Steven Enoch, la mejoría más prometedora

Steven Enoch, la mejoría más prometedora

Antonio Rodríguez

              Va de anécdota: calurosa mañana de julio en la que, a las diez de la mañana, TVE emitía en diferido el partido entre Estados Unidos y China. Era la segunda jornada en la que pudimos ver al fin a la selección USA en el Mundobasket España’86. La señal de narración del eterno bronceado -y más en Málaga siendo mes de julio- Quique Guasch desde Ciudad Jardín, se fue por problemas técnicos y un redactor con pinta de gustarle el baloncesto que paraba por la continuidad de Torrespaña, se puso a “los mandos” de la narración. Entre los americanos destacaba un ala-pívot con el número 15, que la rotulación del grafismo denominaba como “Smith” y el improvisado narrador no contaba entre su información con ningún jugador de tales características apellidado “Smith”, que no fuese el escolta Kenny. Charles Smith se unió a última hora con los yanquis sin tan siquiera pasar por los trials en Colorado Springs. Quien sí aparecía en sus últimas listas era otro ala-pívot, Charles Shackleford. Así que, ante la insistencia anotadora y la reiteración de “Smith”, nuestro protagonista tomó el camino de en medio y lo bautizó como “Charles Smith Shackleford” a cada canasta. Y a otra cosa.

Del tal Shackleford hubo de esperar para verlo actuar en España unos cuantos años, entremezclando entre medias algunas fotografías de aquellos fascículos de Basket USA, certificándonos que era estrella en la North Carolina State de Jim Valvano y hacerlo con nocturnidad. No, no es que fuese algo clandestino, sino que fueron en las retransmisiones de madrugada de los sábados en “Estadio 2”, en las que TVE cubría ‘lega’ italiana (aquellos locos años) y pudimos verlo al fin en un papel muy responsable, cuando por primera vez la Phonola Caserta se alzaba con el título liguero, algo inédito en cualquier equipo del sur de la península.

Shackleford era un jugador que parecía más grande de lo que sus 208 centímetros tallaban. Corpulento, bastante estático en su juego, con un trabajo que sobresalía. Se plantaba en poste bajo, aprovechaba una posición cuando todavía el balón circulaba en el lado contrario y la mantenía, esperando que el juego se invirtiera de lado y cayera en sus grandes manazas. Con una gestión sobresaliente de cuerpo y sus gestos, como para no moverlo, enfilaba el contra uno de espaldas al aro, la ayuda de un pivote y subía los brazos para hacerse sitio con sus anchísimos hombros y lanzar tiros cortos. Con la derecha, con la izquierda, daba igual. Su toque con ambas manos y sus tiros certeros en distancias cortas acababan casi siempre dentro, sin importar la oposición. Y eso, en un baloncesto en el que los hombres altos tenían un protagonismo preponderante, era embaucador. Esa gracia era propia de los maestros de las zonas que con pocos movimientos sacaban gran rédito y en ocasiones, caían por Europa.

La pena es que Shackleford nunca recaló en España. Tras un año en Italia, en 1991 regresó a su país para volver a recalar en la NBA donde permaneció 6 temporadas de forma, intercambiándolo con años entre Turquía y Grecia. Cierto que en sus años de mayor veteranía, los días en los que “tocaba jugar” y destacar se espaciaban más en el tiempo. Aun así, era una delicia. Bien, pues ver las últimas actuaciones de Steven Enoch con Monbus Obradoiro, es recuperar mucho de los ramalazos de aquel Charles Shackleford. Porque lo tiene.

              El juego ha cambiado. Treinta años más tarde, el baloncesto hoy es distinto y los hombres altos tienen que destacar también por su movilidad. Y una movilidad meditada. Esa es la gran asignatura que les obliga y, a veces, les engulle por estar entre dos aguas. No pueden ser tipos estáticos sin salir a defender al exterior, ni autómatas moviéndose con dificultades al compás de la jugada, sin tener claro tampoco qué defender. Y ‘la madre del cordero’ en defensa, cuándo se debe negar una presumible penetración de un pequeño, dando un paso al frente y ‘presentándose’ para disuadirlo, sin perder del todo la defensa de su hombre o asegurarse que recibe ayudas.

En cada posesión de ataque, deben tener la inteligencia de dominar los ángulos, sea cuando ganan posiciones en poste bajo o todo cuando continúan bloqueos, para crear buenas líneas de pase y mantenerlas, ayudando al base en el trabajo de poder pasarles en diferentes momentos de su acción.

              Es un trabajo de concentración y mentalización permanente, de basculación constante, que se va estudiando y mejorando con los partidos y los años. Y Steven Enoch va captando todos estos conceptos, aunque sea muy joven todavía. “Todo tiene un proceso” declaraba Víctor Pérez, asistente de Moncho Fernández en Monbus Obradoiro, en un reportaje que M.G. Reigosa escribía para “La Voz de Galicia”. “Es un debutante en el baloncesto profesional y en la Liga Endesa. Ahora va entendiendo lo que queremos y dónde nos puede ayudar”.

En Endesa Basket Lover nos llamaba poderosamente la atención lo mal que se colocaba tanto en ataque como en defensa cuando cursaba -y jugaba- en la universidad de Louisville. En muchas jugadas era defensivamente inoperante por no estar en el lugar adecuado. Tras defender un pick&roll, su colocación para el rebote defensivo era mala, porque no tenía la claridad de ser necesario bloquear el rebote. Básicamente se centraba en su hombre permitiendo muchas penetraciones cercanas a él sin asumir que también era su responsabilidad. En definitiva, errores de incomprensión. Esta temporada, sin embargo, es un jugador que va dando pasos muy positivos y lo bueno es que, a cada jornada, se percibe un trecho más en su conocimiento y crecimiento.

Sus números últimamente lo refrendan todos los piropos que podamos echarle:

-          Promedia en sus 3 últimos encuentros, 27 minutos, 23,6 puntos y un 60,5% en tiros de campo, duplicando los minutos en pista hasta entonces.

-          Y lo podemos extender un poco más. Desde el 20 de marzo en el que jugaron ante Unicaja en el Fontes do Sar, lleva promediando 18,7 puntos cuando su media hasta ese momento era de 6,7 por partido.

-          Es el segundo center de la Liga Endesa con mejor porcentaje desde la línea de tiros libres (88,5%), por detrás tan solo de Giorgi Shermadini con 89,7%.

Son 2 victorias (ante BAXI Manresa y Herbalife Gran Canaria) y 1 derrota (en cancha del Coosur Real Betis) en este espectacular último periplo. Los pívots serán pívots y nunca dejarán de serlo por mucho que cambie el juego. Quizás por ello su capacidad de lectura y reacción deban ser muy importantes, con él y con todos los pívots que ambicionan la élite. Exige salir a 7 metros del aro y mostrarse en la defensa de un 2 contra 2, a puntear triples, pero en el fondo se valora por defecto la protección del aro. No pueden ser autómatas de lo que dicte cada jugada y sí tener rapidez mental para elegir la situación que pueda creer más conveniente.

              Es cierto que aún queda mucho trabajo por hacer. “A nivel defensivo hay cosas que está haciendo mucho mejor” declaraba Víctor Pérez a “La Voz de Galicia”.  “Pero hay margen de mejora. En eso es bastante distinto el baloncesto europeo de la liga universitaria, en la hora de defender y valorar las posesiones. En eso estamos”.

Mucho del repertorio del pívot clásico, lo tiene. Como lo tenía Charles Shackleford. El preciso y precioso tacto en tiros cortos con ambas manos, hacerse un sitio siendo grande con sus hombros ante pívots de mayor estatura, muñeca privilegiada para tiros de media -y ahora de larga- distancia y sobre todo, lo ya comentado en los tiros libres. ¿Le han visto lanzar tiros libres? ¡Es una joya! Desempolven esta frase, casi tallada en piedra en la historia del baloncesto y repítanla de forma asidua: el tiro que más veces ejecutará un hombre alto, será el tiro libre. ¡El tiro libre! Hay que dominarlo. Y busquen quién fue el último jugador que logró 14 tiros libres -o más- sin fallo en un encuentro de Liga Endesa.

              208 centímetros diferenciados en 30 años, con un baloncesto muy semejante en muchos aspectos, solo que adaptado al siglo XXI. Shackleford ganó mucho dinero jugando al baloncesto. Steven Enoch está en puertas de ganarlo, porque aun quedando mucho trabajo, su evolución muestra que hay ganas de trabajar y Santiago, con el cuerpo técnico del club, parece el lugar propicio. No hace falta venderlo mucho más tras sus tres últimas actuaciones. Como aficionados al baloncesto -y en particular los obradoiristas- lo que toca, es disfrutarle. Tan fácil como eso.