Jamel McLean, mandar en la zona

Jamel McLean, mandar en la zona

Antonio Rodríguez

Uno de los inicios esperanzadores en Liga Endesa fue el de Casademont Zaragoza y sus dos victorias de arranque (en Bilbao y ante Manresa). Cierto es que el punto negro y el naufragio ofensivo ante Hereda San Pablo Burgos en la última jornada (54-75) parece avisarnos que no es el oportuno para hablar de este equipo, cuyo aciago día de la jornada 3 (36,7% en tiros de campo) en nada tuvo que ver con las dos actuaciones precedentes (promediar 99 puntos, con un 53,4% en tiros de campo). 

Sin embargo, en Endesa Basket Lover somos unos aventurados. Simplemente lo que vemos y nos gusta, nos afianza en el convencimiento que funciona, independientemente de algún tropezón puntual. Independientemente incluso, de un calendario de aúpa que se le avecina a los maños, recibiendo a Valencia Basket mañana sábado, visitando el Palau Blaugrana el próximo martes (encuentro adelantado de la 6ª jornada) y vuelo hacia La Laguna, ante Lenovo Tenerife, que afee cualquier alabanza que hagamos de forma presente. 

Y lo que nos ha gustado, entre las muchísimas cosas en este arranque liguero (intuíamos que esta temporada iba a ser algo especial), es la aportación del pívot de Casademont Zaragoza, Jamel McLean. Cierto que los focos se orientaron hacia la ametralladora Matt Mobley (8 de 13 en triples en las primeras 2 jornadas), con una facilidad anotadora pasmosa. Tiempo tendremos para ponerlo en el objetivo. Sin embargo, en este Jamel McLean, la consistencia mostrada como pívot nato, es digna de destacar. Jugador de 33 años, que ha militado en la élite europea (Olimpia Milano, Olympiacos y Alba Berlín entre otros), es sapiencia y fuerza conjunta al servicio de un club que venía aquejado por la inconsistencia interior en las últimas campañas. McLean, por encima de todo, tiene mucho oficio. Y eso que es tan tópico, ¿qué significa? Pues que optimiza todo su repertorio en servicio del equipo. Vale, también suena a tópico. Desgranémoslo

Para empezar, se hace mucho más grande de lo que es. Francamente, los 203 centímetros con el que lo marcan, nos parecen generosos. Sin embargo, hay una sabiduría muy concreta procedente de ciertos focos de Estados Unidos, en los que inculcando la pura esencia del pívot, consiguen que en pista se les vea, intimiden, parezcan muchísimo más grandes y les ornamentan con un instinto asesino que otros, con más estatura, no poseen. En definitiva, ser pívot es una mentalidad, no una “carrocería” con ciertas condiciones físicas. De hecho, ver la estampa de nuestro protagonista defendiendo con contundencia al pívot bilbaíno Jeff Withey, que le sacaba una cabeza, era llamativo. 

Sus 12,5 puntos y 5,5 rebotes en sus primeras dos actuaciones (en 21 minutos de promedio) se explican porque manda un mensaje claro que por donde él gane una posición, allí no se pisa. Y tan convencido las gana que, precisamente por pura posición, es capaz de tocar balones rechazados del aro para sus compañeros (esos rebotes que no se computan individualmente, pero cuentan con el mismo valor), cuando la envergadura rival que le rodea es muy superior. Y en ataque, sabe ser contundente en poste bajo, desafiando a un adversario en uno contra uno, que, confiado en que se bastará y sobrará, probará la hiel de los tiros cortos de Jamel, utilizando como escudo protector su tremenda anchura de hombros. Y cuando continúa bloqueo, no es de marcar los dos pasos en una entrada yendo por velocidad, sino que se planta con parada en un tiempo y saltando con las dos piernas usando sus hombros, su envergadura de brazos y el especial toque final para bombear, concluye con la canasta o la falta personal, mientras que al otro lado del ring se intuye la frustración del adversario.

Cuando él está en pista, más pronto de lo que su entrenador, Jaume Ponsarnau, desearía en ocasiones, debido a los problemas de faltas en los que tan a menudo incurre Tryggvi Hlinason, es como tornar la zona en una selva hostil. Y no ya tan solo en defensa, sino que en cada posesión en el que el balón cae en sus manos, es potro de tortura para el rival. No será McLean jugador de muchos puntos, aunque sí es cierto que lo vemos satisfecho en pista, cómodo con sus compañeros y físicamente parece no adolecer de ningún lastre precedente para los años que lleva desfilando por Europa. Así que podremos degustar toda su filosofía de “pívot-pívot” al completo. 

Y sobre todo nos atrae… entiéndanlo. Zaragoza es una plaza histórica, en la que hubo un tiempo en el que el icónico pívot norteamericano que fichaba por el club y se sacaba de la chistera José Luis Rubio, podía marcar una competición. Y reiteramos el concepto de jugar como cinco puro, aun estando en desventaja de centímetros. Aún resuenan por allí ecos de ‘dueños de la zona’ por dominio físico y técnico, recuerdos de Kevin Magee, Eugene McDowell o John Turner, con sus dos metros peladitos (si llegaban), añadiéndose el dominio técnico de los Claude Riley, Piculín Ortiz o Melvin Turpin. Esto es Zaragoza. Y cuando vemos ramalazos de todo aquello, nos entusiasma. Y parece que con Jamel McLean intuimos cierta herencia. Y lo disfrutaremos. Y con ello, Casademont Zaragoza saldrá ganando. No lo duden.