
“Pero, coño, ¿no me decíais que estos eran tan buenos? Por unos momentos, nos teníamos que esconder Siro y yo debajo de la mesa”. El entrañable Andrés Montes recordaba con enorme cariño y su expresividad habitual, esta anécdota para los que estábamos a su alrededor, nos hiciéramos una idea de lo que era trabajar con José María García en los 80. Explicaba que, en la fase previa del torneo olímpico en Los Angeles’84, llegó un momento en el que España iba venciendo a Estados Unidos por 20-21. “¿No me decíais que estos eran tan buenos?” Montes y Siro López no hablaban por referencias. Tampoco es que hubiesen visto a aquella selección norteamericana, sin embargo, conocidos que sí compartieron graderíos durante la preparación del equipo USA, se quedaron anonadados.
“Hubo un partido en Greensboro en el que acompañamos a Antonio (Díaz Miguel, seleccionador nacional entonces), para poder ver de primera mano el equipo USA que estaba organizando su amigo Bob Knight”, recordaba Aíto García Reneses en los camerinos de Canal+, entre bastidores, invitado de plató a un partido de la final Utah-Chicago en 1997. “Y le decíamos antes del choque ‘venga, Antonio, que por muy buenos que sean, estos son chavales de veinte años. Mira cómo los soviéticos les ganaron en Cali en el Mundial hace dos años. Eso era antes del choque. Cuando les vimos defender, nos quedamos de una pieza. Y mira que yo no soy muy expresivo, pero Michael Jordan hizo una canasta en la que estuve más de un minuto aplaudiendo. Que me sorprendí de mí mismo”. Antonio tenía razón: al combinado que tenían delante, era imposible que le echásemos mano. Ni nuestros representantes ni, tan siquiera, los soviéticos que se vieron forzados a no disputar los Juegos debido al boicot político.

Pues a esos ‘invencibles’, les íbamos ganando 20-21 cuando ‘el Butano’ explotó. No tardó mucho en darse cuenta que, las referencias de Andrés y Siro eran más que certeras. Lo que finalizó con un resultado más o menos igualado al descanso (46-41 tras una alucinante canasta de Michael Jordan sobre la bocina), puso su punto final con un 101-68, 33 puntos de diferencia que hablaba a las claras de una intensidad USA, acompañada de sus portentosos físicos, a la que aún no estábamos acostumbrados.
Tras dar una buena imagen en los primeros 20 minutos, no se estaba tan disgustados del todo. Eso sí, no se podía entregar el partido en los últimos minutos ante “fieras con ganas de sangre” deportiva, como era aquella selección. Allí estaban Leon Wood (actual árbitro NBA, como director de juego), el gran Pat Ewing, Chris Mullin, Alvin Robertson (único jugador de la historia de la NBA junto a Thurmond y Olajuwon en conseguir un cuádruple doble, siendo escolta), Wayman Tisdale, Sam Perkins… la mejor selección jamás vista en unos Juegos Olímpicos, si exceptuábamos de la Roma’60 de la que, en España, Pedro Barthe ya se hacía eco de ella y nos informaba de lo que nunca habíamos oído hablar (de Oscar Robertson, de Jerry Lucas, Jerry West, Walt Bellamy… bajo el mandato de otro genio, el gran Pete Newell).
Centrémonos en la Selección Española. Llega el momento de la rueda de prensa. Un suplicio en días anteriores, puesto que la inflexibilidad de los organizadores hizo cabrear a todos los españoles (prensa y seleccionador incluido), cuando a la finalización del partido ante Uruguay en la segunda jornada, no se podía hablar en castellano en esa sala (con la totalidad de hispano hablantes en esa sala), sino en inglés, para posteriormente tener que traducirlo al francés. Así que, Antonio, cogió a todos los interesados, les sacó de una sala y se fueron a una esquina del recinto donde realizaron las preguntas-respuestas pertinentes. Tras el partido ante Estados Unidos, como era preceptivo, Antonio iba acompañado por un jugador. En esto que Bobby Knight, impaciente por explicar a los medios lo que había supuesto su primera gran reválida en estos Juegos y haber vencido con sobresaliente, irrumpió en la sala de prensa junto a cinco jugadores de su equipo, pidiendo echar a todo el mundo puesto que les tocaba a ellos. Sin mucha amabilidad, los organizadores cortaron de raíz las declaraciones de Antonio y le “invitaron” a marcharse de la sala ante las fanfarrias de Knight y sus huestes. Imaginen el enfado de nuestros representantes. Y aquí, fruto del cabreo, llegó una genial frase de Díaz Miguel, con su “no os preocupéis, que ya nos buscarán cuando tengamos que jugar la final frente a ellos”.
Sea producto del enfado o de cierta confianza ciega en sus jugadores, el caso es que el recado quedó ahí. Una semana después, efectivamente, tras derrotar en cuartos a los dificilísimos australianos y en semifinales cumplir la machada de vencer a Yugoslavia, se volverían a ver los dos mismos implicados en el mismo escenario. Para Díaz Miguel, un sueño liderar un combinado en la meca del baloncesto, en el país del que mucho se interesó y aprendió.
Y pudiéramos dejar este artículo así, en lo alto, con los ratios de audiencia a eso de las tres de la madrugada para presenciar en España la final (aunque esta vez no hubo partido, con un 98-65 final). Entre las banderas que colgaban del Forum y el precioso parquet, España dejó su impronta. Pero eso trascendió aquí. Realmente, miren lo que les interesaba a los propios estadounidenses su rival en la final, si estaban convencidos de su oro en baloncesto, que aquella mañana en el diario Los Angeles Times, había una pequeña reseña en la cobertura olímpica, en la que anunciaban que por la mañana se disputaría la lucha por el bronce en el Forum de Inglewood, entre las selecciones de España y Canadá.
















