SUPERCOPA ENDESA 2021: Real Madrid, la convicción del campeón

SUPERCOPA ENDESA 2021: Real Madrid, la convicción del campeón

Antonio Rodríguez

Hay un momento concreto en los últimos minutos de la final Supercopa Endesa, en la que el Real Madrid pareció exponer todo su trabajo para la remontada sobre el parquet y el rugido sonaba como una locomotora imparable. Tras el naufragio en el tiro exterior del Barça en el último cuarto y por una vez en muchas posesiones, Calathes intentó pasar un balón interior a Brandon Davies en la continuación hacia canasta. Y fue ahí donde Carlos Alocén lo interceptó y los blancos corrieron el contragolpe hasta el mate de Vincent Poirier en “alley-oop”. Aún la remontada no se había culminado por su parte (79-78), pero parecían tener el partido con en control a su disposición de cara al 83-88 como marcador final.

Alocén había sabido dar continuidad a toda aquella labor defensiva que, desde el inicio del choque, Pablo Laso intentó tejer con la marca de Adam Hanga sobre Nick Calathes, imitando a lo que puso en práctica con el propio Hanga y Jeff Taylor sobre Marcelinho en la semifinal ante Lenovo Tenerife: había que seguir presionando al base en el momento en que este diera el pase y resolviera, a pesar de haberse quedado previamente estampado en un bloqueo o intentar sortearlo. De ahí la altura, capacidad atlética y envergadura de los hombres mencionados para tan difícil tarea. De ahí, el mérito del joven base zaragozano para cumplir con sobresaliente esa misión, tocar un pase bombeado de Calathes en el aire tras saberse sobrepuesto del bloqueo y convertirlo en posesión de los suyos y un futuro contragolpe.

Pasadas 48 horas, todavía sigue siendo asombroso cómo un equipo que perdía por 19 puntos (63-44) a 05:19 del final del tercer período, con 17 puntos todavía a falta de 11:40 para la conclusión (69-52), estuviese arrastrado por su fe y capacitado para dar la vuelta a un enfrentamiento ante su máximo rival que, hasta ese momento, apenas había planteado fisuras.

Hay jugadores con chispa de las de no apagarse, de auparse y viajar en el DeLorean, como anunciaba Fran Fermoso en la narración televisada del encuentro, para seguir brillando por sí mismos. Sergio Llull, desde la desventaja de 19 puntos hasta el final del tercer cuarto, asistió para el mate de Vincent Poirier, anotó una entrada a canasta, culminó un contragolpe y dos triples para concluir el cuarto con 10 puntos en escaso tramo de tiempo. 8 de ellos de forma consecutiva y traducir el 71-62 del marcador en un “sí es posible”. 

El mismo Real Madrid que se había repuesto a un 0 de 17 en lanzamientos triples como inicio de la semifinal ante Lenovo Tenerife, el que vio cómo Rudy Fernández tenía que ver la final desde un punto demasiado distante del parquet a causa de una lesión de rodilla y el que tuvo que soportar 5 puntos consecutivos de Cory Higgins, que volvían a despegar al Barça en el último cuarto de la final, iba perfilando la estampa heroica en esta edición de la Supercopa Endesa. Ya hemos contado que la labor defensiva era muy eficiente ante maestros del dos contra dos en los equipos rivales, como Marcelinho, Fitipaldo y Calathes, a verse forzados a rotaciones más continuadas por el tremendo calor reinante en el Santiago Martín tinerfeño y que Sergio Llull, en la pista del “cuyo nombre no quiero acordarme”, encontraba la inspiración que buscaba desde la tarde del “tampoco quiero acordarme”. Que ya tocaba.

En los momentos importantes, sobre todo cuando se pretende remontar, es de suma importancia asegurar el rebote defensivo. Y los jugadores entrenados por Pablo Laso encontraron dos baluartes en los franceses Vincent Poirier y Gerschon Yabusele, para morder si era necesario por asegurar su posesión, aunque fuese palmeando el esférico hacia fuera, para un compañero. Y que para resolver con la decisión y la frialdad del que permanece invicto en un playground viendo desfilar rivales, estaba Nigel Williams-Goss, que tiene la temperatura cogida a todo lo que se cuece a su alrededor en su nuevo escenario, anotando canastas fundamentales. 

Como los buenos campeones, tuvieron ese golpe de fortuna de ver a rivales azulgranas solos, tras buena circulación de balón, en lanzamientos exteriores que no anotaron (ese fue el puntual gran error en los jugadores de Jasikevicius, insistentes en tiros abiertos cuando estaban aciagos ante el aro y no cambiar el guion) y sobre todo, la suspensión clara de Brandon Davies desde la bombilla, a falta de 35 segundos y con 83-85 para los blancos, que heló la sangre a su defensor y también erró, cuando tiene un porcentaje altísimo desde ese punto de la pista. Todo suma y todo se evalúa, para llegar al final y un título para el Real Madrid, llorado hasta el desconsuelo por el protagonista de esta edición de Supercopa, el héroe que derribó multitud de obstáculos mentales y volvió a tener la determinación de siempre, Sergio Llull