
Porque se lo merecen. Estamos en mitad de días de auténtica locura con los vaivenes del mercado y nunca hubo, nada más acabar la temporada, tal convulsión. Es lo que tiene cuando clubes de grandes presupuestos no cumplen con las expectativas proyectadas de antemano. Los deberes llegan pronto y con la amplitud de mercado actual, los Panathinaikos, Fenerbahçe de otros lares, como Barça o Real Madrid en nuestra competición doméstica, aceleran procesos contractuales en los despachos, en busca del revulsivo ideal que les de confianza y credibilidad entre sus aficionados, antes que cualquier otro se anticipe. La vista a la hora de fichar, suele ponerse en quienes fueron la sensación una vez acabado el curso, esos equipos que asoman la cabeza cuando se dirimen los éxitos, maravillosos contendientes inesperados que, sin embargo, plasman una ardua tarea y trabajo bien hecho de mucho tiempo atrás.
Trabajando a modo y forma de la élite desde unos cuantos años ya, Europa al completo giró la cabeza a este Valencia Basket, campeón de la Liga Endesa y componente de la Final Four ateniense. Miren que apenas ha pasado una semana desde la consecución de su título, pero aquí se solapan la admiración de lo que vimos en este Playoff para finalmente ganar, junto a una más que anticipada nostalgia de lo que ha sido este equipo, ahora que -solo unos días después- vemos que se va desmembrando. Por eso hemos de recordarles, uno a uno. Por eso debemos ser muy conscientes que este ha sido uno de los mejores planteles que hemos conocido en Liga Endesa de la década y, más que posible, de todo este siglo XXI. Hemos tenido la sensación de ser partícipes de una fiesta, privilegiados testigos de algo extraordinario.
Es de justicia y, desde Endesa Basket Lover, vamos a poner el broche final recordando a todos y cada uno, usando esta pasada final liguera como el camino para vertebrar una trayectoria maravillosa. El preludio para echar de menos DESDE YA a este maravilloso Valencia Basket.
BRANCOU BADIO. Base. 1,91. 27 años.
Era el director de juego perfecto para este proyecto, tal y como se concebía. Y aquí, volvemos a repetir la tozudez de Pedro Martínez, porque él lo vio así desde que aterrizó en Valencia. Una cosa era brillar en Manresa (del que se lo trajo el entrenador badalonés “bajo el brazo”) y otra cosa era hacerlo en Valencia Basket. Bien, pues los taronjas llegaron hasta la élite europea bajo su dirección, “saltando pantallas” con una facilidad que pasma. Aunque no lo muestren las estadísticas muy a las claras (aunque sí en esta final), lanza con más seguridad desde el exterior y nos encanta esa concepción del juego que ha sabido asimilar inmediatamente de forzar transiciones rápidas, soltando el primer pase hasta pista contraria a nada que recibía pase desde línea de fondo, ya en los primeros 3-4 segundos.
Promedios en la final: 25 minutos, 9 puntos, 41,9% en tiros de campo, 46,1% en triples, 2 asistencias. NOTA: 8,5.
KAMERON TAYLOR. Alero. 1,98. 31 años.
Ha sido verdadera poesía en esta final, como guinda a una notabilísima temporada. Sin requerimiento de protagonismo, se desmarcó en el último partido de la final como el anotador que necesitaban sus compañeros en los momentos comprometidos y echar así el cerrojazo y el título (21 puntos, 8 de 12 en tiros de campo y 3 de 4 en triples). Él ha sido el pegamento defensivo quien unía unas marcas con otras. Inmejorable cuando había que defender a los exteriores más peligrosos, como Punter y Clyburn, e imperial cuando ayudaba para negar penetraciones -algo muy importante en el sistema defensivo de Pedro Martínez- de los rivales. Tapones por detrás, robos a según qué líneas de pase… Ha sido todo un clínic de inteligencia defensiva. Su convicción anotando, sea entrando a canasta o, como Montero, del que ya hablamos en el artículo anterior, donde ha sabido usar el tiro en suspensión como un maestro, ha supuesto un tesoro en el arcón del cuadro taronja. Su reciente renovación quizás le otorgue más protagonismo ofensivo, pero en su dualidad ofensiva-defensiva, estamos ante una estrella, eso sí, bastante humilde, de la competición.
Promedios en la final: 26 minutos, 13 puntos, 45,6% en tiros de campo, 28,5% en triples y 1,5 recuperaciones por partido. NOTA: 9.
JOSEP PUERTO. Alero. 1,99. 27 años.
De su solidez defensiva y su polivalencia no podemos hablar en esta final, puesto que tan solo disfrutó de 4 minutos en el segundo encuentro. NOTA: Sin calificar.
NATE REUVERS, Pívot. 2,11. 27 años
A pesar de no jugar los dos primeros encuentros de la final, a causa de una torcedura de tobillo en una acción de semifinales, en la final y a partir del segundo envite, jugó más y mejor de lo que pensábamos (lo que nunca sabremos de cuánto dolor tuvo que tirar de su tobillo para actuar así de bien). Reuvers se ha convertido en un maestro de la colocación en la defensa (si no fuera por la inteligencia de estos jugadores, sería imposible tener este entramando detrás), siendo agresivo en el uno contra uno con cualquier rival y disciplinado en situaciones de dos contra dos, recuperando con rapidez, a la par de convertirse en un baluarte del rebote del equipo, al menos para bloquearlo. Capturarlo, ya es una cuestión del global del quinteto en pista.
En ataque estaba en el punto. 37 puntos en los primeros 3 partidos de Playoff con un asombroso 6 de 7 en triples… hasta su lesión de tobillo ante el Joventut en semifinales. En la final hubo más esfuerzo que protagonismo anotador, pero su ayuda sería igualmente encomiable. Su renovación el pasado mes de marzo lo coronó como un jugador cotizado, muy importante para el futuro de la plantilla.
Promedios en la final: 8 minutos, 1 punto y 33% en tiros de campo. NOTA: 6.

JAIME PRADILLA. Ala-pívot. 2,02. 25 años.
Ha sido una de las sensaciones de esta final y miren que ya veníamos avisados. Por carácter, uno de los líderes del equipo. La personalidad en una final se forja no solamente por el acierto, sino por el umbral de esfuerzo que añadas a él. Y en eso, Jaime, ha sido el mejor. La porfía por el rebote defensivo a pesar de sus escasos 202 centímetros, el acierto, por pura posición, en el rebote de ataque (10 durante toda la serie), encandilaba a la afición a cada rechace que caía en sus manos.
El Jaime Pradilla de esta temporada era más seguro en el tiro exterior (de un 25,8% en triples la pasada temporada, a un 34,8% en esta). Y sobre todo, la sangre fría. Paciente, esperaba en la esquina para recibir y anotar el triple decisivo y llevar a la prórroga un partido que los suyos casi tenían perdido para abrir -y encarrilar- las semifinales ante el Joventut en un partido de ensueño. ¿Él entra como alguna de las mejores opciones para un triple tan decisivo? Ahora sí.
Promedios de la final: 20 minutos, 8,7 puntos, 48% en tiros de campo, 6 rebotes, 2,5 en ataque. NOTA. 8.

SERGIO DE LARREA. Base. 1,98. 20 años.
Anotar los tiros libres decisivos. Eso le ha sucedido en varias ocasiones en este Playoff. Y no fallar. Como reza su titular, 20 años, ¿eh? Esto es lo que la afición de Valencia Basket esperaba en sus mejores deseos. Porque el chaval tiene desparpajo para jugar al nivel de élite, porque tiene unas condiciones físicas extraordinarias para marcar dos pasos desde muy, muy atrás y acabar sus zancadas con una fácil bandeja. Porque en la final se ha marcado un notable 5 de 12 en triples (41,6%) y eso es tener una dureza mental importante. Y es que, el porcentaje de triples de Sergio en este Playoff hasta la final, era descorazonador: 3 de 18.
Por características de juego y la comodidad que muestra cuando se juega a transiciones rápidas, era un baluarte perfecto para Pedro Martínez. El chaval ha mostrado un enorme carácter -que eso se lleva de serie- y mucha templanza -que esa, se adquiere-. Una joya que ya se preveía, que no solamente se pulía sino que se le exigía… con notable. Si finalmente da el paso a Dallas Mavericks la próxima temporada, toda la suerte del mundo.
Promedios en la final: 16 minutos, 9 puntos, 52,2% en tiros de campo, 41,6% en triples. NOTA: 7,5.
BRAXTON KEY. Ala-pívot. 2,03. 29 años.
La revelación de esta final. Jugador de rotación a lo largo de liga regular, ganando cada vez más protagonismo, tanto como para ser titular en los cuatro partidos de la final. Este jugador ha mostrado un carácter ganador como pocos, lograr 13 puntos de promedio y erigirse como el segundo máximo anotador de la final (a la par que Kam Taylor). La sensación que en la final… es que era un gigante de los de, a grandes citas, grandes actuaciones. De verdad, no pensamos que tire tan, tan bien, como para tener ese porcentaje de 59,3% en tiros de campo a lo largo de la final. Porque, sí, algunas de esas canastas han sido en contragolpe, pero muchas de tiro exterior. Y la fe en sus posibilidades, era increíble lo que demostraba. Francamente, no pensamos que mida los 2,03 que reza en la estadística oficial (parece medio palmo más pequeño), sin embargo, se ha hecho grande en defensa y enorme en la lucha bajo tableros (6,25 rebotes por partido) como para ser el máximo reboteador de la plantilla taronja en la final. Un gran jugador para grandes citas. Un ganador nato de grandioso uno contra uno a campo abierto que, en su plenitud como jugador, parece que emigrará al Fenerbahçe turco la próxima temporada. En el corazoncito del Roig Arena mantendrá un recuerdo imborrable.
Promedios en la final: 22 minutos, 13 puntos, 59,3% en tiros de campo, 6,3 rebotes. NOTA: 8,5.

JEAN MONTERO. Escolta. 1,88. 23 años.
¿Qué decir de él? Pocos jugadores tan jóvenes (que son 23 años porque los cumple hoy, 3 de julio. Pero a quien hemos visto dominar en esta final, era un chaval de 22 años) han conseguido dominar-liderar-culminar una final de liga como él. ¿Pau Gasol, Luka Doncic… quién más? Increíble que todos los rivales bailasen al son dominicano que él imponía, a su ritmo, donde las decisiones ya contaban con muchas probabilidades de acierto. Y al igual que Doncic, lo hacía desde la dirección cuando tomaba las riendas.
Él ha sido el máximo exponente de algo que, Valencia Basket en su conjunto, ha tenido muy por encima del Barça en esta final: el dominio del uno contra uno. Desde ahí desbordaban y lo aprovechaban con todo el juicio. Y en todas sus versiones: a campo abierto, penetrando hasta el aro, parándose -mandando a paseo a su defensor- para anotar en suspensión o decantándose por el paso atrás para anotar de tres puntos. Porque un 43,5% en triples es rozar el sobresaliente, sobre todo cuando intentas casi 6 por encuentro (5,8 exactamente).
Montero ha sido el espíritu de este equipo, el puntal ofensivo (23,8 puntos ha promediado), marcando ya desde los arranques iniciales de encuentro (donde Valencia los ha dominado todos) lo que a los azulgranas se les venía encima. ¡Ah ¡! Y 22 asistencias como broche, regalando canastas tras provocar la desestabilización del contrincante. Él era el creador y el finalizador, con canasta o el pase de canasta. Y si no, provocar tiros libres. Porque ha provocada la friolera de 26 tiros libres en la final, anotando 25 de ellos. Para los contragolpes, disfrutaba de sus compañeros. Para el estático, amasar personalmente el balón mientras hacía subir la temperatura del recinto según se iban desgranando los segundos de posesión y sacarse algo de la chistera una genialidad, él era el auténtico martillo taronja. Un fenómeno que ha demostrado tener el toque de madurez idóneo y ser la estrella que haga ganar. Un fenómeno.
Estadísticas en la final: 28 minutos, 23,8 puntos, 52,5% en tiros de campo, 43,5% en triples. 96,1% en tiros libres. 5,5 asistencias. NOTA: 9,5.
OMARI MOORE. Base. 1,98. 25 años.
Lo que hablamos de destacar “a la hora de la verdad”: 7 de 11 en triples en la final liguera (63,6%). 4 de 6 en la final. Omari Moore tenía una cruz en la esquina, junto a la línea de 3, sabiendo que cuando recibía y se levantaba para tirar… y ahí están sus porcentajes. Para la afición azulgrana el último día, fue exasperante que, a cada buena defensa durante bastantes segundos de la posesión, tras frenar a Montero, a Key, a Costello, a Pradilla… el balón llegaba a una esquina donde estaba Moore y ¡zas!, un triple más para ir ornamentando el trofeo taronja de campeones. Da igual de sus irregularidades durante la temporada. A la hora de la verdad, ha estado a un nivel estelar.
Promedios en la final: 15 minutos, 8,3 puntos, 66,7% en tiros de campo, 63,3% en triples.
NEAL SAKO. Pívot. 2,10. 27 años.
Pues pueden evaluar la apuesta de Sako con el resultado final. Alguien poco anotador (16 puntos en los 4 partidos de la final), con nulo lanzamiento exterior, cuyo potro de torturas el es tiro libre, en alguien que es proclive a recibir faltas de tiro cuando recibe balones doblados (6 de 19 en libres en este Playoff, 31,6%, muy por debajo del 41,7% de liga regular. Hasta el punto que, al final del primer encuentro de semifinales ante el Joventut, se acercó a la afición que se agolpan en la grada del fondo pidiendo, por favor, que no celebrasen sus tiros libres como si fueran goles, entre la bonomía de un tipo extraordinario, confesando, casi rogando, que le carga aún de más presión). ¿Entonces? Pues porque desde la gerencia técnica y entrenadores querían un tipo que reboteara e intimidara en la zona, hábil en los balones que recibiera bajo el aro (7 de 9 en tiros de campo) y, sobre todo, que fuese móvil -muy móvil- y rápido, en las situaciones de dos contra dos, tanto ofensivas como defensivas. Y en eso, ha cumplido con creces. Como para coronarse como campeón de Liga Endesa. ¿Acertaron? En el final del camino están sus credenciales.
Promedios en la final: 16 minutos. 4 puntos. 77,7% en tiros de campo. 3,5 rebotes. NOTA: 6.
ÁLVARO CÁRDENAS. Base. 1,87. 24 años.
Otra de las grandes sorpresas de este Playoff, la incorporación de este joven base granadino que, cuando finalizó la temporada en el Peristeri griego donde estaba cedido, regresó a Valencia Basket, inicialmente para entrenar e involucrarse aún más en el grupo, hasta que vieron en él una respuesta para el Playoff. Si decimos que, con independencia de Ricky Rubio, los dos mejores bases de la Selección Española en la actualidad -por valía- están en la plantilla de Valencia Basket, es más que posible que digamos una realidad muy sólida.
Álvaro ha estado extraordinario. Con su fortaleza física y su decisión en el juego, ha calado y se ha mimetizado entre el sobresaliente nivel de sus compañeros, consiguiendo tal exigencia. O, mejor dicho, ha ayudado con su intensidad y acierto a acrecentar el nivel de sus compañeros. Poderosísimo de piernas, sus transiciones se ejecutaban a velocidad de vértigo. Dotado para poder pensar a una enorme velocidad de ejecución (nos recordaba a los contragolpes que sacaba el joven Iván Corrales), sin temor a culminarlos él mismo o sacar el mejor pase. Visión de juego, amenaza en el pick&roll manifiesta y en defensa, ya se podía mantener firme el bloqueo del pívot adversario porque Cárdenas lo sortearía. Agresivo en tareas defensivas, jugador con temple, nos constata con su juego que su trayectoria, tanto en el baloncesto universitario estadounidense como en su temporada en Grecia, ha estado cargado de buenas enseñanzas y seriedad, coronadas con su honestidad en el trabajo.
Promedios en la final: 11 minutos. 3,5 puntos. 37,5% en tiros de campo, 28,5% en triples, 2 asistencias. NOTA: 6,5.
MATT COSTELLO. Pívot. 2,08. 32 años.
Miren que él tenía una papeleta difícil, muy difícil de lidiar, ante los pívots con los que se iba a encontrar en este Playoff. Hlinason, Birgander, Fall, Vesely… Además, contemos con la lesión de su compañero Reuvers, lo que le obligaba a crecerse aún más. Notabilísima la aportación en las eliminatorias al completo y en la final liguera en particular de Costello. Sin unos números descollantes (6 puntos por partido y 3,5 rebotes), ha salido muy airoso de situaciones comprometidas. Porque, además, en rachas de recuperación azulgrana, cuando recortaban diferencias y su pabellón rugía como solo en el Palau se oye, aparecía la sangre fría de Costello para anotar la típica suspensión que enfriaba todo aquello. Esa raza de veteranazo es la mejor virtud de un tipo que ha tenido que bregarse (de ahí que sus minutos hayan sido escasos, porque le han obligado a sentarse en el banquillo por acumulación de faltas) contra las torres rivales. Costello llegó a Valencia para dar esta seriedad. Una seriedad que vale un título.
Promedios en la final: 16 minutos, 6 puntos. 55,5% en tiros de campo. 33,3% en triples. 3,5 rebotes.
YANKUBA SIMA: Pívot. 2,11. 29 años.
Pues en los partidos y los minutos que se le necesitaba para suplir a Nate Reuvers en sus partidos de baja y ayudar a dar descanso a Costello, ha estado francamente bien. Especialmente en el segundo partido de la final, donde con 9 puntos y 4 rebotes en 12 minutos (no actuó ni en el tercer ni cuarto encuentro) se pudiera remarcar su actuación como destacada. Poco más podemos evaluar más que puso su granito de arena en la final como para lograr el título.
Promedios de la final: 7 minutos, 5,5 puntos, 60% en tiros de campo. NOTA: 5,5.

PEDRO MARTÍNEZ. Entrenador. 2ª temporada en este periplo en el club.
Es posible que sea el máximo exponente de este título. Les guio para conseguir una liga en 2017 ante la sorpresa generalizada, dominando al Real Madrid. Y en esta temporada, la superioridad que ha mostrado desde liga regular y, en Playoff (tanto de Euroliga como de Liga Endesa) conseguir que todos y cada uno de sus jugadores llegasen al mejor momento de la temporada, como para dominar sin paliativos todas y cada una de las eliminatorias (un récord de 8 victorias y 1 sola derrota en este Playoff), da para pensar que su sistema y sus creencias -las que transmite a su colectivo-, funcionan.
Pedro Martínez es de Badalona, criado y moldeado a base de ver a sus antecesores en la ciudad, innumerables entrenamientos y partidos desde la grada. Y tiene claro que el aprendizaje es lento y continuo. Y sobre todo, que la perfecta ejecución pasa por un perfecto aprendizaje. El de una colección de gestos básicos aplicados de una forma sobresaliente en su modo y forma, independientemente que sea baloncesto de formación como profesional. Y él no concibe este juego de otra manera. Y puede que haya jugadores entre tal nivel de profesionalización que queden extrañados ante consejos o dictámenes de técnica y táctica, más propios de entrenadores de base a jovenzuelos, que a hombres que llevan un puñado de años en la élite. Pedro no pasa por el aro de llegar al éxito si lo que él dice y demanda, no se domina. Y el resultado final, ya lo ven. Cuando un grupo de jugadores como quienes han compuesto este Valencia Basket 25/26 creen en ello y van hasta las últimas consecuencias, el resultado es el que acabamos de ver: campeones con el baloncesto más embaucador y atrayente que hayamos visto este año en toda Europa. Dominio aplastante sobre el adversario y la calma que, en las decisiones de los jugadores más que en la pizarra, entran la opción B y C a cada jugada.
Pedro Martínez ha dado un paso más a la notable ejecución a la velocidad que él propone. Y como ya vieron en el cuadro del artículo anterior, con 102,5 puntos en la final, ha conseguido el récord de anotación de un equipo en la finalísima liguera superando los 100 puntos, algo que no se conseguía desde el Barça de su maestro, Aíto García Reneses, en 1990. ¡36 años! A propósito, ¿saben quién era el entrenador rival que encajó tales puntos en esa final? Un jovencísimo Pedro Martínez al frente del RAM Joventut. Las vueltas que da la vida.
Este Valencia Basket ya crea nostalgia. Viendo la deriva de varios de sus componentes a otras tierras, los taronja seguirán compitiendo y ganando en proyectos futuros. Sin embargo, este equipo 25/26 forma ya parte de la historia. Y los habrá posiblemente mejores, pero nunca como este plantel. Este ha sido únicos y bien que los hemos disfrutado. Y desde ya, cuando vamos echando el cerrojazo al curso, sabemos que SON HISTORIA de nuestra LIGA ENDESA.
















