Ricky Rubio, en los Wolves como en casa

Ricky Rubio, en los Wolves como en casa

Antonio Rodríguez

              Minnesota suena mucho mejor que Oklahoma City. Para empezar, porque es un entorno que ya es familiar y lo más parecido a “residencia habitual” de Ricky Rubio en la NBA. Tanto la una como la otra son franquicias que están… no nos gusta usar aquí el “en reconstrucción”. Sería más adecuado insertar “buscando el norte” en ambos, perdido hace muchos años y en el caso de Timberwolves, muchos, muchos años. Y con la elección de Ricky podemos pensar -¿o es desear?- que el giro de la franquicia bajo los auspicios de Gersson Rosas, presidente de operaciones (baloncestísticas), Scott Layden y con la extensión del entrenador Ryan Saunders, por supuesto, da pie a confiar en una travesía más positiva.

              Minnesota durante la última década ha sido prototipo de modelo comercial en la NBA, vendiendo nombres, ensalzando altas elecciones del draft con gigantes posters de sus ídolos en los muros del Target Center y estadísticas de los citados para regocijo de… ¿de quién? ¿De sus aficionados? Los que aplauden a duras penas mientras sujetan esas bandejas de cartón cuando podían estar en sus gradas, haciendo ejercicios de funambulista para no derramar patata alguna ni el tenedor de plástico, impregnado del queso chorreante. Todo sea por el negocio. El problema es que sin las manos tan repletas, también aplauden a duras penas, porque están cansados de presenciar derrotas. Las suspensiones a la media vuelta de Andrew Wiggins o los triples de Karl Anthony Towns son un premio demasiado pobre como legado en los últimos años. La sensación de vacío que dan un puñado de jugadores cargados de talento ofensivo, pero incapaces de conjuntar nada, es cada vez más profundo. Pues en estas, aterrizó Rosas para cambiar la dinámica. Y en estas, aparece Ricky Rubio para focalizar tal ambición en pista.

              Aparentemente, parece haber brújula y se busca el orientador para manejar todo esto. Andrew Wiggins y su “juanpalomismo” fue enviado -con lacito- a Golden State, a cambio de un jugador con semejante y embriagadora calidad ofensiva, D’Angelo Russell, que también ha vivido en franquicias falto de alegrías deportivas, con la consiguiente toma de llaves para hacer y deshacer a su antojo. A veces en exceso. Pero, miren: ya es una declaración de intenciones desprenderse de quien no suma como conjunto. Añadan la incorporación vía draft en 2019 de un jugador, cocinero antes que fraile o, lo que es lo mismo, currante antes que estrella, Jarrett Culver, en ardua búsqueda del sacrificio para el beneficio colectivo, aunque su fin no sea el estrellato futuro. Y por si fuera poco, a nuestro querido Juancho Hernangómez, que desde el primer día de Summer League cuando lo vieron allí, se trataba de un jugador inteligente en pista a la espera de su cocción lenta en la mejora del tiro exterior. Ahora en ello, es un valor seguro y un puntal más que disfruta de minutos. Buen chico y consciente de lo que es jugar en equipo, protagonista también de nuestro bendito “oro chino”.

Ricky es el veterano, el director con conocimiento de la casa (importante), aquel que en otro tiempo ilusionó a la parroquia hasta su maldita lesión. Tiene galones de veterano y suficiencia para hacer jugar a todos, incluido la flamante elección número 1 del draft, Anthony Edwards. En la universidad de Georgia, Edwards tomaba el papel de solista muy a menudo. Aventuramos a decir que tras la “experiencia Wiggins”, tales deseos del elegido anoche, serán reconducidos, entre otras cosas porque tienen una estrella a la que hay que rendir cuentas, Towns, que para eso se brega en la zona y aguanta los codazos cuando toca. Y mete triples y es muy bueno.

La adquisición de Leandro Bolmaro parece que tardará un tiempo en llegar a Minneapolis. Para cuando todo este trabajo y hoja de ruta se haya establecido en los Timberwolves, se presentará el base argentino más formado, a hierro y fuego con el sello “Saras”. No hay prisa y hay muchos aspectos a limar en el proceso bajo el escudo del lobo.

Pues este es el panorama y la situación de Ricky Rubio de vuelta a Minnesota Timberwolves. Ilusionante y esperanzadora. Que su pelo “Beatle” de antaño pasa a ser un pelo largo acompañado de barba de tipo maduro. De oír órdenes desde arriba y aplicarlas a pie de parquet, como el vaso conductor de esa sapiencia. Y eso es beneficio para todos. Ricky volverá a surcar las frías calles de la ciudad con el coche y tendrá ese reconfortante momento de “mira, ahí vivía yo antes”. De estar nuevamente como en casa. Y en la pista, ante los aplausos de sus fans, también.