España, ¡A la gran final!

España, ¡A la gran final!
Rudy es una de las caras visibles de la garra y la defensa de España

Antonio Rodríguez

Sí, porque la final de una Copa del Mundo es grande, con todas las letras y en mayúsculas. Máxime para esta Selección Española de las ausencias y las dudas en la primera fase. También la Selección Española de solventar el día clave ante Italia, de la machada ante Serbia, tan inaccesible ella (o eso parecía) y cumplidores ante un difícil cruce en cuartos frente a Polonia, que de trámite no tenía nada. Y llegó a semifinales, en las que asomaban australianos y franceses la cabeza como un poco más favoritos. Pues aquí está el Equipo Nacional, el de todos, en una gran final y venciendo al equipo que mejor circuló el balón de esta Copa del Mundo, Australia (95-88), tras una nueva gesta que duró 50 minutos, por si faltaba algo. Ahora toca emocionarse, resoplar, abrazarse con el de al lado y desde aquí, desde Endesa Basket Lover, extraer del encuentro aquello que nos ha hecho emocionarnos así.

Nos gusta ver la entrega de nuestros representantes. En todos los países, en todo el planeta. Sin embargo, esto de la convicción en ganar, de la fe, de… de la furia, a la que tanto invocábamos desde tiempos inmemoriales, eso, parece ser un poquito más nuestro, más de los españoles. Y por ello siempre fuimos “periquistas” y empujábamos en la lucha de Fernando Martín ante Tkachenko y hasta en fútbol, la generación de los más bajitos, nos hacen campeones del mundo. El impacto de la lucha por lo imposible. O eso parecía. Hasta que se logra.

Llull, pura energía y sentimiento

La Selección Española hoy ha hecho un partido extraordinario, con sus limitaciones ofensivas y con los problemas de rebote que hemos ido acarreando desde el inicio. Pero también con una excelente defensa, estudiada y meticulosamente medida sobre Patty Mills (34 puntos) hasta anularle al final (1 de 4 en tiros de campo y 3 pérdidas en los últimos 15 minutos, incluyendo prórrogas) y Joe Ingles (1 de 9 en tiros de campo a lo largo del encuentro). Zonas, “caja y hombre” sobre su base estrella, no dejar que los pívots titulares Baynes y Landale estuviesen cómodos (9 puntos entre ambos) y obligar a que Bogut debiera decidir ante nuestro avispero de manos, ayudas y cortes de balón. Ante todo esto, normal que apareciera un “intruso”, Nic Kay (16 puntos, 11 rebotes, 7 de ellos en ataque), que no fue suficiente y se notó, cediendo al final.

Sin embargo, el control de cada encuentro que Australia ha tenido desde el día uno en la Copa del Mundo y que bien mostró en los primeros 20 minutos hoy, con la delantera en el electrónico, con la diversidad entre triples y puntos en la zona (no anotaron ninguna canasta en suspensión que no fuese de tres), la superioridad en balones sueltos… en eso, España les ha superado. Las estrategias de Sergio Scariolo y su cuerpo técnico volvieron a dar resultados, con una preparación previa de bandera y un dibujo de trazo conciso de cómo había que ganar. No se podía hacer a base de canastas y sí de argumentos propios, sacarles de la zona de confort que su superioridad les ha dado hasta este día. Tampoco era el día de jugar en exceso al poste y Marc Gasol, otra vez determinante (29 puntos en la segunda parte y el tiempo extra, 33 en total), sabía lo que tenía que hacer jugando a los bloqueos, a abrirse, a forzar faltas y sobre todo, a defender. Qué manera de denegar penetraciones, esas que no se ven y bien que cuentan, de intimidar y taponar, de ser el hombre que mandaba en la zona (15 de 28 en la pintura para los aussies). Añadan la puntilla del líder: anotar 2 tiros libres para poner a España por delante a falta de 8 segundos de los 40 minutos, más otros 2 para forzar la segunda prórroga. La sangre fría, que de eso, se tuvo mucho.

Marc Gasol estuvo colosal cuando más el equipo lo necesitó

Que Rudy Fernández estuvo sublime en la actividad defensiva, hay que exponerlo aquí también. Su chispa de gracia para adelantarse a la decisión del pase rival, debiera ser solidificada y expuesta en un museo, porque es formidable. Encomiable la voluntad suya para todo ello, como de Sergio Llull, que se lamentaba oyendo tronar sobre su cabeza a cada error propio, pero que anotó 2 triples importantísimos (de sus 4 de 10, para un total de 17 puntos) y sabía que no le quedaba otra, porque estaba “condenado” a jugar los últimos minutos, a solventar, a ganar, porque su carácter no le dicta otra cosa.

¿Quién diría hace dos años que Ricky Rubio, en los momentos complicados en ataque, nos iba a sostener ofensivamente? Todo eso que hemos dicho de la madurez, de sentirse sostén y soporte, se lo aplica como ejercicios hechos de casa para exponerlos en pista. Y ha brillado como el que más (19 puntos y 12 asistencias) aunque sus porcentajes no hayan sido los mejores (6 de 19 en tiros de campo). Pero sabe estar como para ser el último en sonreír, en abrazarse a su amigo Joe Ingles al bocinazo final, tras el final del final, tras 50 minutos.

¿En una palabra? Competitividad. Eso es lo que nos han dado nuestros chicos. Por eso nos emocionan. Por eso y porque todo el trabajo fluye. Jugar una final. Si es que hasta las canillas tiemblan solo de mencionarlo.