VISTAS OLÍMPICAS (I): De rodajes, exhibiciones, tejidos y novedades

VISTAS OLÍMPICAS (I): De rodajes, exhibiciones, tejidos y novedades

Antonio Rodríguez

Team USA frente al espejo

Muchos aficionados se sorprendieron del traspiés de la selección masculina de  baloncesto en su primer encuentro del torneo olímpico ante Francia (83-76). Y ahora da para  elucubrar “¿van camino del batacazo de Atenas 2004?” “¿Se repondrán?”, al margen de todos  aquellos aficionados que ven pocas tonalidades en medio de los extremos y buscan excusas,  porque no conciben que un combinado NBA así salga derrotado y otros, por el contrario,  apelan a su vanidad y al “ya les tocaba. ¿Qué se creían?”. Bueno, ni “sí” ni “no”, sino todo lo  contrario.  

“Cuando pierdes un partido, te decepcionas, no te sorprendes”, declaraba Gregg  Popovich en otro ejercicio -de sus muchos- de sensatez. “Hablar de sorpresa ofende al equipo  francés. Es arrogante pensar que los estadounidenses deben lanzar la pelota y simplemente  ganar”. Pues eso mismo, señores. Que tiene una papeleta inicial complicada, con escasísima  preparación realizada y además, tres jugadores recién incorporados en puertas del inicio de los  Juegos. Que son muy buenos y pensamos que aún siguen siendo los favoritos al oro, pero  necesitan preparación que, suponemos, irán adquiriendo durante los entrenamientos de su  estancia en Tokio.  

Nadie, pero nadie, está capacitado para ganar sin un acondicionamiento previo. Ni los  más siderales. Ni el Dream Team tan siquiera. Y si no, les aconsejamos que repasen su  trayectoria previa a su llegada a Barcelona en 1992 y los temores que hasta ellos mismos  tenían. Y lo heredó Krzyzewski y de ahí los resultados en Pekín y Londres, teniendo jugadores  que quitaban el hipo. Estos de ahora, llevan años quitándonoslo también, pero ya en la  preparación de Las Vegas se vio que jugaban con conceptos básicos muy personales y en  defensa, no había algo medianamente colectivo estructurado. Claro, como su instinto para  este deporte está tan desarrollado, pues tiraban hacia delante con ello.  

Tiempo, una semanita y pico de entrenamientos entre los partidos y veremos al final.  Que pueden caer en cuartos o en semifinales. O pueden quedar campeones. Pero el respeto a  los rivales, independientemente de jugar o no en la NBA, porque eso no significa nada (miren  las plantillas de Chequia y Canadá y el resultado de aquello), debe ser puntualizado como lo ha  hecho Popovich. Y seguro que todos sus jugadores lo tienen. Por eso, se habrán mirado al  espejo y habrán comprobado que lo que toca es entrenar y prepararse. Que aquí no hay nadie  más guapo que otro en el reino de los cuentos olímpicos.

Luka Doncic o marcar el calendario

Desde el inicio del partido era como si tuviera Luka Doncic marcado en el calendario su  debut olímpico y habiendo visualizado lo que ha soñado durante tantos años. Había que dejar  huella.  

Sus tres triples iniciales fueron como abrir una lata y a partir de ahí, comenzar el  banquete de los 48 puntos, motivo, casi 48 horas después, de resoplidos. En muy escasas  ocasiones hemos visto que alguien controle un partido así, con las variantes y la complejidad    defensiva de hoy día. Claro, dominar el triple tras paso atrás, es algo que pocas veces se ha  visto antes. Y empezar a avanzar tras aprovechar un bloqueo y observar cómo se mueven las  fichas, cual tablero de ajedrez, como si por un embrujo particular tuviera la virtud de visionarlo  con la parsimonia de este deporte, decidir y hacer, pues tampoco es que estemos muy  acostumbrados. Todo ello lo está trayendo Doncic a los Juegos Olímpicos. Y todo ello con una  comparsa que no es tal, que sus compañeros ayudaron y no desafinaron. Y la imagen de  Eslovenia fue espléndida. Veremos en el devenir de la competición… porque también a España  le va esto en el juego.

Las japonesas y la belleza de sus telas

Y no hablamos de la seda de las telas de las geishas, pobrecitas ellas, de hace unos  cuantos siglos. Sino de las que manejan en la actualidad su selección de baloncesto logrando  anoche, una de las mayores sorpresas del torneo olímpico, derrotando a las subcampeonas de  Europa, Francia, por 74-70. A las europeas, con todo su potencial, su físico y su talento.  

Sin embargo, el “descoloque” que tuvieron sobre la pista fue grande. Y aquí entran lo  de la diferencia de las telas. Hay que saber que hay algunas distintas, más delicadas, con  diferente tacto y, si te aventuras a meterlas en la lavadora, sabes que hay que cambiar de  programa de lavado. Y eso es lo que no entendieron en ningún momento nuestras vecinas.  Que la delicadeza del tejido nipón (más bajitas, más rápidas, envueltas en una especie de  locura controlada de forma permanente) es para pensar que hay que jugar de otra forma. No  vale, como hicieron las jugadoras entrenadas por Valérie Garnier, que las tratasen como a otra  adversaria más, obstinadas en superarlas en uno contra uno, en balones al poste bajo, en  mover el balón con cierta lentitud y lanzamientos triples. Porque se vieron envueltas en una  trampa.  

Las japonesas, excelentemente preparadas por Tom Hovasse, son muy pequeñas en  estatura y tienen que sobrevivir en un deporte de gigantes. Y por ello son muy activas, más  rápidas que nadie, suelen ayudar en defensa hasta crear un avispero de traps permanente y en  ataque, utilizan todos los trucos de equipos de sus características. Léase volver loco al  adversario a base de cortes, de “puertas atrás”, de jugar con línea de fondo y de espacios para  tirar triples. 

 Y todo eso les funcionó hasta que, manteniendo el elemento sorpresa durante los 40  minutos (que es lo más complicado), lograron batir a una de las favoritas a medalla, para la  satisfacción del país y de nosotros como aficionados, por supuesto, al ver algo diferente y  peculiar.