Nico Brussino: el argentino callado

Nico Brussino: el argentino callado

Antonio Rodríguez

Nico Brussino apoyaba sus pies en los asientos delanteros en la grada. Con los brazos cruzados, echándose hacia el respaldo, miraba con atención el partido, mientras escuchaba la charla de su padre en el asiento contiguo. Nico, calmado, ni quitaba ojo al juego. No había nadie más a su alrededor y callaba. Escuchaba y callaba. De vez en cuando se incorporaba echándose hacia delante, sin perder la vista del juego. Era otro mundo, un universo nuevo al que iba a desafiar próximamente. Con la indumentaria de Dallas Mavericks aún puesta, en aquel gigante evento que supone la NBA Summer League, en Las Vegas, intentaba evadirse de todas las luces y centrarse en lo importante: el juego. 

Era el verano de 2016 y estaba dispuesto a embarcarse en la gran aventura de su vida. Regatas Corrientes y Peñarol quedaban atrás. Su país, que tanto lo mimaba, quedaba para el vistazo al retrovisor. La zona de confort quedaba muy lejos de aquellas gradas. Ahora, los Mavericks se habían fijado en un chaval espigado, suave y elegante en sus movimientos, habilidoso en el bote como para jugar en el perímetro a pesar de sus 2,05 de estatura. Había promediado 15 puntos y lo más interesante, 40% en lanzamientos triples. Sin embargo, en la temporada 16/17 leyó en su camiseta mucho más de lo que él quisiera el nombre de Texas Legend, el vinculado a los Mavs en la D-League. En la franquicia NBA, disputó 54 partidos, con apenas 9 minutos de juego y un pobre 37% en tiros de campo. El 20 de julio, Brussino fue cortado. Una nueva oportunidad en los Hawks de Atlanta que tampoco fructificó y en diciembre de 2017, hacer las maletas en busca de otras oportunidades muy lejos de casa. Y apareció en su vida Gran Canaria

Cuatro años después, Nicolás Brussino es uno de los aleros más atrayentes de la Liga Endesa. Como la mayoría de sus compañeros, este curso está llegando al nivel de excelencia que Gran Canaria va alcanzando, con 6 victoria y 3 derrotas (empatados junto a UCAM Murcia y Lenovo Tenerife por la tercera posición). Y con un rendimiento regularmente notable, nos quedamos prendados de su facilidad para anotar triples, subir el balón con una pasmosa destreza, una rapidez de ejecución digna de las mentes más clarividentes y esporádicos regalos, como el dribling por detrás de la espalda ante la presión de un rival en el partido del sábado ante Río Breogán, que provocó la admiración general. Detalles que muestran al jugador técnicamente sobresaliente, que por fin brilla en todos los encuentros. 

Cierto que juega prácticamente los mismos minutos que en su periplo de dos años en Zaragoza (24), pero ante la más amplia rotación con la que cuenta Porfi Fisac, el reparto de protagonismo es mayor. Los 7,1 tiros a canasta han menguado a 6,1 (respecto a sus dos mejores años ACB, en Zaragoza), así como su anotación (de 10,6 a 8,2 en esta nueva experiencia en Las Palmas). Sin embargo, siendo más utilizado desde en tareas perimetrales, 48% en triples (comparado con el ya más que destacado 42,3% efectuado en Zaragoza), le convierte en una amenaza permanente cuando está en pista. Un incremento de porcentaje dado, porque él ahora se aleja un paso más. Ya no hablamos de triples a 7 metros, sino eso: un paso más. Como su juego.

Su mecánica fácil derrite a sus aficionados. Nico lanza con la naturalidad de quien tira a la canasta colgada en la puerta de su habitación. Es un gesto natural, suave, acompasado, innato, que junto a su salto, lo saca desde tan arriba que no hay brazo que pueda llegar a puntear eso. Añadan que su defensa este año está siendo dedicada y, siendo jugador perimetral y con esos brazos, es capaz de provocar dudas cuando ayuda en el pick&roll rival y no ejecutar bien, como ayudar a bloquear en el rebote a jugadores interiores.

Este año, nuevamente junto al entrenador que mejor partido ha sacado de él en España, Porfirio Fisac, asume que, como Ennis, Slaughter, Salvó, Albicy y otros cuantos, quizás estén jugando su mejor baloncesto. Lo que más nos choca son sus gritos de rabia este año. Ha conseguido auténticas maravillas de canastas y las ha celebrado con una efusividad que, alguien tachado de frío como él, no solía mostrar. Y esa es la imagen de un jugador satisfecho con el devenir de estos días en lo referente a un balón y un cesto, entusiasta entre un grupo que está encantado con los resultados a base de sacrificio y de mucho talento individual (no hay estadísticas, pero actualmente Gran Canaria tiene que ser de los equipos que mejores réditos debe sacar en jugadas relámpago de conceptos sencillos a pocos segundos de acabar la posesión). 

Aun así, Nico Brussino sigue arrancándose a hacer florituras que se celebran en la grada y deja que lo feliciten, pero siempre callado. Quizás, su silencio en las gradas de Las Vegas viniera dado por la búsqueda de un horizonte que no estaba al norte de su casa, sino mucho más al este. Y en Las Palmas, en este “lugar en el mundo”, brilla, emociona y lo disfruta.