Hay una particular hoja de ruta verdinegra. Visitar el Palau Olimpic el día de partido nos ofrece la predisposición de un equipo a enfrentarse, no solamente a un club de baloncesto, sino a una de las identidades más marcadas de nuestro deporte: el Asisa Joventut. Paralelamente, agrupados en una esquina, un ejército de niños ataviados con los mismos colores, en ocasiones en uniformes más grandes de lo que sus cuerpecillos ofrecen, esperan saltar a la pista a jugar un partidillo en intermitentes actuaciones: un minutito de tiempo muerto por aquí, los dos minutos entre cuarto y cuarto o, el gran festín, el tiempo de descanso. Ahí tienes a la cantera más joven, en muchos casos sin llegar a los diez años de edad.
Críos formando equipos que saltan al parquet dominado por un escudo que les marca, en un caos de todos por el balón en juego en grupos mixtos, porque con esas edades poseen la misma fuerza ellas que ellos. Y es ahí cuando podemos apreciar la gracia de esta tierra. Minúsculos detalles técnicos en benjamines que nos confirman que esto es diferente. La virtud que más destaca cuando les vemos arrancar en bote y cambiar de dirección, la gracia que todo ello conlleva, es la paciencia. Paciencia en el entrenador que va enseñando este inicial catón a peques muy peques y la paciencia de ellos en aprender de una manera correcta todo eso que salta a nuestros ojos. Cómo son capaces de echarse el balón a un lado, de protegerlo, de salir en arrancada perfecta botando, de pivotar cuando se ven en mitad del avispero de compañeros y cómo marcan dos pasos, acumulando todas las fuerzas para lanzar a canasta. Tienes que sonreír.
Daniel Miret, entrenador del Asisa Joventut badalonés, gusta de demorarse para salir del vestuario previo al partido. Cuando lo hace, vereda marcada, primero saluda a los árbitros que llevan ya un rato calentando y luego se encamina hacia su banquillo. Bajo sus pasos, flota un legado de muchos años en esta ciudad que habla de las virtudes de esos niños. Sobre él, carga la responsabilidad de un lugar especial que debe sostener a base de resultados en la élite. Él es ejemplo desde el prisma del maestro al pupilo. Ricky Rubio lo es desde el prisma del pupilo que aprende, ambos con la ornamentación típica de la Penya.
RICKY RUBIO, LA BRÚJULA DE LA ÉLITE
Cuesta pensar la cantidad de temporadas en las que el Joventut ha estado gobernado sin un director de juego de la casa. Guillem Vives, tras su paso por Valencia, volvió a recuperar una identidad típica de sus calles. En la actualidad, Ricky Rubio es el mejor exponente de un plantel verdinegro que está en puertas de afrontar el Playoff de Liga Endesa, poniendo a punto todos sus componentes. Una vez pasado el mal trago de no poder jugar la fase final de “su competición”, la Final Four de la FIBA Basketball Champions League, el proceso de desencanto se diluye y confirma mejoría con una victoria en casa del líder de la competición, el Real Madrid (81-89). Ahora toca afrontar las dos últimas jornadas, más el partido aplazado en La Laguna y la segunda mitad ante Unicaja, cuentas que empezando en el Santiago Martín, deberá saldar.
Ricky Rubio anotó 21 puntos en 24 puntos, llegando hasta un 11 de 12 en tiros libres. Impuso temple y la sapiencia justa para jugar bajo el bosquejo de sus intereses, ofreciendo la cara más que asentada desde las bajas de sus dos pívots, Ante Tomic y Simon Birgander (al menos, este último ya reaparecido, intenta buscar sensaciones). Pero es que en la anterior jornada ante MoraBanc Andorra se fue a los 23 puntos y en la anterior en Lugo (no contamos el encuentro inacabado ante Unicaja), 21, ultimando este recuento frente a Kosner Baskonia, 14. Estamos hablando no ya solo de un director de orquesta de lujo -que lo es-, sino de tomar unos galones anotadores en su personal posicionamiento de cara al Playoff. Rubio promedió 13,4 puntos hasta finales de marzo desde el inicio liguero. A partir del día ante Dreamland Gran Canaria, en el que Ante Tomic quiso probarse de su problema en los isquiotibiales y tras 01:40 en pista se dio cuenta que tenía que dejarlo (y tras el parte médico del club, ya no participará en lo que resta de temporada), Ricky a incrementado su media a 16,7 puntos por partido. Tocaba jugar a otra cosa, una opción “B” en la que hay que ponerse manos a la obra y sacar lo mejor. Ricky lo ha entendido (¿cómo no va a hacerlo?), ha buscado el sitio y la comodidad en ataque de la penúltima adquisición, Jabari Parker, asumiendo que ahora el faro del juego ya no está a tres metros del aro en una atalaya de 2,18 de estatura, sino que hay que hacer daño desde múltiples posiciones.
UN NUEVO ESQUEMA EN EL QUE BRILLA MICHAEL RUZIC
Ahora toca la opción de los espacios, de la circulación por la zona y la amenaza desde el exterior al interior. Y aquí entra la importancia de la estrella anotadora, Cameron Hunt, más consciente que sus entradas a canasta son más vitales que antes, aunque anote menos (13,2 puntos en las últimas 4 jornadas, reiterando que no añadimos los 20 minutos de Unicaja, cuando promediaba 17,3), porque hay más componentes que satisfacen el juego de perímetro (11 puntos de promedio de Parker).
Juego sin balón en una sinfonía de jugadores cortando sobre pentagramas (porque lo del Joventut jugando suena a música) que Miret ha debido perfeccionar. Y entre tales combinaciones, la posición de pívot titular es diametralmente opuesta en la búsqueda de la misma efectividad. Desde el cuerpo técnico se sacaron de la chistera la opción del joven ala-pívot de 19 años, Michael Ruzic, como center. ¿Por qué no? Amenaza desde el exterior, puede jugar desde el poste y sobre todo, su rapidez, movilidad y la experiencia que poco a poco va ganando, le hacen moverse de lujo para recibir balones doblados. Titular en 6 de los 8 últimos enfrentamientos, el chico ha sido capaz de igualar o superar los 10 puntos en 5 ocasiones de esta tanda de encuentros, cuando tan solo lo hizo en cuatro casos en el resto de campaña. La madurez con la que está respondiendo (prueba de ello el último envite en Madrid), la sapiencia ‘made in Badalona’ con la que se va perfilando, dan muchas esperanzas a los verdinegros en perfeccionar esta cuadratura del círculo sin Tomic.
Y CON YANNIS MORIN, MÁS AMENAZA SOBRE TAL BASE
Hay que ser un jugador terriblemente inteligente como para llegar en puertas de un Playoff y combinar con tus compañeros y destacar entre ellos, como lo hizo Yannis Morin hace dos temporadas. Claro que, a UCAM Murcia en ese Playoff le salió todo rodado, tanto como para llegar a la finalísima liguera en una de las mayores sorpresas de nuestra historia. El tipo tenía recursos en poste bajo desde su posición interior, mostraba una gran habilidad en tiros cortos con ambas manos y pasaba francamente bien (7,4 puntos en 20 minutos, con un nada desdeñable 59,6% en tiros de campo). Jugador de equipo, nada de formar parte del star system, que le vino de perlas a Sito Alonso.
Pues buena nota han debido tomar en Badalona para, en un marco semejante, hacer que regrese por tercera vez a nuestra competición (otro periplo fueron 4 partidos en La Laguna), asumiendo que también es móvil, rápido y con buenos fundamentos. El plan del juego interior está perfectamente trazado, con el añadido de Simon Birgander y jugar al uso y forma de todo el año. Mucho depende también del acierto en el triple, donde no solamente es Cameron Hunt o Ricky Rubio, sino que aquí apuntamos y destacamos el apoyo que ofrecerán Yannik Kraag y, sobre todo, Ludde Hakanson (38,1% en triples).
La Penya parece estar preparada, en una sexta posición muy asentada (con 19 victorias y 11 derrotas) para afrontar el Playoff tras las últimas venticas en forma de lesiones. El equipo parece rodado y todos con ideas claras. Sacar la esencia de Badalona, su hoja de ruta en la élite, que al fin y al cabo es el escaparate para que esos niños, agazapados viendo a sus mayores jugar, esperan poder saltar a la pista.



















