LA INFANTIL ILUSIÓN POR EL INICIO DE LA LIGA

Es algo irrefrenable. Inunda cada septiembre, cada inicio de liga. Una sensación casi infantil, como el niño coleccionando cromos, en el ritual de cada curso de buscar los “colocas” y “últimos fichajes”. Ciclos que se repiten sin perder la esencia de una candorosa infancia. Septiembre trae eso, dejar atrás veranos disfrutando de tareas ajenas el resto del año, desenfado de horarios y distracciones reservadas para este período estival, dando paso a nuestro “yo rutinario” y casi añorado. A cada arranque de una nueva edición de Liga Endesa, nos conmueve la expectación de todo lo que tenemos por delante, personalizando con canastas aquel del “y este, ¿de dónde viene?” cuando en la playa se hojeaba el Marca.

               Encaramos una temporada de muchísimos cambios. En los grandes, más que nunca, de los que ya hablaremos en Endesa Basket Lover. Ahora toca fantasear, ejercicio costumbrista desde -según la edad- ni se sabe cuando. A celebrar que David Russell no se había ido a la NBA y regresaba un año más a Estudiantes, como hoy que Kameron Taylor siga sonriendo al sol naciente de Valencia. Con el tal Kenny Simpson, nos decían del Barça que volarían sobre la pista y ahora parecen tener siete Kenny Simpsons que marcan un ritmo frenético. Que la Penya cuidaba a sus veteranos en puertas de decir adiós, como en los últimos años del “Matraco” Margall mientras aleccionaba a los jóvenes que destilaban olor a títulos futuros, cuando ahora toca no perderse ninguna de las exhibiciones del Zipi&Zape, Ricky&Lapro, con el acompañamiento como maestro de ceremonias de Ante Tomic. Que los blancos han decidido pasar página abriendo el portalón principal con numerosas caras nuevas, como cuando obligados por la marcha de Sabonis a la NBA, toco plan ‘renove’ de un plantel y, sobre todo, de una mentalidad. Que no ha habido campeonato grande de selecciones este verano, cosas de la FIBA, pero que contamos con jugadores a los que podemos vestir de chaqué como hicimos a todos los tiznados de oro tras ganar la final en Saitama, que el kiosquero preguntaba “sí, yo conocía a los de la NBA, pero ¿todos los demás juegan en la ACB?”.

               Ya lo ven, décadas diversas y una misma sensación que cuesta explicar, aunque todos los años tenga los mismos versos. Que nos encanta sentarnos, que nos reciten y a esperar con deleitarnos. Un asiento en la grada, una cita con la tele, unos uniformes chillones y unos escudos que producen solemnidad, evaporada a las primeras canastas en las que volvemos a recuperar nuestra esencia por todo esto, volver a saludar a “mi yo” infante. El arranque de la liga es el cuento de otoño que ni Eric Rohmer hubiese sabido ilustrar. Porque eso es algo nuestro. Disfrutémoslo.

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