El pasado mes de diciembre, Dreamland Gran Canaria puso a la venta réplicas exactas de las camisetas de algunos de los más grandes jugadores de su historia, en una excelente idea. En ellas, se podía leer la historia del club.
Ver la blanquiazul con el número 7 de Willie Jones, supone rememorar a los adolescentes que peinan canas, vuelos y elegancia del primer ídolo en ACB del Claret. Y ese buen recuerdo está por encima incluso que pensar que aquella primera aventura en la 85/86, finalizó con el descenso. Con Greg Stewart, la historia dice que era el ídolo en un nuevo ascenso en 1988. Quienes lo disfrutamos (y se puede ver en el partido que colgó el club en su web), todavía sonreímos ante un pívot con escasa movilidad, pero con el mayor repertorio junto a Shaun Vandiver de fintas y tiros cerca del aro, añadiendo una media distancia infalible. Aquel reentré supuso un 18º puesto y la salvación en la ACB que contaba con 24 equipos. El descenso llegó cuatro años después.

El año más ambicioso
Dreamland Gran Canaria se encuentra, en estos momentos, cuarto en la clasificación de la Liga Endesa, gracias a la exhibición en la visita del Real Madrid el pasado fin de semana (100-77). Por tiempo se recordará lo vivido en el barrio de las Siete Palmas, uno de los encuentros más perfectos de los canarios en toda su historia. Arrollando con un 15 de 27 en triples (55,6%), acrecentar el ritmo de juego hasta el frenetismo, donde los madridistas se ahogaron desde los primeros parciales (25-9, 38-17).
6 victorias en los últimos 7 partidos en ACB y lo curioso que, al margen del último triunfo ante los blancos, el choque que mejor marca la actual temperatura del plantel dirigido por Jaka Lakovic, es la única derrota en el Carpena ante Unicaja (80-77), en un enfrentamiento que pugnaron hasta el final, dando una imagen de solidez como en pocas ocasiones se les recuerda.
Su notabilísima trayectoria puede tener la explicación en una columna vertebral de jugadores que saben de la idiosincrasia de la isla y del club, en años de estancia: John Shurna, en su quinto año; Slaughter y Albicy, en su cuarto. Salvó y Brussino, son 3 y Kljajic junto a Bassas, cumpliendo su segundo curso. Y eso, para los nuevos, todo es más sencillo, que siendo hombres interiores en su mayoría (Ethan Happ, Ben Lammers, Pierre Pelos y Roko Prkacin), más el único de fuera, (Sylven Landesberg), se han sentido preparados para rendir desde el primer día al nivel exigido. La marcha de Damien Inglis como de los jóvenes canteranos Khalifa Diop y Olek Balcerowski, forzaron a la reconversión total del frontcourt del equipo. Nuevos esquemas y nuevas perspectivas… con éxito hasta el momento.
La dulzura del ataque
Sigamos insistiendo en los interiores y sus cambios. De nombres y de estilo de juego. Con la adquisición de Ethan Happ cuentan con un center al que “hay que dar de comer” en poste bajo, lo que enriquece alternartivas (sobre todo, cuando sus 12,3 puntos de promedio se explican en un alucinante 70,5% en tiros de campo), a diferencia de los canteranos Balcerowski y Diop, hombres más de pick&roll. De hecho, ‘el rey del poste bajo’ en los pasados años era el alero Miquel Salvó. Y con Ben Lammers se añade la fiabilidad en la media distancia, además de ser muy llamativa su aportación desde el poste alto, con las posibilidades que le transfiere Lakovic desde la bombilla en su afán y gusto por el movimiento y la inversión de balón. Diferentes dibujos para mejorar lo ya establecido.
La dulzura del ataque. Conforme el calendario avanza, las piezas mejor encajan y la circulación de balón entre sus protagonistas, gana en elegancia. Hay jugadores que cortan hacia canasta, cuyos pases recibidos son verdaderamente arriesgados. Y alcanzan el objetivo doble de lograr la recepción del balón y la posterior canasta con enorme mérito. En eso, puede que sea una sensación personal nuestra, pero se aventura más en ciertos pases que antes no se atrevían, sin perder efectividad (esa es la grandeza). La maestría de Andrew Albicy y Ferrán Bassas, sabedores de ángulos y líneas de pase, concede a los ataques de los grancanarios una esencia especial. Y no solo a los interiores. Añadan exteriores y… miren este dato: en las 6 victorias de este periplo de últimos 7 partidos disputados en ACB, el porcentaje de triples es de un mareante 45,8%. Aporten ustedes los nombres. Si todo esto se vertebra en la circulación de balón de todos en la que casi se recrean, entenderán que el actual Dreamland Gran Canaria es una sucesión continuada de pequeñas escenas de 24 segundos, en las que toca sentarse y disfrutar. Pero, pongamos la guinda.
Nicolás Brussino es como ver una sinfonía en movimiento. Su elegancia para correr y evolucionar por la pista, esa insultante facilidad en el gesto del tiro, algo innato en su repertorio, quizás represente el sello y el estilo de este club. Un anotador de esos “Gervinianos” que parecen no sudar, mientras les cae el carro de puntos al rival. Y miren que le costó 26 partidos con los amarillos en alcanzar o superar los 20 puntos en liga. En su segundo año fueron 3 las ocasiones en las que lo alcanzó, con su tope de aquel éxtasis de 35 puntos ante Unicaja, de 10 de 10 en tiros de campo (5 de 5 en triples) y 10 de 12 en tiros libres. En estas 20 jornadas, ya ha alcanzado esas 3 ocasiones y además, ha incrementado su media de anotación del 8,7 inicial en la 21/22, a los 11 puntos del año pasado y a los actuales 13,4 para convertirse en el máximo anotador del conjunto.
La asignatura pendiente, el paso más
Sin embargo, el pasado año (con un récord de 19-15 en victorias-derrotas), parecía no ser suficiente. ¿O sí? La consecución de la Eurocup daba para pensar eso. Pero faltaba algo y no nos referimos a logros ni títulos. Es como si los ojos del aficionado cargasen la eficiencia del equipo en las espaldas de Damien Inglis más que en la sutileza de Brussino en según qué partidos, confiando más en la intensidad que ponía el francés en todas sus acciones, en bregar en la zona como no se suele ver en estos tiempos y una voluntad en las gradas de encomendarse a su labor. Ese es el paso más, la asignatura pendiente. Coger el relevo en intensidad y perpetuarlo. En una frase corta, saber sufrir en las mal dadas. Un presidente, Sitapha Savané, que como jugador justificó cada cheque a fin de mes en ser el más duro competidor, santo y seña de una época del club en el que él militó, le toca perder la mirada en el móvil desde el palco, en el repaso y cuentas de otros resultados, para no mostrar la mueca que no oculta el aficionado en según qué jornadas. La intensidad como camino al éxito, tiene sus picos de especial fulgor (el domingo, ante el Real Madrid, en no pocas ocasiones miraban o se quejaban a los árbitros de faltas o dureza del rival, cuando los locales culminaban contragolpes ajenos a ello. Intensidad colectiva, sin la necesidad que nadie arrastre a otros), pero también tiene momentos… de mirar al teléfono. En la última derrota de Eurocup ante el Cluj Napoca, dejarse remontar hasta 17 puntos en el segundo cuarto o no ser capaces de detener sus fulgurantes transiciones, es algo a corregir, porque por ahí pasa la foto del éxito. No hay atajos y así perdieron el pasado miércoles, la segunda plaza de su grupo en Europa.
Tampoco podemos ser muy negativos. En líneas generales, la defensa está siendo buena en busca del notable. El posicionamiento de los jugadores, totalmente estudiados por el cuerpo técnico, son dignos de valorar. Hay que ser conscientes que cuentan con una plantilla en la que son pocos que pueden ser sólidos defendiendo en uno contra uno. Ni por condicionantes físicos o veteranía en el caso de los exteriores, ni por facilidad ni lateralidad en los pies de los interiores, se destaca. Por ello, el reto es que les ataquen en cinco contra cinco y no en uno contra uno. Los pequeños detalles tienen pinta de ser estudiados y trabajados en la sombra para que su defensa, también tenga que ser de equipo de élite.
Pues este es el día a día de Dreamland Gran Canaria, un equipo atrayente, muy atractivo de ver, ganador como para ser uno de los punteros en Liga Endesa, disfrutón entre sus componentes de lo que sucede en pista y sabedores de las aspiraciones y retos que afrontan este curso. Desde el número 7 de Willie Jones hasta las bandejas “a cámara lenta” de Nico Brussino. Afrontando el futuro siempre mirando hacia arriba.


















