Al mítico Bill Walton en 2020 (antes que tristemente desapareciera) le gustaba Eugene Omoruyi. Walton, ya tan legendario comentarista televisivo como jugador lo había sido, no hacía más que repetir “Eugene from Eugene”. Le hacía gracia. El fornido y polifacético ala-pívot que resguardaba las espaldas a la estrella Chris Duarte en la universidad de Oregon (las vueltas que da la vida), al recalar en tal campus afincado en Eugene (Oregon), ponía una situación idónea a Walton para hacer un juego más de palabras, de los que a él le encantaba. “Eugene from Eugene” “¡Que Omoruyi no es de Eugene, Bill!” “¿Y qué más da?”, replicaba la leyenda con su habitual risotada.

El caso es que le gustaba y era suficiente. A Walton, procedente de unos de los ejercicios colectivos más exitosos de la historia de la NBA, el título en 1977 con Portland Trail Blazers cuando todos sus compañeros eran la antítesis del estrellato (todo lo contrario al plantel de los Sixers a quienes derrotaron), le gustaba la voluntad y el oficio que ponía Omoruyi, activando a sus compañeros a un esfuerzo extra incluso en un escenario con las gradas vacías (recuerden que en la temporada 20/21, tanto en nuestra Liga Endesa como en la NCAA, las gradas estuvieron vacías de público a causa del COVID).
Ayer, Kosner Baskonia derrotó al Real Madrid en su Movistar Arena (83-88) para seguir en sus aspiraciones de escalar hasta el segundo puesto de la clasificación final, previo al Playoff. Y aunque el jugador estelar que acabó sentenciando el choque con sus tres últimas -y decisivas- canastas fue Timothé Luwawu-Cabarrot (21 puntos en 27 minutos), su lugarteniente particular fue, exactamente, Eugene Omoruyi: 17 puntos con 6 de 10 en tiros de campo y 3 recuperaciones de balón. En ese baloncesto al que ordenó jugar Paolo Galbiati por momentos de usar pequeños, este todoterreno, a veces alero, a veces ala-pívot, Omoruyi debió encargarse de marcar a los interiores más grandes y corpulentos del Real Madrid como a exteriores muy claros. Y tocaba hacerse grande ante la nueva incorporación, el turco Ömer Yurtseven, con clara diferencia de estatura (2,13 de uno por 1,98 del otro), como saltar a las evoluciones exteriores de Mario Hezonja.

OMORUYI, GRANDE EN LOS MOMENTOS GRANDES
Y es que es así. Cuando tocan las grandes ocasiones, cuando su equipo se empieza a jugar el éxito de la temporada, ubicándolo en la parrilla de salida previa al Playoff, ahí está disfrazándose de estrella. Cuando, con un contrato temporal de dos meses a punto de expirar, viajó a Valencia para disputar una edición de Copa del Rey que en los últimos años se vendía muy cara en Baskonia, ahí lo tienen en la final con 23 puntos y 3 de 6 en triples para que los gasteiztarras ascendieran hasta el cielo de un título que nadie esperaba.
Eugene Omoruyi se hace grande en defensa y en la defensa cercana a la canasta y en lucha por los rebotes. Activo, pendiente de cualquier ayuda, terriblemente atento a todo lo que sucede a su alrededor, el jugador nacido en Benin City (Nigeria) sabe cómo colaborar mejor con los suyos. Y en ataque es un tipo que puede desenvolverse en muchas áreas de la pista, porque lo difícil es entender qué sucede en la zona para sacar partido de sus medias vueltas en poste bajo o de sus potentes entradas. Y si en una final de Copa del Rey logra tal acierto en el triple… lugarteniente grande para un equipo grande. Lo más curioso, redondeado con la notabilísima actuación de anoche es que, frente al Real Madrid, en escenarios importantes, sus estadísticas son… pues véanlo ustedes mismos:

Tras el éxito de Copa y su brillante periplo en Euroliga este curso tras ser fichado el diciembre pasado, Eugene Omoruyi disfrutará de su primer Playoff de Liga Endesa. A partir de la próxima semana, previo paso por la visita que recibirán de Unicaja en la última jornada mañana viernes, tiene una nueva oportunidad de mostrar sus habilidades para alzar a Kosner Baskonia a lo más alto posible. Cuenten con él… aunque no sea de Eugene.
















