio, sino que estaba mezclado con sangre, que muestra que el daño aún era más importante”.

José María Martín Urbano: “Yo no sé si esto se me ocultó o no, pero no sabía de toda la gravedad. Y cuando jugamos el siguiente partido en Sevilla, ante el Caja San Fernando, veo a todos en la rueda de calentamiento, excepto a él. Y me meto en el vestuario para hablar con Antonio. ‘¿Qué pasa, que va a llegar tarde al calentamiento también?’. Y fue cuando me confesó que le acababan de sacar ocho jeringuillas de líquido en las rodillas. Me quedé blanco”.
En ese partido, Sampson disputó 23 minutos y se quedó en 0 puntos.
Antonio Jurado: “El hombre le puso toda la voluntad del mundo. Las grandes estrellas son las que menos se quejan y menos cuidados te piden. Era un hombre entrañable, la antiestrella por excelencia. Se llevaba a los juniors a comer y pagaba él siempre. Le decías ‘vamos a hacer esto’ y nunca ponía ningún problema. Pero estaba excesivamente delgado cuando vino, los cuádriceps estaban poco desarrollados y no podía saltar apenas”.
Rafael Vecina: “Era una excelente persona. Increíble. Me sorprende que un tío de su fama fuera tan agradable y tan sencillo. Humilde, preocupado… Estaba por agradar y mezclarse con la gente. Tikhonenko y yo éramos los que nos cargábamos a la espalda el equipo. Se preocupó de quiénes eran los buenos y quiénes tiraban. Me acuerdo que había veces que yo le forzaba a tirar más y él me contestaba ‘No, no. Tikhi y tú sois los jefes’. Le gustaba mucho llamarnos los jefes. Y nos decía que él había venido aquí a rebotear y a bloquear. Asumía que su tarea era ayudar”.
Anicet Lavodrama: “De mis tiempos en la universidad, cuando él estaba en Houston, tengo en la cabeza que era una persona exquisita. Por los amigos que tenía yo en los Rockets, Robert Reid, Calvin Murphy o el propio Olajuwon, hablaban exquisiteces de él. Y la secretaria de los Rockets, que me tenía mucho aprecio y me daba buenos consejos cuando se iba oyendo que yo iba a salir en el draft, me hablaba de él muy bien como persona. Educado, elegante… saber estar. Cuando todo el mundo le seguía, su respuesta era afable, correcta, asequible”.
Manolo Rubia: “Se acopló muy bien a la ciudad. Conocía los restaurantes y recuerdo que él estaba comiendo pollo a todas horas. Se iba a un asador a comer o se compraba dos pollos. Porque se comía dos, ¿eh? Yo era el delegado del equipo y estaba muy pendiente de ayudarle, de hacerle la estancia lo más agradable posible. Y aunque él en Málaga estaba a gusto, lo pasaba mal. Solo entrenaba, incluso después, al margen del equipo. Comía muchas proteínas y las tomaba en forma de batidos en los gimnasios donde iba. Se puso descomunal. Cambió mucho a como llegó. Pero cuando no le salían las cosas, se venía a mi casa con su hijo a lamentarse. Un niño enorme. Tenía dos o tres años y parecía que tenía once. Ese niño jugó muchísimo en mi casa y tengo algunas fotografías de él allí, rodeado de juguetes. También mantengo un pantalón de chándal de Ralph que me llega a mía la altura de los hombros”.
Rafael Vecina: “Su hijo era igualito a él. La misma cara sin el bigote”.
Antonio Jurado: “Cuando salía por Málaga alguna noche con los otros americanos del Mayoral Maristas (coincidió con Dyron Nix y un recién llegado Michael Ansley, además de un ex compañero en la universidad de Virginia, Jeff Lamp, que jugaba en Granada y en ocasiones bajaba), le traían las bebidas por el hecho de ser quien era. Era absoluta admiración lo que sentían por él”.
José María Martín Urbano: “Él empezó a quejarse de los árbitros, de que no se la pasaban, de que no tenía las mejores opciones y, aunque a mí nunca me culpó de nada, pero creo que indirectamente, también me culpaba de su fracaso. Probamos muchas cosas, pero estaba como estaba”.
Anicet Lavodrama: “Yo creo que lo hubiese hecho mejor si hubiese tenido un base distinto, más acorde con él. Por aquel entonces estaba Joaquín Ruiz Lorente como base titular, que era muy rápido y eso no iba mucho con su estilo. Si hubiese tenido un Fede Ramiro, hubiese aportado mucho más, estoy seguro. Con un jugador con la clarividencia de Pablo Laso, le hubiese ido mejor”.
Tras las dos derrotas iniciales ante Pamesa y Caja San Fernando, ganó su primer partido defendiendo los colores de Unicaja Ronda al Valvi Girona (10 puntos, 12 rebotes y 3 tapones), perdieron en casa ante Elosúa León (6 puntos y 5 rebotes), se ausentó por una gastrointeritis en la derrota en Vitoria ante el Taugrés y en el siguiente choque, viajaron a Valladolid para enfrentarse al Fórum Filatético de Arvydas Sabonis. Dos jugadores que ya se conocían de un enfrentamiento 9 años atrás en una de las giras invernales de la selección soviética por tierras USA, en concreto en aquella ocasión ante la universidad de Virginia. Nueve años que dieron para mucho en ambos casos, sobre todo la tragedia de verse involucrados en gravísimas lesiones.
Manolo Rubia: “Sabonis lo respetaba mucho. Y se vio aquel día”.
Antonio Jurado: Sabonis es muy buena gente. Este hombre no quiso hacer sangre (se quedó solo en 21 puntos) y en defensa nunca lo apretó. Quizás fue el mejor partido de Ralph en España (9 puntos y 8 rebotes). Hizo un mate cerca de él. También estas lesiones son muy mentales. Yo conservo una foto en casa de un partido contra el León, poniendo un tapón a Reggie Johnson, pero con la mano muy, muy arriba. Y la guardo con cariño. En alguna ocasión se olvidaba de sus lesiones y hacía cosas así. Pero es que no podía. Un hombre así, con un examen médico como los que se hacen hoy día, te aseguro que no podría ni trabajar en un empleo normal de cajero en un supermercado”.

EL FINAL DE UNA AVENTURA FINAL
Una victoria ante el Coren Orense (85-80) y otra a domicilio en Murcia ante el Júver (78-86), con 8 y 12 puntos de Sampson respectivamente, no atenúa la angustia de su entrenador, Martín Urbano junto a su cuerpo técnico, por el descenso. Seguían en las últimas posiciones de la tabla (con dos victorias por delante de tales puestos) y se piensa que, con esta dinámica, nada estaba garantizado.
José María Martín Urbano: “De los problemas que él tenía, yo no estaba demasiado pendiente porque ya estaba preocupadísimo por la mala marcha del equipo en conjunto. Que podíamos bajar de categoría. Y Ralph no me solucionaba nada. Además, nosotros por aquel entonces teníamos al Melilla como filial del club en 1ª B -actual Primera FEB- donde también debieron sustituir al americano con el que contaban, Edward Amos, porque era muy malo en ataque. Era un pívot de apenas dos metros, que tiraba así con la palma de la mano… Pero como se negó a rebajar ni una sola peseta de su contrato hasta final de temporada, llegamos a la conclusión que ‘bueno, que siga cobrando y que entrene con nosotros’. Y en los entrenamientos te juro que se comía a Sampson. ¿Cómo era posible? Pues lo anulaba por completo”.
Rafael Vecina: “Eddie Amos era un superviviente. A nivel de fuerza, sabía dónde tenía que pegar”.
José María Martín Urbano: “Y, claro, si muestro mi deseo a la directiva de sustituir a Sampson, esta me diría que no hay un duro. Y pensé en Amos. Pero tenía miedo que la gente se me echara encima. Pero, ¿cómo vas a sustituir a este tío? En el fondo, yo veía que con él nos salvábamos”.
Manolo Rubia: “Eddie Amos sabía hacer lo que nosotros necesitábamos: trabajo, rebote…”
Y llegó la siguiente jornada. Funesta jornada para Sampson con la llegada del OAR Ferrol al Ciudad Jardín. Porque todos en Málaga se ponen de acuerdo al señalar al hombre que sirvió como detonante para la marcha de Sampson.

Alfonso Queipo de Llano: “Anicet Lavodrama”.
Antonio Jurado: “Sampson tenía la cintura muy pequeña y aunque ponía toda la voluntad del mundo, Anicet con dos empujones lo sacaba de la zona y el otro no podía”.
Manolo Rubia: “Jugamos contra Anicet Lavodrama y lo mató. La imagen de aquel partido la tengo grabada. Le ponía la mano en la cintura y lo llevaba donde quería. Era muy frustrante para él”.
Rafael Vecina: “Yo siempre he dicho que Anicet Lavodrama podía ser el primer ventrílocuo de la liga, porque cuando él te agarraba por detrás, te inmovilizaba de tal manera que tan solo podías mover los ojos y la boca. Nada más”.
Anicet Lavodrama: “Cuando yo jugué contra él, no sabía en qué forma estaba. Si lo habían fichado, imaginaba que estaba en buena forma. Y al empezar, le toco en el intento de dirigirle y sentí que le podía mover. Pero cuando vi que intentaba girar y patinaba, ahí sí me di cuenta que le podía controlar. Y cuando lo repito en tres acciones y siempre igual, a mí me dolía. Era un orgullo y feliz de jugar frente a él, pero fastidiado al mismo tiempo. Cuando no tienes tus apoyos, no puedes hacer muchas cosas: el tiro, fijar a tu defensor… Si tus rodillas no responden, no puedes hacer nada porque no tienes estabilidad. Repito que no me siento bien con aquello. Lo mío era admiración por ese jugdor. Me encantaba el tipo atlético y elegante. Además, si tienes la actitud que siempre tuvo en el baloncesto, me fastidia aún más”.
La anotación de Sampson quedó reducida a un solo punto.
Manolo Rubia: “Recuerdo el día que nos reunimos con Queipo de Llano para cesarle. Yo estaba para traducirle. Le dijimos que no contaríamos con él, que si se quedaba no jugaría. Lo pasó muy mal. No sé si lloró, pero estuvo a punto. Para alguien como él, apartarle para poner en su lugar a un tío como Amos, era muy duro. Y ahora reconozco que, aunque lo quiero mucho, fue un error ficharlo”.
Antonio Jurado: “Creo que él vino a jugar a Europa porque pensaba que era una liga menor y que aquí podía echarse sus tres o cuatro añitos. Sabía que no estaba bien, pero en una liga así, podía hacer sus cositas. Pero se dio cuenta que no podía, ni seguía el ritmo de los entrenamientos ni el de la competición”.
Permaneció algunas semanas más en Málaga, pero el viaje de Ralph había finalizado. Ocho partidos en total. Y no era el fin de su aventura ACB sino una más extensa: la de jugador de baloncesto.
Y así se escribe el final de una historia siento que no deberíamos escribir así. Pero, sobre todo y con el tiempo transcurrido, duele aún más que finalice así. Hemos estado esperando durante muchos años que otro milagro de 2,23 y coordinado como él, recogiera el testigo de este prototipo de casi extraterrestre, con la esperanza y la fortuna de poder disfrutarlo.
Han tenido que pasar treinta años desde su retirada, para al fin toparnos con alguien coordinado como él, incluso más alto, con mejor dominio de balón y que por sus cuidados y un exhaustivo trabajo con el yoga desde temprana edad, parece -ojalá no nos equivoquemos- que puede que sea una ofrenda para largo. Porque Victor Wembanyama es una ofrenda para el baloncesto. Que pueda volver a pisar y completar una huella tal vez inacabada. Viendo al francés quizás podamos apreciar la magnitud de lo que significaba Ralph Sampson para el baloncesto.
Manolo Rubia: “Hace años fui a Houston a ver la Final Four de la NCAA. De paso pude presenciar un par de partidos de los Rockets ante Atlanta y San Antonio. Y desde uno de los palcos, arriba del todo, en este pabellón que es enorme, observo que en el descanso se congrega gran cantidad de gente en una esquina. Y baja un tío con un traje marrón, elegante, perfecto y pregunto ‘¿ese es Ralph Sampson?’ Y me dicen que sí, que lo estaban haciendo un homenaje. Pregunto si puedo bajar hasta la pista y con mi pase VIP no tuve ningún problema. Me doy la vuelta entera a la pista y le toco por detrás en el hombro, porque estaba hablando en las primeras filas con alguien. Se gira y al verme me dice ‘¡Manolo! Pero, ¿qué haces aquí?’ Me quedé helado. Aún se me pone la carne de gallina. Estuvimos charlando, me dio su tarjeta y me preguntó por mí y por el equipo”.
Málaga tuvo una estrella, que no pudo actuar como tal sobre una pista. Sin embargo, el impacto está como para hablar de él treinta cuatro años después. Solo nos faltaron algunas gotas de su baloncesto reflejado por nuestras pistas. Nos quedaremos con ocho años de carrera que fueron pura fantasía. Hoy día, decir “las Torres Gemelas” se asocia a un punto y un momento de la historia de nuestro deporte, de la historia de nuestras vidas. Y si debía acabar así, al menos que fuese en el rincón más amable. Málaga fue lugar de sus frustraciones y lamentos, pero queremos pensar que, al menos, sí se sintió allí como una estrella entre la sonrisa y admiración de todos.
















