Clevin Hannah, héroe sin autor

Clevin Hannah, héroe sin autor

Antonio Rodríguez

Virar la mirada y buscar a los derrotados. A los de frente helada y cabeza gacha cuando Neno Dimitrijevic anotó por elevación, con toda la clase y la frialdad que necesitaba el momento más candente. Cuando así, Joan Peñarroya puede volver a explicar una victoria para Valencia Basket con su ya casi famoso “agarrándose al partido”. Alguien en particular, líder y héroe al mismo tiempo, siente cómo le arrancan algo que pensó que le pertenecía, que había dado todo por ello. 

Clevin Hannah, galones y orgullo que no permiten derrumbarse, aguanta el tipo aún sintiéndose devastado por dentro, junto a sus compañeros del MoraBanc Andorra. ¿Qué es dar todo por estar “al otro lado”, el reverso triunfador? 33 puntos. ¿Les parece suficiente? Nadie ha llegado a esa cifra en anotación esta temporada en Liga Endesa, nadie. De hecho, excepto el éxtasis triplista de Bruno Fitipaldo ante Unicaja (31 puntos), nadie había llegado a la treintena en estas 7 jornadas disputadas. 

Y Hannah lo hizo a lo grande, la voluntad de hacer ganar a los suyos que por momentos, movió cimientos, anotando 26 puntos en la segunda mitad, levitando durante su racha de triples final con el mismo destino: la red. Los héroes cargan sobre sus espaldas con la responsabilidad de un club, una ciudad, un país entero en este caso. Los fantasmas de una mentalidad que, tras cuatro derrotas consecutivas como arranque, se asentaban en las cabezas de sus protagonistas cual nubarrones. Todo eso pesa. Y si se asume, podemos llegar a ver actuaciones como la del pasado sábado en el Poliesportiu d’Andorra (12 de 16 en tiros de campo, 5 de 8 en triples y 4 de 4 en tiros libres). Esto es hacer todo lo posible. Aunque luego el héroe se quede sin autor de su epopeya, porque el trovador elige el camino que ensalza las cualidades del joven montenegrino que dio el triunfo taronja al final de la batalla. 

Lo de Clevin Hannah fue una de las mayores exhibiciones ofensivas vistas esta temporada. No, la mayor. Directamente. Porque antes de forzar la máquina y ver un triple suyo tras otro en la misma secuencia de efectividad, sabía cómo entrar a canasta y seguir en su permanente comunión con el balón y las redes. Desarboló por completo a su marcador cuando era Dimitrijevic. E hizo lo mismo cuando Martin Hermannsson le tenía guardado la carta-trampa de “enviárselo” a los hombres altos. Pero Labeyrie intentaba con sus largos brazos, sin fruto alguno, detener los tiros bajo el aro del base estadounidense, sacados desde las posturas más inverosímiles. 

Y la maestría en todo lo que hace. Clevin Hannah es de los jugadores de nuestra competición que mejor lee los pies del rival. Si se fijan, en muchas ocasiones no mira ni los ojos ni las manos del adversario en sus particulares uno contra unos. Mira hacia abajo. Según la orientación de sus pies, así extrapola la colocación del resto del cuerpo y sabe cuándo deberá arrancar sin que el incauto defensor tenga tiempo a reaccionar, por su mal posicionamiento. Observa, ve cómo los hombres altos rivales se ubican, programando así el segundo capitulo de su entrada a canasta. Chequea todo, visualiza los siguientes segundos. Esto lo da la citada maestría y los años de experiencia para saberse líder. El líder que se acerca a Codi Miller-McIntyre y reconduce todos sus arrebatos hacia la mayor productividad. Que los mates de espaldas en “alley-oop” levantan un pabellón entero y hasta un partido, pero se necesita el temple para saber cuándo no toca la forzada suspensión con paso atrás o aventurarse a una zona plagada de tráfico. Y lo alecciona. Escuela de líder que dan los años, la importancia de su figura, su peso en el equipo.

Por ello la lluvia de triples final, para poner a su equipo por delante, tras un cuarto final en el que siempre estuvieron a remolque, tiene tanto valor. Y es respondido a la primera vez. Y de su convencimiento arranca otro triple y 75-74 a falta de 21 segundos y una seguridad en todo el recinto de que este jugador no puede fallar. Hasta que llegó la sentencia de Neno. Con anterioridad, dos victorias consecutivas habían reconducido las expectativas andorranas. Saltar a pista con problemas físicos para retomar el rumbo perdido en la victoria en casa ante Gran Canaria, o ser partícipe de la inspiración de Noua y el resto de sus compañeros en Badalona, pretendían tener un tercer capítulo y fue esta vez su turno.  Verse obligado a anotar 33 puntos y que no fueran suficientes. Duele. 

Todo el baloncesto que tienen dentro Clevin Hannah son fichas de una guía de cómo jugar, un alegato a la belleza de este deporte, un lujo para nuestra Liga Endesa y un cartel de grande que, en esta ocasión, no sirvió. El héroe esta vez no tuvo autor, pero sí ecos de su actuación. Por ello, nos sentimos dichosos por reflejarlos aquí.