Javier Herranz: Siempre disponible

Javier Herranz: Siempre disponible
Ascendió con el Pamesa Valencia 87-88 (Foto: Gigantes).

Javier Ortiz Pérez

Javier ‘Jerry’ Herranz fue un ‘jornalero’ del baloncesto, uno de esos jugadores con las ruedas de las maletas siempre bien engrasadas para ir de acá para allá prestando sus servicios. “No gané ningún partido, pero tampoco perdí ninguno. Hacía justo lo que los entrenadores me pedían”, cuenta desde Marbella, donde regenta desde hace cinco años una empresa de distribución de frutas y verduras.

Se trataba de un ‘4’ bajito (2,02) y peleón, muy útil en distintas funciones en los múltiples equipos en los que estuvo. Una de esas piezas que no necesita el balón para sentirse importante. Y eso que empezó muy tarde a jugar al baloncesto. “Tenía 16 años y el médico me dijo que tenía que hacer deporte, así es que, como medía dos metros, me acerqué al Palau Blaugrana 2, donde entrenaba el junior del Barcelona. Les dije que quería jugar con ellos y se quedaron sorprendidos. Era un equipo en el que estaba gente como Epi o Solozábal. Aquello me sirvió para aprender muchísimo y empezar a ganarme la vida con ello”, recuerda.

A Herranz le llaman normalmente ‘Jerry’, un mote que le puso Agustí Cuesta porque, con sus gafas y flequillo, mantenía que se parecía al actor Jerry Lewis. “Me quedé ya con ello”, confiesa. Jugó en total seis temporadas en ACB (más una en la Liga Nacional, con el Cotonificio de Badalona) con Licor 43, Manresa, Pamesa Valencia, Mayoral Maristas y Ourense. En total, 138 partidos con números poco llamativos (3,8 puntos y 2 rebote en 13 minutos).

“Nunca me quise atar a un equipo y de todos me fui porque quise, no porque me echasen”, cuenta. Sí tuvo más protagonismo cuando descendió un peldaño en Primera B, contabilizando ascensos con el TDK Manresa y el Pamesa Valencia. En este último clavó un mate decisivo en el último minuto del último ‘playoff’ ante el Caja de Ronda.

“Sobre todo, me considero buen compañero, animando a todo el mundo, trabajando a tope. Los entrenadores me querían porque, jugase o no, no daba ningún problema nunca. He hecho un montón de amigos con el baloncesto. En todos los sitios por donde he pasado me quieren”, apunta.

En 1994 se estableció definitivamente en Marbella, ya que había conocido a su mujer en aquella zona en una de sus etapas jugando en Málaga (además de por el Maristas, pasó por el Caja de Ronda en Primera B). Llegó a pasar por la EBA con el equipo marbellí, ya cuando había iniciado una nueva etapa en su vida laboral. Parecía que se había retirado cuando, en la 95-96, recibió una oferta para incorporarse en la fase de ascenso al Mallorca BC de Segunda División. “Aquello fue increíble. Me pagaban los viajes y el hotel únicamente para hacer un entrenamiento por semana y jugar el partido, así es que no me lo pensé mucho y acepté”, dice Herranz.

Desde entonces no se ha desenganchado del todo del baloncesto: ha frecuentado el equipo de los veteranos del Unicaja y también fue invitado a la conmemoración del 25 aniversario del ascenso del Pamesa.