El momento Basket Lover de la jornada: Darío Brizuela, servir y comer

El momento Basket Lover de la jornada: Darío Brizuela, servir y comer

Antonio Rodríguez

              Restaba 01:47 para el final cuando un triple de Darío Brizuela ponía el 74-83 en el electrónico. ‘Partido sentenciado’ es algo que nunca se debe decir en baloncesto y buen uso de ello hizo Monbus Obradoiro anotando tiros libres mientras veía a los rivales ejecutar tiros relativamente cómodos… que no entraban. Y con la valentía y veteranía de Albert Oliver, le llevó a la decisión de ir hasta el corazón de la zona y anotar el empate a 83 a falta de poco más de dos segundos.

              Por ello, Darío Brizuela tenía la asignatura pendiente de cerrar el encuentro por segunda vez. Y con el escenario preparado como a él le gusta. Abierto y en balón en sus manos, todos en pista expectantes, con un rival en su marca, Álvaro Muñoz, cargado de responsabilidad y temor a picar en alguna treta del donostiarra. Todo lo deseado en nuestro protagonista. Dos botes para entrar a canasta, parada en seco, paso atrás para la suspensión pisando línea de tres y… a esperar que la suerte dicte con el balón en el aire. Claro, si es la suerte de los ganadores como el caso de Brizuela, lo probable es que le sonría. Y así fue: 83-85. Canasta ganadora e importante triunfo de Unicaja, que con 13-13 en el balance victorias-derrotas, le dan para agarrarse con la punta de los dedos entre los ocho puestos que otorgan el Playoff.

             

              La jornada comenzó fuerte con partidos igualadísimos. El espectáculo que pudimos presenciar en el Fontes do Sar fue para disfrutar. Pocas concesiones al rival, con dos equipos actuando entre el drama y la tragedia, evitando pensar en una derrota. Y ante la lesión de Laurynas Birutis, jugando muy limitado físicamente (casi 12 minutos y ninguna canasta) y la acumulación de faltas de Mike Daum, testigo desde el banquillo durante 29 minutos, la irrupción de Steven Enoch en los obradoiristas fue como una bendición, Grandes números del estadounidense (14 de 14 en tiros libres y 24 puntos finales, junto a 8 rebotes) y mucha firmeza en la pintura, tanto que el recurso de los hombres de Katsikaris para detenerlo, era cometer faltas sobre él.

                           Por Unicaja, Axel Bouteille anotó un par de triples que quitaron el hipo (anotó 3 de 4 intentos), buscando su propia identidad vestido de verde. Y con el hándicap de nivelar el que capturaran 18 rebotes menos, intentaron no perder balones, llegando al sobresaliente (tan solo 2 en todo el enfrentamiento, por 15 de los gallegos). En medio de todo ese ímpetu, saltó desde el banquillo Darío Brizuela para liderar a Unicaja en ataque. 7 puntos casi consecutivos de “servir y comer” a nada que saltó a la cancha, ya humeante, para un total de 19. Y en defensa, debiendo sacrificar esfuerzos en detener, en la medida de lo posible, a otro gran talento como Kassius Robertson (22 puntos). A cada vez que se estampaba en los bloqueos de Birutis, tomaba buena cuenta de su ‘matrícula’ y lo buscaba como testigo en la resolución final de sus dos contra dos, aquellos en los que avanza a canasta con sus zancadas (¿cómo un jugador tan pequeño puede dar pasos como si tuviese ballestas en los pies?) y soltar tiros por elevación delante de los 213 centímetros del lituano.

              Y lo que parecía un final en el que pudieran los andaluces tomar resuello, llegó la indefinición en ataques que, curiosamente estaban bien ejecutados y tiros bien seleccionados. Pero no entraban. Y Monbus Obradoiro, veteranos ellos, a pesar de esta maldita dinámica de partidos perdidos, se creyeron convencidos para sacar el triunfo. Y los de Moncho Fernández hicieron grandes y buscaron la línea de los 4,60 como aliado, empatando de manera impensable segundos antes. Restaba la última jugada con 2,5 segundos con todo por definir. Observar a Darío Brizuela hacer lo que hizo fue un regalo para el aficionado al baloncesto, un festín en Unicaja y un mazazo en la ciudad de Santiago de Compostela. Algo tan grande como para ser la guinda de la jornada como su momento más destacado.

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