El futuro de la selección española pasa por...

El futuro de la selección española pasa por...

Antonio Rodríguez

Días ya han pasado al corazón encogido por la retirada en la Selección de dos de los  mejores jugadores de su historia, los hermanos Gasol. Intentando reponernos del vértigo que  da recordar en flashes sus trayectorias, con la maldita pancarta sostenida en la mano gacha del  “pasaron ya sus mejores días” sobre un puñado más de veteranos que estuvieron en Tokio,  nos preguntamos con ¿más pesimismo que esperanzas?, cuál es el futuro de la Selección  Española masculina de baloncesto.

Lo primero que debemos hacer es sacudirnos esa vitola que siempre nos ponía como  favoritos (o muy cerca de ello) de cualquier campeonato. Nos puede hacer un flaco favor como  aficionados. Y entendemos que de ese comodísimo sofá es difícil hacernos a la idea que  debemos abandonarlo. Entre otras razones, porque cuando ha sido una realidad en los últimos  20 años, podemos pensar que esa es la perenne realidad. Piensen que cuando esta generación  del 80 “nació” ante nuestros ojos, veníamos de pensar que quintos en un Mundial era un éxito,  con la convicción de dar pasos hacia el camino correcto, que habíamos logrado una plata en  Eurobasket francés, al que pudimos etiquetar de milagroso un año después cuando en todo  unos Juegos Olímpicos en Sidney, la realidad nos dio un pescozón con una novena plaza, por  delante tan solo de China, Nueva Zelanda y Angola. De ahí partíamos cuando los ‘juniors de  oro’ se plantaron y tomaron el mando.

Ahora estamos mucho mejor, evidentemente. No es necesario arrancar con manchas  de fango en los ropajes. Tenemos a Ricky Rubio como faro guía, que no es poco, más los  Hernangómez, Oriola y Brizuela como ejemplos. Pero volver a pensar en grande no es un  estado mental, sino que tiene que venir avalado por los protagonistas que puedan llegar en un  futuro y sus actuaciones, sin lamentos por el festín que hemos pasado con los Gasol, Navarro,  Felipe y suspiros de “esto será irrepetible”. Eso pensábamos lo que vivimos la plata de Los  Angeles’84. Ya ven. ¿Cabe la esperanza más allá de los Usman Garuba, Carlos Alocén, Alberto  Abalde o Xabi López Aróstegui?

Quizás, como aficionados, cometamos el pecado de pensar en lo inmediato. En volver  a recuperar brillos dorados a un año vista, a dos años vista. ¿Y qué sucede si las glorias  comienzan a vislumbrarse a cinco años vista? ¿Tan trágica sería tal travesía? Pues ese el punto  de vista al que Endesa Basket Lover quiere echar tierra encima. No es que digamos que hasta  dentro un lustro no tenemos derecho a pensar en optar a grandes cotas. Ni mucho menos.  Simplemente que pensando tan a corto plazo y con los jugadores que podamos contar  incluyendo jóvenes realidades -los expuestos Garuba, Alocén, Abalde o López Aróstegui-,  podamos caer en la errónea cuenta que no da para pódium y entremos en el desespero.

En Endesa Basket Lover hemos sido testigos en los primeros días del verano de la  mejor camada de jugadores nacionales en la horquilla entre los 15 y los 18 años, tras  contemplar los campeonatos de España cadete y junior. Y volvemos a reiterar que  encontramos motivos para la ilusión más que sobrados. Ver un pívot que sea tan determinante  como Aday Mara, camino de sus 2,18 de estatura si no los tiene ya, a sus 16 años de edad, es    para notar que estamos ante alguien muy, muy especial. Que las cualidades físicas del ala-  pívot también de 16 años, Izan Almansa, sean acompañadas por su calidad técnica (estaremos  atentos a la progresión, tras su adhesión en algo que en España genera tantas dudas como  desconocimiento inicial, el proyecto estadounidense Overtime Elite, en el que ha recalado  recientemente). Que posiblemente nunca hayamos tenido un alero con las condiciones  atléticas del sobrino de Ray Allen, Miguel Allen, con sus 2,03 de estatura, en puertas ya de ser  jugador senior. Que un base que maneje el balón de baloncesto como si fuese uno de  balonmano como parte de su ingenio y habilidad en la figura de Juan Núñez, haga pensar en la  futura dirección en pista como otra joya a considerar. O que el sacrificio del alero Michael  Caicedo y los brazos interminables de Baba Miller puedan ser de un valor enorme en el futuro.

Claro, todos estos chavales tienen que pasar por ese duro escalón que supone pasar de  los 18 a los 19 años. Que tengamos la capacidad parar generarles un hueco si muestran  esfuerzo por ganárselo, pero que no caigan en el ostracismo -ni siquiera en la ACB- de jugar  pocos minutos y no encontrar explicación, cuando sean convocados para la Selección Española  sub-20 y veamos que son competitivos y terriblemente útiles. Este eslabón tan crítico hasta la  veintena es el que debemos aún procesar. Pero a su edad, respondemos por ellos, que son  unos auténticos virtuosos.

El futuro de la Selección Española pasa por… la paciencia. Y eso lo saben sus máximos  rectores y el máximo responsable en el banquillo, Sergio Scariolo, que tiene tres años más de  trabajo por delante. Así que, toca seguir trabajando en los pasos adecuados que, materia  prima sigue habiendo. Y muy interesante. ¿Para medallas? El cruce de cuartos es quien suele  dictar. A partir de ahí, tomémonos todo como un regalo y un éxito, como aficionados. Y las  metas irán cayendo.