Doble Bol, doble impacto... ¿Hasta dónde?

Doble Bol, doble impacto... ¿Hasta dónde?
Bol Bol, imagen de NBA

Antonio Rodríguez

Curiosa la repercusión que tuvo anoche la destacada actuación de Bol Bol en la primera jornada de encuentros de pretemporada NBA desde Orlando. 16 puntos, con 10 rebotes y 6 tapones en sus 32 minutos de juego, que bien pudiera ser la primera vez que el hijo del mito Manute Bol tenga la ocasión de destacar a ojos de todos.

Como rookie este año en Denver Nuggets, no había disputado ni un segundo en liga regular, completando entre jornadas de lesiones y partidos de G League todo el calendario hasta ahora. Y no, no se crean que los que somos habituales seguidores de partidos NCAA nos podamos “tirar el pisto” comentando lindezas de su juego con la universidad de Oregon. Bol Bol jugó apenas 9 encuentros al principio de su única temporada allí, hasta que cayó lesionado en el pie y no volvió a disfrutar ni un segundo más de parquet. O sea que, es un jugador casi inédito al que la hambruna de ver NBA por parte de todos, convirtió la pista anoche en un marco perfecto de gradas repletas de... televidentes.

Reconocemos en Endesa Basket Lover que nos llama la atención la circunstancia que todos hayan vuelto la cabeza hacia él. Bol Bol no solo llevaba la etiqueta de “hijo de” en sus inicios ya en high school, sino que era de los jugadores más destacados de la nación. Sin ser en nuestra casa muy amantes del siempre-lo-bonito “mixtape” de Youtube, lo que sí apreciábamos en ese adolescente es que lo habían enseñado a jugar al baloncesto. Botaba bien, movía los pies con mucho criterio (nada fácil para alguien que proyectaba los actuales 2,20 de estatura), su mecánica de tiro era fácil y se protegía muy bien con su cuerpo. Llega a Oregon como una de las sensaciones nacionales... hasta que el infortunio del pie le obligó a dejarlo.

Una pena, porque su equipo tenía muy altas metas, llegando incluso sin él al Sweet Sixteen (los 16 últimos). 

Bien es cierto que, en esos 9 partidos donde promedió 21 puntos nada desdeñables, con un 56,1% en tiros de campo y un más que notable 52% en triples, tuvo la ocasión de alzar su bandera en el Madison Square Garden ante Syracuse, en el 2K Empire Classic, uno de los torneos tradicionales más prestigiosos de inicio de la competición. 

Por encima de sus números, su forma de jugar que aquí os mostramos. Habilidades en todo, incluido un suave “touch” en tiros a dos metros que desconocíamos y que le hizo poner el lazo a una sobresaliente noche en el escenario soñado.

Decide dar el salto a la NBA y en la ceremonia del draft, estando presente en la mismísima green room, oyó su nombre... en 2ª ronda, en la posición nº 44. Muy por debajo de las quinielas un año antes, muy por debajo de sus expectativas aquella noche. Denver Nuggets fue quien apostó por nuestro protagonista, mientras que todos los demás, estamos seguros que lo rechazaron a la pregunta del “¿qué hacemos con él?”.

Y es que es un jugador extraño, más si cabe en la NBA actual. Se mueve bien y tiene fundamentos, pero es lento. Sus doscientos veinte centímetros no están acompañados de explosividad en sus músculos. Tiene gracia hasta para jugar desde el exterior, driblar a 9 metros del aro, pero sus cualidades no le dan para hacer filigranas. No puede jugar en el interior porque es liviano de peso –no tanto como el padre, pero sigue siendo liviano- y tiene las de perder cuando se puja por un rebote tirando de músculo. No tiene tablas ni movimientos preconcebidos para jugar al poste. Sí, son muchos “¿qué hacemos con él?” Es un jugador extraño al que cuesta encontrarle una ubicación en pista.

He aquí la cultura estadounidense que, siempre contraria a sopesar primero carencias y rebotes, chequean de forma exhaustiva el “en qué nos puede ayudar”. Y claro que salen cosas. En un juego tan abierto, puede rebotear, mucho mejor en ataque que en defensa. Sí puede garantizar buenos porcentajes de tiro exterior nada más recibir. Y aunque se vea en vuelto en infinidad de fotografías de rivales machacando delante de sus narices, también puede taponar a algunos de esos osados. Nos resistimos a creer que un jugador de esa estatura, sabiendo jugar y con fundamentos, no sirvan a ninguna franquicia.

Lo de anoche está muy bien como reclamo, pero es ficticio. Sin embargo, también puede ser un motivo para dejar de menospreciarlo y pensar que en la NBA, que no deja de ser un mundo maravilloso en el que todo tiene cabida si realmente sirve, no les pueda ser útil. El sello “Bol” impone y aunque sea nominalmente, él lo dobla. Y como anoche, será doble impacto. Veremos hasta dónde.