Luka Doncic: Preguntas y respuestas ante el desafío NBA

Luka Doncic: Preguntas y respuestas ante el desafío NBA

Antonio Rodríguez

No habría pronósticos adelantados del gurú Adrian Wojnarowski en esta ocasión, sobre las elecciones de jugadores en el draft (que para eso lo contrató la cadena ESPN, productora televisiva de esta ceremonia), pero sí parecían quinielas muy asentadas las que dijeron que tras DeAndre Ayton y Marvin Bagley III, la tercera posición, elección de Atlanta Hawks, sería para Luka Doncic. La sorpresa que nos tenía deparada la noche (para algunos, como mi caso, bastante impresionable) es que su destino final, tras intercambio por el nº5 y otras consideraciones, sería Dallas Mavericks.

Y allá que tuvo ya la respuesta y felicitación de Dirk Nowitzki, encantando que tenga como compañero un “hacelotodo” como él y hacer brillar nuevamente a la franquicia del estado tejano, algo denostada en los últimos años. Doncic viaja al estado de la estrella solitaria con el convencimiento de Mark Cuban, propietario de los Mavericks, se ha hecho con los servicios de una estrella. Que para el estadounidense medio que ha oído reiteradamente su nombre sin apenas verle (algo que les irrita bastante), como contrapunto, a partir de ahora tendrán la expectación por presenciar sus evoluciones en las ligas de verano, a modo de preludio a su primera temporada NBA. Y le pondrán su nota, pero ya sobre el tapete del juego de haberle tenido delante.

 

¿Triunfará Luka Doncic?

Todos hemos visto su desarrollo a lo largo de las tres temporadas, semana a semana, tanto en Liga Endesa como en Euroliga. Somos perfectamente conscientes de su talento aquí, de su dominio, de las dudas -también- que ocasionaba a partir de abril, mitad saturación y sobrecarga física, mitad una terrible exigencia por ganarlo todo. Que si se dispersa, que se va a la NBA… que si es el MVP de la Euroliga y consigue cerrar un título liguero con un triple a una pierna de videojuego. Pros y contras con los que hemos ido conviviendo como aficionados. Pero, ¿tenemos realmente una perspectiva de cómo se pueden trasladar sus habilidades a la mejor liga del mundo? Hablo desde una atmósfera que intuyo, a este lado del Atlántico, de exigencia brutal sobre el esloveno. Para ir allí, le pedimos que sea el mejor jugador, el más guapo, el más responsable y el más respondón al mismo tiempo. Exigencias también de muchos “millenials”, que curiosamente eran las mismas que poníamos a los europeos que pensaban embarcarse en la NBA de los ochenta. “Es que si no, allí, no vives”, decíamos. Y llegaba un punto en el que contaba más en nuestras cabecitas, la debilidad defensiva de Drazen Petrovic, que sus habilidades anotadoras. Defectos generacionales que parecen venir de serie.

¿Qué se va a encontrar Doncic allí? 

Tenemos claro una cosa: portentos físicos. Es cierto. No se podrá ir en uno contra uno con la facilidad -ni con menos- que tiene aquí. Tendrá más exigencia física, más demanda de ritmo y velocidad en su mecánica de tiro, en sus acciones en general. Pero eso, jugando a lo USA, a lo de allí. Luka Doncic es un jugador hecho aquí. Que no es otro deporte lo que ha practicado, que el baloncesto es único y universal. Pero sí hay características de allí y de aquí. Estamos seguros que su adaptación, aunque nos inunden de highlights de sus pases y canastas, intentando evidenciar que triunfa (que tendrán que vender “el muñeco”, que decía Andrés Montes), costará. Y la sufrirá. Pero se hará con más rapidez del control de aquello, si actúa como es él. Porque sus virtudes, son para tener éxito sobre la pista en ese universo.

Intuímos que Doncic demandará balón para dirigir. Si quieren que optimice su rendimiento, tendrán que dejarle llevar la batuta. Y a nada que vean que es capaz de pasar un balón a nueve metros, dirigido justo bajo canasta a un tío que corta por línea de fondo o los tan cotidianos alley-oops (¡ay, amigo, como fichen a DeAndre Jordan! ¡Menudo regalo para ti!), pasando por todos los compañeros y rivales, comprenderán que sí, que habrá que darle el balón. Y galones también.

Su facilidad pasadora será -o al menos, eso pensamos- el primer billete para triunfar allí. Con la infracción de los tres segundos defensivos, lo que los nativos aprovechan para irse en uno contra uno, Doncic deberá invertirlo en dar buenos balones ante la mayor amplitud de espacios. Cortes o continuaciones de bloqueo, da igual. Pero hacerles la vida más fácil a los de su entorno. Y eso, algo que ya brillaba entre zonas colapsadas por las tierras europeas, será más atrayente y más fácil, sacados de su innato repertorio.

Hablamos de su físico. Todo el mundo dice que deberá mejorarlo. Lo hará, sobre todo su explosividad en las piernas. Ya hizo un trabajo fantástico, donde hace dos años vimos una progresión notable en su tren inferior, su mayor aval. Pues ahora deberá dar un paso más. Ya no hay tantos choques como en los noventa o en la primera década de este siglo. Ya no es tan necesario un cuerpo musculado. Pero sí, con los años, tendrá que definirlo, por ejemplo, para mantener una óptima defensa y para uso y disfrute de su tiro exterior, otra de las claves. Acelerar unas décimas su mecánica será la diferencia entre tener buenos porcentajes o no. Y eso es cuestión de piernas, de tiempo de reacción en ellas. Su paso atrás y suspensión será un ejercicio que practicará y pasará por un nuevo proceso de musculación.

Defensa

Muchos se preguntan que, si es el base, le costará seguir a los bases rivales. Sobre eso ya sacó el decálogo Pat Riley hace 30 años, de modos y maneras de compartir una defensa, con Magic Johnson marcando a los escoltas y Byron Scott al base. Nada nuevo bajo el sol.

Y entender lo que pasa en la pista. Saber quién es el líder y dónde le tiene que poner la pelota. Ese matiz de “dársela a la estrella” y “ponérsela donde la estrella quiere” (que a Nowitzki hay que ahorrarle esfuerzos y a Harrison Barnes hay que ayudarle), será lo que enamore a sus compañeros y comprendan que, con este rubio de oro, se puede ganar. Que ese es el objetivo. Por encima de las estadísticas, cuya búsqueda no debiera influir en su juego. ¡Ah! Y enamorar a la par a Rick Carlisle, eso por descontado. Coach que sabrá degustar todas estas virtudes.

O sea, que por nuestra parte, desde Endesa Basket Lover, no tenemos duda que Luka Doncic triunfará. Necesitará esta campaña para mostrar dudas…y solventarlas. Que juegue para ganar y no buscando lucimiento personal. Que extraiga lo mejor del baloncesto balcánico, otrora dominado en USA y cada vez más olvidado allí. Que nosotros nos encargaremos de apoyarle desde el día 1. Ya no es más un jugador que juega entre nosotros, pero sí siempre será un poco nuestro.