Escenario final de las ventanas FIBA... y lo que viene

Escenario final de las ventanas FIBA... y lo que viene
Ya sabemos quienes se dirigen a la Copa del Mundo en China.

Antonio Rodríguez

Acabaron las ventanas FIBA y tenemos ya los 32 clasificados para la próxima Copa del Mundo que se disputará en China el próximo verano. Ahí estará España para tratar de volver a brillar y por qué no poder repetir el éxito del legendario oro conseguido en Saitama en 2006.

  • ANFITRIÓN: China
  • EUROPA: Alemania, España, Francia, Grecia, Italia, Lituania, Montenegro, Polonia, República Checa, Rusia, Serbia y Turquía.
  • AMÉRICA: Argentina, Brasil, Canadá, Estados Unidos, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela.
  • ÁFRICA: Angola, Costa de Marfil, Nigeria, Senegal y Túnez. 
  • ASIA: Corea del Sur, Filipinas, Irán, Japón y Jordania. 
  • OCEANÍA: Australia y Nueva Zelanda. 

Pues son todos los que están, pero ¿están todos los que son? Cada vez que se hace una lista en deporte, automáticamente nos vamos a buscar los ausentes, como querer ponernos una tirita previa al dolor de quienes echaremos en falta. Y claro, ahora se llora que los campeones de Europa, Eslovenia, no estén representados en tan importante cita. Algo que, desde 1954, cuando la extinta Unión Soviética no participó en el Mundial de Río de Janeiro, no sucedía. Tenemos que echar la vista atrás 65 años para ver repetir esta circunstancia. Y si se dio entonces, para nada fueron cuestiones deportivas, sino sencilla practicidad económica: el viaje a los soviéticos en barco, que era el medio de viaje transoceánico en esos tiempos, salía interminable en su duración y excesivamente costoso.

Por otra parte, pensamos en ausencia de jugadores y sale un buen número de estrellas del firmamento NBA y Euroliga, que se conformarán con verlo a través de una televisión o desde las gradas. Ahora mismo, Luka Doncic y Dario Saric, junto a sus compañeros, quizás pesen más que las sorprendentes Montenegro o Polonia hayan logrado billete.

Lo de España, de quitarse el sombrero. 

Esto era un escenario que podía darse desde que FIBA presentó el calendario de las ventanas. La imposibilidad -obligada- de jugadores NBA a abandonar sus disciplinas en mitad de la competición, dinámica por la que también optaron los clubes de Euroliga, era consabida y podían dar estos resultados. Tiene mucho mérito la clasificación de todos y cada uno de los 31. Si miramos a nuestra Selección Nacional, más que orgullosos, como hemos ido reiterando a lo largo de estos casi dos años, de unos jugadores y un cuerpo técnico que han sentido un deber y compromiso, que nos ha atrapado. Verlos jugar sin condicionantes (el pensar si estarán o no en la cita final asiática), con esta intensidad y brillantez, nos embaucó desde el día uno.

¿Estarán los mejores -a nivel mundial- en China? No. El espíritu de este tipo de competiciones es, lógicamente, que estén. La polémica está servida. Siempre ha habido algún tipo de injusticia, que para eso esto es deporte. Podemos pensar en las exigencias de los ‘trials’ estadounidenses de atletismo previos a unos Juegos Olímpicos, dejando incluso candidatos al oro, fuera de la especialidad. En baloncesto, también las ventanas FIBA apartaron de un Eurobasket, concretamente el de Roma’91, a la Unión Soviética, vigente oro olímpico y plata mundialista por aquel entonces, en su último año de existencia como país, a manos de Checoslovaquia.  No hay sistema perfecto. Pero esto va más allá de lo conocido hasta ahora. Y sabíamos que podía darse.

Pues sobre escenario, se disputará la Copa del Mundo. Sin embargo, sin parar de pensar en el enmarañado entramado de clasificaciones, en el evento del próximo septiembre, también los habrá de cara a los Juegos Olímpicos de Tokio’20, la otra -y mayor- cita del mundo FIBA, que no hay que perder comba. Porque aquí sí que hay un galimatías importante. Lo intentamos esquematizar:

-          Resulta que saldrán plazas automáticas de esta Copa del Mundo para los Juegos Olímpicos. Todo normal. Exactamente, 7 de las 12 que ocupan en la cita olímpica. Pero no es cuestión de los 7 mejores, no; sino que serán los 2 primeros europeos clasificados, los 2 primeros americanos, el mejor africano, el mejor oceánico y el mejor asiático. La búsqueda del reparto entre continentes siempre se ha buscado y parece lógica.

-          Y aquí entra el lío: exentas estas 7 clasificadas de forma automática, las mejores 16 selecciones del Mundial, formarán parte de un Preolímpico, que reunirán 24 combinados nacionales en fechas previas a los Juegos en verano del 2020, divididas en 4 grupos y de cada uno de ellos, saldrá una selección y completar los 4 restantes para los Juegos (contando que Japón, como anfitrión, tiene billete asegurado).

-          O sea, si ya para la última cita olímpica de Río’16, se diseñó el preolímpico con 12 equipos repartidos en tres sedes (Turín, Manila y Belgrado), ahora la fiesta se amplía a 24 representantes en 4 sedes (aún por designar).

-          Para completar los 24 de esta ronda previa (porque nos siguen faltando 8), sí se tirará de clasificaciones de los torneos continentales anteriores. Aquí, Eslovenia, por poner el ejemplo más comentado, tendrá la oportunidad por pleno derecho, de mostrarse como flamante oro del Eurobasket 2017, en un Preolímpico -que no en los Juegos aún-, nada menos que tres años después, en busca de su plaza nipona. Estas son las gracias de haber eliminado un Eurobasket del calendario. 

Para la cita olímpica de Tokio, irán los mejores de China... pero no todos. Un lío

Para poner un lazo final, arrastrándonos por cierta equidad buscada entre los continentes, todo ello cae en saco roto cuando de este preolímpico de 4 sedes, en cada grupo habrá equipos de cualquier lugar del mundo. Lo que dará lugar a la posibilidad de clasificados, repletos de europeos o americanos, por qué no. O sea, que se buscar equiparar en el Mundial chino, rigiéndonos por importancia de continentes, para acabar desbaratándolo con los últimos clasificados. ¿No sería más fácil que entrasen directamente para Tokio los mejores de la Copa del Mundo -punto- y a partir de ahí, buscar formas en los preolímpicos para dar cabida a los continentes menos favorecidos?

Preolímpicos y sus circunstancias, los hemos visto de todos los colores. En 1988, España sufrió los horrores de lo que significaba que tres -eran tres- europeos tan solo, fuesen a los Juegos de Seúl. Jugando España la vigencia de la medalla de plata angelina en un preolímpico continental, asumiendo que Yugoslavia y la URSS alcanzarían las dos primeras plazas, nuestro querido Antonio Díaz Miguel reclamaba que la cosa debía convertirse en un preolímpico a nivel mundial, como lo que vivió en sus primeros años en el cargo como seleccionador. Él proponía que hubiese un representante elegido por continente (sus ganadores o los anfitriones) y los demás, a dilucidarse en un preolímpico mundial. Allí sí se verían todos las caras y llegarían finalmente los más potentes. Y con los años, FIBA lo vio con buenos ojos.

Muy atractivo resultó la cita previa a los Juegos de Pekín 2008, unificando a todos los aspirantes en el OAKA ateniense, donde Alemania arrancó los sueños olímpicos de nuestro entrañable Moncho Monsalve, seleccionador de Brasil, así como lo fue en Caracas en 2012, donde Nigeria dejó fuera a Grecia. Las tres sedes y 12 países comentados de 2016, no son nada con las cuatro sedes y el festín de los 24 equipos para el próximo verano. Ante la negativa -por voluntad o imposibilidad- de ampliar equipos al torneo olímpico (que por tradición de muchos años ya, 12 nos parece un torneo muy atractivo), toca ampliar en los clasificatorios, tendencia FIBA de los últimos años.

Y este es el escenario, que cuanto menos, nos ha dejado algo perplejos. Como podemos ver, aquí, vivan las ventanas y vivan los preolímpicos. Y vivan los “calzadores” para buscar fechas, aunque no sean las mejores. Que se lo digan a Eslovenia.

 

La última vez que no llegó un campeón de Europa al Mundial, fue en 1954.