El arte del "Alley-Oop"

El arte del "Alley-Oop"

Antonio Rodríguez

Valencia Basket salió victorioso y muy fortalecido tras el segundo encuentro de  semifinales ante Real Madrid (85-67), empatando así la eliminatoria. Un triunfo, mostrando la  mejor versión de sí mismo en La Fonteta, con la asignatura y la búsqueda en su salto de  calidad de lograr mostrar el mismo “colmillo” cuando salen de su recinto.

Sea como fuere, en su particular batalla por el juego interior ante el trío Tavares-Poirier-Garuba, lograron hacer rechinar espadas en la zona, cargando una y otra vez sus  ataques en ella en ella (40 puntos para su trío Dubljevic-Labeyrie-Tobey). El trío del Real  Madrid cuenta con una excelente calidad, pero resultan escasos efectivos, sumando el dañado  músculo en el gemelo de Garuba. Y por ahí fueron los derroteros en el todo-o-nada en los  hombres entrenados por Ponsarnau. La receta del poste bajo de Dubljevic ante Tavares se usa  cada vez menos, porque no da óptimos resultados (nadie puede tener buenos resultados en el  uno contra uno ante Tavares), por lo que ir entrando en la zona con la “moto ya arrancada”  parece ser una alternativa táctica más válida. Lo hemos visto en este Playoff en Kalinic, en  Dubljevic continuando bloqueos y sobre todo, en esa excelencia que tienen los taronjas en el  juego del “alley-oop”.

Valencia Basket es el equipo que más claro tiene utilizar el “alley-oop” para resolver  un dos contra dos central frente a adversarios muy altos en ataques estáticos. Vale que el  Barça cuanta con Calathes … y quien se ponga debajo. Cierto es que Walter Tavares coge  balones muy arriba para hundirlos como si lo hiciese en la canasta de juguete de la puerta de  nuestra habitación. Sin embargo, quien lo usa de forma más continuada y de una manera más  metódica, son los levantinos.

Ellos trabajan algo que en Endesa Basket Lover nos fascina: la cercanía para soltar el  pase bombeado. Es el más corto de todos los que estamos viendo en estas eliminatorias.  Ajustando la salida del bloqueo, intentando adentrarse lo más posible en la burbuja de la zona  y ahí, esperan con toda la paciencia si el grande sale a intimidar y ¡zas!, el momento del pase  bombeado que, en ocasiones, no está a más de 3 metros de distancia. Y lo ejecutan  mandándolo lo más cercano al aro posible. El siguiente paso es que el pívot que continúa  bloqueo y lo recepcione en el aire, en tan escaso espacio de tiempo y distancia, saber atraparlo  y casi empujarlo hasta la canasta. Ese es su gran mérito. Hay que estar muy bien colocado y  preparado.

¿Maestros? Para dar el pase, nos quedamos con Sam Van Rossom. Agresivo, capaz de  pasar el bloqueo muy pegado a su compañero y tener la capacidad, una vez en las  inmediaciones de la zona, de amenazar levantándose para anotar en cualquier momento, lo  que obliga a forzar ayudas. Y cuando el hombre alto rival sale a su paso, saber que el camino a  su compañero del bloqueo está expedito hacia el aro. Y suelta el balón al aire, en una  trayectoria bombeada con el arco suficiente y pegadito al aro, para que el receptor lo hunda.  ¿Y quién es el maestro “del aire”? Nos quedamos con Mike Tobey y su instinto para coger esos  pases. Es frustrante para los rivales ver que un balón lanzado arriba, parece que al vacío, si no  se está bien colocado en defensa, se asume que el estadounidense lo atrapará y con las dos  manos, bien amarrado, lo estampará en las redes. Y La Fonteta estalla.

Ellos han ido estudiando que, cuanto menos recorrido haya en el pase, cuanta menos  distancia haya entre el emisor y el receptor, más efectividad posee. A esto, ayer se añadió un  experto volador como Derrick Williams, que con él se puede pecar de no tanta precisión en el    pase, puesto que va a coger igual. Y en un par de ocasiones, bien que lució, uniéndose a tal  festín. En el cuerpo técnico valenciano bien claro tienen lo que deben hacer. Y parece que han  inculcado esta mentalidad en Williams, que la solución no era superar a su par en uno contra  uno entrando a canasta, porque a defensas ordenadas como estamos viendo e innumerables  ayudas, acaba en problemas. Sino que aproveche el recorrido tras un bloqueo, que parta  desde el lado contrario… que se arranque, en definitiva, como los demás, para hacerle llegar el  balón. Y cuanto más alto para él, mejor.

Valencia Basket ha visto que ante la intimidación de tipos como Fall, Jekiri, Tavares o  Poirier, la solución del “alley-oop” en estas condiciones, está resultando. Y lo ejecutan con  verdadero arte. Y son puntos en la zona que hacen daño y están dando victorias. Por el  momento, semifinal liguera empatada.