CUENTOS DE VERANO Nº7: LO QUE DON NELSON HIZO POR EL BALONCESTO ESPAÑOL

               Sí, es ley de vida y tras enterarnos del reciente fallecimiento el domingo por la mañana de Don Nelson, a los 86 años de edad, se nos desconcha un poquito nuestro corazón. Hay figuras que, tras su retirada como jugadores (Nelson tiene incluso su número  19 colgado en el Boston Garden, tras lograr con ellos 5 títulos de la NBA), haciendo extensible su carrera en los banquillos con posterioridad y mucha longevidad (desde 1976 hasta 2010), les convertimos en eternos, gracias a una personalidad y liderazgo arrolladores.

               Don Nelson dirigió a John Havlicek -como asistente- en sus primeros años en los banquillos y fue el primer entrenador que tuvo Stephen Curry en la NBA. Imaginen si fue longevo su periplo. En España, mayoritariamente lo conocíamos como el head coach de Milwaukee Bucks en los 80, luciendo zapatillas de deporte, una chaqueta que se daba de patadas con el pantalón y aquellas horrorosas corbatas plateadas en forma de trucha. Avispado, atento, muy consciente de cuál era el cénit al que podía llevar a su equipo. Apoyado en Sidney Moncrief, dio modo y forma a Terry Cummings en su concepción del “4” moderno. Vio en Dirk Nowitzki posibilidades infinitas para ir de la mano con el éxito a Dallas Mavericks (como vio años atrás las de Sarunas Marciulionis) y, lo que en Estados Unidos llaman “point forward”, hacer de un alero con inteligencia para ello, el verdadero director de juego, dándole forma con su colega Del Harris y sacando tajada, como para crear en la bahía de Oakland unos Warriors que supimos de inmediato que, aquel grupo, tenían lugar en la historia.

No es que fuese ese “point forward” un jugador en una posición solo, sino que modificaba la manera global de jugar, condicionando al rival. Patrones muy determinados que acabaron denominando el “Nellie Ball”: un alero -e incluso ala-pívot en ocasiones- que fuese director de juego, hombres pequeños, potentes y rápidos que encontrasen vías para entrar a canasta y un pívot rápido netamente defensivo e intimidador, para suplir carencias de estatura y que crease espacios en la zona, situándose amenazante a 8 metros del aro. Señores, acabamos de definir en su más pura versión, el maravilloso invento del “Run TMC” (Tim (Hardaway), Mitch (Richmond) y Chris (Mullin). Aquello nos abrió los ojos y nos descubrió horizontes nuevos para dar la bienvenida a la década de los 90. Y no fue un hecho puntual, sino que en 2007 volvió a encontrar los mimbres necesarios para “asaltar la banca” de nuevo en Playoffs (con Baron Davis, Jason Richardson, Monta Ellis, Stephen Jackson y Andris Biedrins) derrotando en primera ronda al equipo con mejor récord (con mucho) de toda la NBA y máximos favoritos al título, Dallas Mavericks.

               Pudiéramos estar páginas y páginas hablando de todo lo que tuvo de loco-pionero-de-éxito Don Nelson. Quizás lo hagamos con calma, en otro momento. Sin embargo, a la noticia de su fallecimiento, nos vino una historia a la cabeza de su aportación al baloncesto español y cómo hay situaciones casi anecdóticas, donde se aprecia la chispa de los genios. Esta historia nos la relató el ex agente Miguel Ángel Paniagua y discurrió en los primeros días de verano de 1989.

               “Don Nelson, por aquel entonces entrenador de Golden State Warriors, vino de visita a España junto a su mujer y su hijo Donnie. Y vinieron a verme a Madrid, de manera totalmente anónima porque intentamos que se enterase la menos gente posible”.

               Hay que pensar que el baloncesto y la NBA en concreto, alcanzaba unos índices de popularidad enormes en nuestro país. Acababa de finalizar “la liga de Petrovic” y los Pistons se coronaron campeones por primera vez con aquellos “Bad boys”. Don Nelson revolucionó los Playoffs por primera vez con su “Nellie ball”. Unos muy pujantes Jazz, que tenían ya como estrellas rutilantes a John Stockton y Karl Malone y aspiraban a destronar  el cetro de los Lakers como reyes en el Oeste, fueron eliminados 0-3 en primera ronda ante Golden State. Don Nelson aún no contaba con Tim Hardaway (fue elegido ese verano en el draft), siendo el base titular un más discreto Winston Garland (padre de la actual estrella Darius Garland) que entendió perfectamente lo que Nellie quería. Sí había revitalizado a Chris Mullin tras sus graves problemas con el alcohol y convirtió a su escolta Mitch Richmond en “rookie del año”. Con esos tres, más el alero Rod Higgins (padre del ex azulgrana Cory Higgins) y  un ala-pívot de dos metros peladitos, pero una bestia reboteando llamado Larry Smith, formaban un quinteto inicial que desarboló por completo a Jerry Sloan y al privilegiado grupo que entrenaba, como Stockton, Karl Malone, Thurl Bailey o Mark Eaton. Jugando todos abiertos, acierto en el tiro exterior, una velocidad que rayaba el paroxismo y constantes entradas a canasta en una zona menos poblada de lo habitual, pues al pívot lo situaban a 8 metros de aro (y existía aquello de la “defensa ilegal”), atizaron en dos ocasiones consecutivas en Utah para cerrar la serie en Oakland. Lógicamente y gracias a Ramón Trecet y su “Cerca de las estrellas”, en nuestras fronteras nos hicimos eco de todo aquello.

               “Estábamos comiendo en una famosa marisquería cercana al hotel Eurobuilding, porque la obsesión de Nelson era la gastronomía española. Me llama Mariano Jaquotot (por aquel entonces, vicepresidente del Real Madrid y director de la sección de baloncesto), cuya relación conmigo trascendía por encima del propio deporte. Era un fanático de la NBA y le digo que estoy comiendo con Don Nelson. Con la ilusión de un adolescente, me pregunta si podía conocerlo y le insto a que se pase a la hora del café. Allí se presenta al rato y empezamos a charlar. Poco tiempo después, es Lolo Sainz quien llama a Mariano. Jaquotot, emocionado como estaba, lo primero que le suelta es un ‘adivina con quién estoy compartiendo mesa’. Y claro, allá que se presenta también Lolo”.

               Siguiendo con el contexto, digamos que fue de las pocas alegrías de Lolo Sainz en aquellas fechas. Tras la liga que no ganaron, la polémica de aquel quinto partido y la poca paciencia de su presidente, Ramón Mendoza, este decide sustituir a Lolo del cargo de entrenador tras 14 años, ofreciéndole la dirección deportiva. Sainz era de la vieja escuela y como demostró más tarde, él era entrenador de baloncesto. Aquello de la dirección deportiva… Y es que, además, a causa de su cargo, debía ser él quien eligiera a su sustituto.

               “Charlando, creo que fue Lolo quien invita a Don Nelson a ver la sala de trofeos del club, en muestra de la grandeza en Europa del Real Madrid. E insinúa si le gustaría entrenar al club blanco. Don Nelson, muy educado, le dice que está muy a gusto en Oakland y que gana un buen dinero allí. No quiso matizar mucho más. Pero, entonces, es el propio Nelson quien dice tener un amigo que, como entrenador es un auténtico genio, puesto que lo conoce muy  bien, al que quizás sí le pueda interesar. Se llamaba George Karl y, por aquel entonces, entrenaba a los Albany Patroons de la CBA. O sea que, fue de Don Nelson la idea de que Karl aterrizara en Madrid”.

               Tras la marcha de Don Nelson de Milwaukee y la destitución de su amigo George Karl en el banquillo de los Warriors en los primeros meses de 1988 (tras una exitosísima campaña con ellos, alcanzando semifinales de conferencia y alzando como all stars a sus estrellas, Joe Barry Carroll y Sleepy Floyd), hizo que Nelson viajara a Oakland como máximo dirigente deportivo de la franquicia y, para el inicio de la campaña 88/89, decidió ponerse al mando también en el banquillo. George Karl tuvo que buscarse la vida en la Liga Comercial (digamos, salvando muchas distancias, una especie de G League actual). George Karl se enamoró de Madrid porque finalmente cuajó su fichaje, disfrutando casi dos temporadas en dos periplos diferentes. Criticado y frustrado al final, cierto es que trajo un baloncesto a nuestro país adelantado unos veinte años.

“Lo más curioso de aquella comida con Don Nelson, es que hubo un protagonista más aún. Andrés Montes llama a Lolo Sainz y este le dice dónde estamos y con quién. Claro, me pasa el teléfono y me pide el favor de llevar a Nelson a la radio, a la sede de Antena 3 en la calle Oquendo, 23, donde él trabajaba entonces y hacerle allí una entrevista en su programa. Si su show deportivo, donde obviamente tocada más fútbol. duraba una hora. Tras la entrevista, dedicó 5 minutos al resto, incluido fútbol. Los otros 55 para entrevistar a Nelson, algo que hoy puede sonar impensable. Eran ya las cinco y media de la tarde, volvimos al restaurante y allí estaba aún la familia junto a Mariano y Lolo, saboreando los postres. La verdad es que Nellie tuvo mucha paciencia y se portó muy bien. Eso sí, al día siguiente fuimos de ruta gastronómica a Segovia. Al menos nadie de la Gimnástica Segoviana se interesó por él y estuvimos muy tranquilos”.

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