Medio metro de gracia

Medio metro de gracia

Antonio Rodríguez

Endesa Basket Lover fue testigo del entrenamiento de la Selección Española, en sus últimos días de concentración y sudores en el madrileño Triángulo de Oro, antes del inicio de giras y partidos de preparación más continuados, con Málaga como siguiente parada. Sesiones duras y exigentes, perfeccionamiento de sistemas defensivos, presiones a toda pista y zonas que intentan ajustarse, todo ello explicado antes de iniciarse el calentamiento, cuando más despejada está la mente y atención se presta. Luego, la soltura y ritmo en ataque, tretas para zafarse de la defensa ensayada y timing para que todos funcionan a la misma velocidad. Todo ello, manejado y ejecutado por jugadores de extraordinaria calidad.

Porque ver entrenamientos así son una auténtica delicia. Atrás quedaban los estiramientos previos y divertidas sesiones de tiro de calentamiento, bajo acordes de música -elegida por ellos- para empezar a darle en un “cinco contra cero” que sella en la mente y dar paso al partidillo. Todo se mide al detalle. Hasta que se va cogiendo el tempo que se va demandando, Marc Gasol es capaz de anotar una canasta por detrás del tablero, a modo de florituras como regalos de la calidad excelsa. Ricky Rubio hace fantasías en tiros de media distancia, muy forzados, que acaban entrando, Juancho anota triples de facilidad pasmosa en ese mareante concepto hoy día que es el “rango NBA”, que son de 8 metros hacia atrás y la exuberancia física de Willy Hernangómez, que se marca con sprints, choques cuerpo a cuerpo y mates en contragolpe.

 Sergio Scariolo observa en la banda, mientras sus asistentes, Ángel Sánchez Cañete, Luis Guil, Manuel Aller y Víctor García van corrigiendo sobre la marcha. La adrenalina sube y Scariolo, ya no se conforma con estar banda. Se coloca junto al soporte de la canasta, flexionado, apoyando sus manos sobre las rodillas, siguiendo las evoluciones y no perder ningún detalle. El tiempo apremia, las jornadas se alargan en duración y hay que sacar el mayor partido. Los jugadores hacen el esfuerzo por contentar a su entrenador. Y aquí se nota la nota de novedad y aire fresco en los “chicos de las ventanas”.

Ellos suben el umbral de intensidad poco a poco, se toman cierto papel de “escuderos” y hacen sudar y apretar los dientes a todos. Pablo Aguilar, Pierre Oriola, Quino Colom, Jaime Fernández, Joan Sastre, Xavi Rabaseda, Javi Beirán… van poco a poco descubriendo sus roles, pero su papel de sacrificio, de “curritos”, lo tienen interiorizado. El aficionado al baloncesto conoce de su mérito y el inmenso trabajo que hicieron en las ventanas. El aficionado al deporte en general, les tienen en un segundo plano, ante el fulgor de los NBA. Y ellos, empecinados en contentar a unos y a otros cuando llegue la hora de la verdad y los saltos iniciales se rijan por horarios chinos. Son tan cómplices como los más veteranos, son tan comprometidos como el que más, un motor de arranque que muestran desde su interior su calidad, impregnados también por la comunión con los NBA, con los “euroligos”… con todos.

Se hace un receso. Todos se acercan a una enorme pantalla en la línea de banda, para ver, casi a tiempo real, el resultado de su partidillo dividido en clips de vídeo elegidos de forma minuciosa. Observar detalles a mejorar en unos casos, a ensalzar y repetir en otros. Toda la atención a las explicaciones, al monitor. Son los tiempos que tocan, mientras que el histórico Moncho Monsalve, sentado en un cómodo sofá a pie de pista, observa y admira todo lo que hay a la disposición de los profesionales hoy día. Claro, hombres como él han conseguido que pudiésemos llegar a esto. Y toca seguir, con la máxima de “el tiempo apremia”.

Javi Beirán corta hacia canasta cuando las defensas individuales son realmente fuertes. Gana medio metro -no más- a su defensor, Ricky Rubio (nada menos). A seis metros de distancia, Marc Gasol le lanza un pase medido, certero, para acabar en canasta. Es increíble la milimétrica perfección en la dirección de ese balón, las habilidosas manos en capturarlo y en soltar una suave bandeja apoyado en un paso largo y el uso del cuerpo para inutilizar la defensa. ¡Qué calidad! Es una barbaridad. Es como una distancia suficiente para mostrar su arte, su “medio metro de gracia”. Y cuando somos testigos de un nivel así, tenemos que sonreír y ser conscientes de lo que vemos, de lo que nos espera. Y creer en ellos. Medio metro puede ser la distancia entre unos y otros… en el pódium.

Sí, otras selecciones con las que competiremos por los cuartos, por las semifinales, expondrán sus argumentaciones. Por lo que, puestos a elegir, en nuestra Selección Española nos encomendamos. Porque cuando acaban -agotados- y se retiran al cercano hotel, sus caras denotan tanta satisfacción como fatiga. El trabajo continúa y hay que evolucionar. Claro, desde el asiento de unas gradas, desde la comodidad de un espectador, Endesa Basket Lover disfruta del camino. Privilegios para la memoria.