
Es que su similitud hace que no haya mejor comparación. “Dirty dancing” trajo a las pantallas la historia de amor de Patrick Swayze y Jennifer Grey en un lugar idílico, al menos para sus clientes. Nos quedamos con el recinto: un balneario en la década de los 50, repleto de familias acomodadas que van a disfrutar de sus vacaciones: tranquilidad, verdes parajes y actividades para el disfrute. Actividades, clases de todo en busca del entretenimiento y la mejora en ciertos deportes de la clientela. Entre ellos, el baloncesto.
Es el cuento de verano más veraniego de todos, el más loco, el que más nos hace viajar a un tiempo pasado. ¿Cómo se sentirían si recibiesen matutinas clases por auténticos jugadores de la NBA? Que no fuesen tan solo monitores, sino que reconocibles figuras de la mejor liga del mundo en este período estival, resultaran ser botones y camareros del recinto, acarreando maletas y sirviendo mesas en la cena. Eso sucedió entre las colinas de Catskills, en el Kutsher’s Country Club. Procedamos.
A 145 kilómetros al norte de New York, se presentaba un balneario pensado para el disfrute vacacional de judíos adinerados de la Gran Manzana. Entre piscinas, recintos deportivos y salones de espectáculos, todos se veían reconfortados por el lugar, incluso en la gastronomía, típica kosher. Durante la década de los 50 y 60 en la zona de Monticello se vivieron veladas deportivas de enorme magnitud. Sea en el salón de este Country Club o en el Hotel Concord, el boxeo era la atracción de masas. Allí combatieron Rocky Marciano, Cassius Clay, Sonny Liston o Joe Frazier. Allí se organizaron partidos de baloncesto con una pléyade de estrellas NBA, que quitaba el hipo. Pero, ¿cómo era todo esto posible?

“El lugar estaba abarrotado de gente. Muchos gritos. La gente apostaba por los favoritos. Eran un público típicamente neoyorquino” recuerda Arnold Young, un ilustre cliente durante muchos años. Abierto en 1907, fue tras la II Guerra Mundial cuando el matrimonio Kutsher, Milton y Helen, se hicieron cargo del negocio. Apasionados de los deportes, el baloncesto entró en tal recinto por su amistad con un joven entrenador que vivía en New York, aunque fuese el entrenador del equipo NBA, Washington Capitols en 1950: el también judío Arnold “Red” Auerbach. Y allí iba a impartir clases a los hijos de los adinerados clientes. Auerbach, posterior entrenador de Boston Celtics, nunca faltaba a su cita veraniega como empleado allí, dirigiendo las clases deportivas del lugar o instruyendo a sus últimos reclutamientos, formando en sus primeros pasos, a futuros jugadores de sus Celtics. Cliff Hagan o Frank Ramsey, desde sus días en Kentucky (aunque ya seleccionados por Boston en el draft. Aquello con Larry Bird, ya tenía antecedentes), pasaban allí sus días entre las enseñanzas de la figura más icónica de los Celtics.
Buenas propinas, trabajos gratificantes a ratos, sin mucha exigencia y entre los jugadores más noveles de la NBA, corre como la pólvora por sus vestuarios la voz de un trabajo con el que entretenerse en verano, rodeados de atractivo femenino, entre clientas dispuestas a relajarse y divertirse. Que todo suma. Vayamos al caso más alucinante de todos: el de Wilt Chamberlain.

Chamberlain, joven con 17 años de Philadelphia, aún en el instituto, consigue un puesto de trabajo en 1954 del matrimonio Kutsher ¡de botones! Tal era la atracción de ver a un personaje tan destacado (ya lo era entonces) de 2,16 de estatura y con la gracilidad de un verdadero atleta que, Paramount News (un equivalente al NODO en nuestro país), pidió permiso para filmar su día a día allí. No nos consta que sean las primeras imágenes del legendario pívot que un día anotó 100 puntos en la NBA, pero sí las de mayor calidad y diversidad en sus funciones, ya sea posando con un balón en las manos, exhibiéndose con acciones espectaculares en la pista, como recibiendo a los clientes cuando aparcan sus vehículos y acarreando maletas. “Tratadlo bien, que este chico va a ser una celebridad de enorme fama” se aventuraban a comentar a Helen Kutsher. Y la verdad es que el matrimonio fue como una familia más para Wilt, a juzgar por la relación que tuvieron en décadas sucesivas.
“Hubo una vez en la que había una pila grande de maletas que había que subir a la primera planta. Y le pusieron como ayudante a un chico recién entrado, bajito… poquita cosa. Y Wilt tomó la decisión que él, desde la calle, con su estatura y corpulencia, alzara las maletas hasta la ventana de la primera planta con total naturalidad, sin apenas esfuerzo, donde se encontraba su compañero, que hacía lo que podía por amarrar aquel numeroso equipaje”. Echen un vistazo a este tipo de imágenes en youtube, donde se puede apreciar, pensamos que una recreación de tan curioso acto, escenificando lo que a los de Paramount les asombró sobremanera. Planos de él con su uniforme de botones, agachando la cabeza para entrar en las habitaciones, entremezclados con otros jugando al baloncesto en partidos organizados en uno de los pabellones, donde la clientela se organizaba agolpándose con sillas de jardín que situaban alrededor de la pista. Aunque, de verdad, el factor que hizo que aquel gimnasio se llenara de estrellas de la liga, vino a consecuencia de la gravísima enfermedad que sufrió Maurice Stokes.
Stokes era un corpulento ala-pívot de los Fort Wayne Pistons que promediaba 17 rebotes por encuentro. En 1958 cayó desplomando en la pista debido a una hemorragia cerebral, que lo dejó en coma y con posterioridad, con parálisis cerebral. Su compañero de equipo y amistad más íntima, el seis veces All Star, Jack Twyman, hasta seis veces All Star, se hizo cargo de sus cuidados y los costosísimos gastos médicos. Estamos hablando de una época, en el que el salario medio de un jugador estaba en torno a los 10.000 dólares. Las facturas durante 12 años de supervivencia de Stokes, hasta 1970, se calcula que ascendieron hasta el millón de dólares. De gran parte de ellos, la familia Kutsher se hizo cargo, de una forma u otra, en unos 750.000. Porque, entre otros ingresos, los jugadores de la NBA se pusieron de acuerdo en reunirse para jugar un partido benéfico y recaudar fondos, lo que fue convirtiendo el “Stokes Game”, disputado en el salón de eventos del Kutsher’s Country Club, en todo un clásico anual.

Oscar Robertson, Wayne Embry, el propio Twyman, Tom Gola, Adrian Smith… hasta un joven Lew Alcindor llegó a jugar en sus últimas ediciones. Todos costeándose los gastos de viaje para acudir. El ejemplo más marcado de tal esfuerzo lo protagonizó, cómo no, Wilt Chamberlain. Lo cuenta el propio Twyman: “Wilt acababa de finalizar su periplo con la universidad de Kansas y estaba enrolado en los Harlem Globetrotters, antes de su ingreso en la NBA. En las fechas en las que se programó el partido, él estaría en París durante una gira europea. Pues tomó un vuelo desde París hasta New York y alquiló un helicóptero para que, desde allí, le trasladase a Katskills y llegar a tiempo a jugar el partido. Y tener que regresar posteriormente, eso sí, a París. Por aquel entonces tan solo tenía 21 años”.
El encuentro que era una de las citas de baloncesto en verano. Kutsher’s supuso la cocción de muchas historias durante la década de los 50, 60 y 70. Precisamente y sin salirnos de Chamberlain, Red Auberbach, que no daba puntada sin hilo, suspiraba e intentó la contratación para sus Celtics de este hércules del baloncesto, aún en su último año de instituto (Bill Russell aún no había recalado en sus Celtics).
“Yo me creía el no va más en baloncesto con esa edad. De día ganaba dos dólares la hora y recibía generosas propinas a los asombrados huéspedes, mientras les subía el equipaje. De noche, recibía clínics del ‘director atlético’ del complejo, Red Auberbach, para mejorar mi juego. ¿No crees, Wilt, que sería mejor defender a tu hombre por delante en vez de esperar tras él? ¿Qué demonios haces ahí atrás?, me decía. Pero yo seguía defendiendo a los rivales por detrás, extendiendo mis brazos en el momento que recibían el pase, para interceptarlo. No siempre le hacía caso en todo. Una vez organizó un partido frente a Shawanga Lodge. ‘Tendrás que defender a B.H. Born’, recalcaba. Born había sido All American jugando en la universidad de Kansas. ‘Te va a destrozar’ con la finalidad de encorajinarme. Bien, es justo decir que, al descanso, yo llevaba 30 puntos y él, dos”.

Las tretas para poder hacerse con sus servicios, pasaban por intentar convencerle que el jugador reclutase por la universidad de Harvard, en el estado de Massachussets. Por aquel entonces aún existía en el draft, la elección territorial. Esto, básicamente, significaba que una franquicia NBA tenía derechos sobre un jugador que hubiese sido ídolo local en su estado con anterioridad. Hay que pensar (aunque hoy suene como algo alucinante), que el aficionado al baloncesto era muy receloso con aquello del nacimiento de las ligas profesionales de baloncesto. Para el verdadero fan, el baloncesto se jugaba en las universidades con sus estudiantes. Para intentar atraer su atención, promulgaron esta “elección territorial” para que, los ídolos universitarios de un estado en particular, permaneciese en el lugar (si tenían equipo profesional en la región), buscando una continuidad en el favoritismo del público. Por esta razón, Bob Cousy o Tom Heinhson recalaron en los Celtics, al haber cursado sus estudios en la universidad de Holy Cross. Chamberlain ya era un ídolo en high school en Philadelphia y uno de los adversarios deportivos más enconados que tenía Auerbach, era el propietario de los Philadelphia Warriors, Eddie Gottlieb. Gottlieb quería al jugador como fuese, pues era de su zona y todos eran conscientes que cambiaría la historia. De ahí el intento de Red para que Wilt se graduase en la universidad de Harvard. Finalmente accedió a la universidad de Kansas (donde no había proximidad con ningún NBA entonces) y recaló en los Warriors, ubicados en aquellos años, en Philadelphia.

Wilt se convirtió en un personaje habitual en Kutsher’s. Chamberlain venía a ver a Milt y Helen como sus padres. Mark Kutsher, hijo del matrimonio, lo acompañaba como un hermano pequeño cuando Chamberlain era la estrella de los Philadelphia 76ers. «Es difícil explicar la relación, pero la verdad, pasé mucho tiempo con Wilt durante años. Wilt era parte de nuestra familia”. Horarios de las comidas inamovibles, “desayunaban salmón ahumado, almorzaban blinis y borscht, perca frita, repollo relleno o lo que fuera. Así que se daba una mezcla muy interesante entre la clase alta y atletas profesionales, algo que creo que nunca había sucedido antes y que, desde luego, ya no se ve».
Tras gestionar el hotel durante décadas, Mark Kutsher vendió la propiedad a un multimillonario indio que construirá allí un exclusivo centro de yoga. Por allí actuaron a lo largo de los años Louis Armstrong, Dean Martin o monologuistas cómicos legendarios, como Woody Allen y Jerry Seinfeld. Pero nosotros nos quedamos con ese pedacito de historia de baloncesto, cuyo clásico con el nombre de los Kutsher, se alargó hasta la década de los 90, para reforzar su Sports Academy. Claro, ya no había jugadores NBA sirviendo mesas, portando maletas o impartiendo clases básicas de baloncesto. Una forma vacacional que, efectivamente, inspiró a “Dirty Dancing”, que mostró muy claramente las inquietudes de un lugar tan pintoresco.
















