España, el aprendizaje para ser oro

España, el aprendizaje para ser oro

Antonio Rodríguez

Comentaba el veterano entrenador Ramón Jordana como analista en TVE que, quién nos hubiese dicho hace un puñado de años que la Selección Española sería la encargada de infringir la mayor derrota en un Eurobasket a la selección de Rusia, en cuartos de final (78-54). Ellas, que siempre han sido ese martillo pilón, asombrando por una depuradísima técnica individual en cuerpos altísimos y a las que se las veía un par de peldaños por encima. Pues ya lo ven. Que los tiempos cambian.

Porque nuestro Equipo Nacional mantuvo la mayor sangre fría en la semifinal ante la anfitriona Serbia en los minutos últimos y decisivos. Temple que siempre sirvió a la escuela rusa -y no digamos ya extinta soviética- a ganar de manera permanente y casi desesperante hacia las rivales. Con sus altos y bajos, su aparente frialdad les hacía alzarse con el triunfo final. Pues ya lo ven. Una asignatura más aprobada.

España supo tener la picardía del zarpazo, de robar balones ser y estar “resabiás”, arte que durante toda la vida mostraban las otras grandes dominantes del baloncesto europeo: las serbias y por extensión, las yugoslavas. Darles a probar de su histórica medicina. Cuando había que sacar un poco más provecho de grandes defensas, los certezos manotazos al balón (Laura Gil, maestra en esto), hacía que las chicas entrenadas por Lucas Mondelo ganaran una posesión de forma instantánea. En eso también se ha aprendido, ya lo ven.

La defensa ha sido extraordinaria. Siempre. Jugadoras que ya no están acomplejadas desde hace años por la falta de estatura, sí poseen enorme movilidad, inteligencia y ambición en pos de un oscuro trabajo y sacrificio atrás de muchos años de perfeccionamiento, sustento de malos momentos en ataque para seguir liderando en el marcador. Su perfección, la sincronización en las ayudas, cuándo toca cambiar y cuándo no, ora finta defensiva y recuperar, que es más que suficiente y no provocar cambios de marca… estas lecciones de baloncesto moderno que, con la boca abierta, sacando papel y lápiz, copiábamos con afán cuando venían entrenadores estadounidenses a traernos las joyas de su mundo. Apuntes que se han ido actualizando y del lápiz se ha pasado a una aguja grabando en metal. En oro, concretamente.

Y luego, el ataque. Hemos de reconocer que la fantasía con la que, verano tras verano, Lucas Mondelo nos enamora del baloncesto, ejecutado por unas chicas disciplinadas, exentas de divismos y conocedoras cada una de su rol, es de premio. Por eso no nos hemos acordado de Alba Torrens, porque entre quienes tocaba, se ha dado un paso más para sumar las virtudes de la mallorquina ausente y seguir en la cima. Los cortes a canasta de Marta Xargay, las entradas para romper defensas de Silvia Domínguez, los unos contra uno de Anna Cruz, la calma de Laia Palau y el reinado, absoluto reinado, de Astou Ndour bajo tableros, embaucan a todos. En el caso de Ndour, MVP de la competición, no era tan solo capturar rebotes ofensivos, sino la cantidad de canastas que ha anotado tras segundos y terceros esfuerzos. Todo, con la receta de sus compañeras: creer para hacerlo.

Y en vez de buscar a quiénes hemos copiado y de dónde se ha bebido para jugar así en ataque, sí nos gustaría desde Endesa Basket Lover, poner nuestra “pica” particular y decir que este ataque, es muy nuestro, muy de España. Porque para hacerlo, hay que tener entereza -siempre-, concentración y mucha inteligencia, partiendo de una base que estas son unas jugadoras que, técnicamente, son un regalo para los ojos. Son perfectas. Por eso hacen lo que hacen. Desde la sencillez de las suspensiones de Laura Nicholls, a las canastas espectaculares de Cristina Ouviña. Sus fundamentos son un trabajo federativo de muchos años, desde que eran niñas. Por eso estamos donde estamos.

Todo ha sido un compendio de virtudes, una recopilación de lo mejor que la Selección Española femenina ha ido aprendiendo, apropiándose de ello con grandes maestros y aportando su sello propio, que moldeando enormes jugadoras, se ha llegado a ser las grandes dominadoras del baloncesto europeo. Las palabras de Laia Palau (12 medallas) en rueda de prensa, asombrada aún con lo que se está viviendo, califica este ciclo de éxitos con un elocuente “es una burrada”. Quién nos lo iba a decir. Expresaba la admiración hacia Lucas Mondelo y su cuerpo técnico por acoplarse a todas las circunstancias y el homenaje a sus compañeras, por un enorme trabajo que detrás de todo esto. “No sé si la gente que no está en el mundo del deporte es consciente de lo que estamos consiguiendo”. Estar tan arriba, familiarizarnos ya con la medalla que más brilla, forma parte de un aprendizaje, no ya para alcanzar el oro, sino por su frecuencia, para ser de oro.

Y para terminar, sí nos gustaría dar también la enhorabuena al otro español exitoso, al seleccionador de las semifinalistas Gran Bretaña, el gran Chema Buceta. Buceta, uno de los grandes baluartes de la modernización del baloncesto femenino en España, conoció concentraciones con las jugadoras -seleccionadas, ojo- donde las agujetas afloraban tras la primera semana de preparación física. Vivió de cerca hazañas como las de quedar en sexta posición en “nuestro” Eurobasket gaditano en verano del 1987 como un éxito sin precedentes. Y tras ser impulsor de lo que vivimos hoy día con nuestras jugadoras, hoy día con las británicas, país con nula tradición baloncestística, las conduce a la élite. Lo que nos demuestra un veteranazo como él, es que no hay baloncesto antiguo ni moderno, sino baloncesto bien jugado y mal jugado. Nada más.