Kassius Robertson, la sonrisa de un tirador

Kassius Robertson, la sonrisa de un tirador

Antonio Rodríguez

Duras son siete derrotas consecutivas. Para todos. Pero sobre todo a un equipo que comenzó sorprendiendo y logrando notables resultados iniciales (5 victorias en las primeras 7 jornadas) como es Monbus Obradoiro.

Por ello, había que sacudirse de tal lastre forzando la máquina. Forzarla significa para Kassius Robertson (“con ‘K’. Que a mi madre, encantada con ese nombre, quería darle un toque distintivo”) anotar ¡9 triples! de 14 intentos. Poco lugar al error hay ahí. “Hemos perdido partidos por pequeños errores. La dureza de la Liga Endesa y ‘coach’ Fernández nos hacen ver lo importantes que son los errores y lo que castigan”, declaraba recientemente en SER Deportivo.

9 triples para 37 puntos, siendo así el protagonista de esta jornada 15. Una locura, aunque tengan para el equipo más significado que una mareante estadística individual. Representan una victoria, la sexta y por encima de eso, romper una maldita racha. Vale que era el particular Tourmalet para Monbus Obradoiro: Valencia Basket, Málaga, Joventut de Badalona, Vitoria, San Pablo Burgos, Tenerife y el Barça. Nada menos. Y todos del tirón. Aun así, duelen tantas consecutivas, porque es difícil mantener la confianza intacta cuando en 7 ocasiones consecutivas se retira un equipo cabizbajo al vestuario. El pasado sábado, con la victoria ante Casademont Zaragoza (102-91), con una enorme fuerza mental colectiva, alegría en el juego mostrado más típico del que siembra una racha de victorias, los obradoiristas volvieron a sonreír. Y en gran medida, porque Kassius Robertson soltó el balón con la misma estela que la estrella que guiaba a Tierra Santa hacia el pesebre. En este caso, el pesebre de la canasta.

En el longevo periplo de Moncho Fernández en la dirección de Monbus Obradoiro (11 temporadas al cargo de sus plantillas), ha contado con excelentes tiradores. Su juego y táctica, de las más complejas y productivas de la ACB, se basa en ello. Desde el ídolo balear Alberto Corbacho hasta Kassius Robertson hay más de una década de excelsos tiradores. Y quizás, este escolta canadiense de 1,90 sea uno de los que cuenta con más libertad para decidir con el balón en las manos, de generar lo que le plazca. Quizás, entre los sistemas estudiados al milímetro para sacar el mayor rendimiento, sea Robertson uno de esos casos con cláusulas en letra pequeña que contemplan “dadle el balón y que se invente lo que quiera”. Porque las mete. 37 puntos y 9 triples se escriben con tinta del “que haga lo que le dé la gana”. Porque él sabe decidir.

Puede que la ventaja con la que Kassius cuenta respecto a otros es que, en poste bajo, disfruta de uno de los pívots más resolutivos con los que han contado en Santiago de Compostela, tierra santa de baloncesto. Laurynas Birutis continúa bloqueo, coge una posición y espera el pase. Y lanza esos ganchos desde tan arriba con su habitual efectividad, que hace la vida mucho más fácil a los tiradores. Robertson lo sabe y asume que necesita su cuota de pase (19 puntos el pasado sábado ante Casademont Zaragoza). Poseer alguien tan resolutivo en la pintura lo ayuda en poder entrar a canasta con más facilidad y mayor amenaza. Y se multiplica la peligrosidad de nuestro protagonista.

Además, es un esforzado defensor. Que con su estatura y peso, sabe que está en inferioridad física respecto a la mayoría de escoltas rivales y tiene que ser incisivo y estar muy pendiente en las líneas de pase, de la que es un auténtico experto robando balones por anticipación. Y su profesión lleva consigo el sacrificio en sortear bloqueos, nada de pasar hombres por detrás de los muros de pívots rivales. Hay que anticiparse. Si no fuese por esa intensidad, Kassius Robertson no jugaría 26 minutos, que son los que promedia. Moncho Fernández ha demostrado a lo largo de su carrera que con ese esfuerzo no se negocia: o eso o al banquillo.

Kassius dice que tras su primer año europeo en Alemania, en el que se centraba en jugar y entrenar, de ahí a casa, con escasa convivencia con sus compañeros al margen de las pistas, tenía que abrir los brazos y disfrutar la ciudad en la que aterrizaba. Bolonia primero, Santiago ahora. Y aunque las limitaciones debido al COVID 19 son grandes, la buena dinámica de grupo le hace disfrutar cuando comparte horas con sus compañeros.

15,8 puntos de promedio. Un mareante 45% en triples. 37 puntos en su última exhibición, siguiendo las reglas de la pizarra o las corazonadas de su instinto. Son muchos puntos. Hay que tener mucho talento y disciplina para conseguirlos. Y recibir a la victoria con la mejor de las sonrisas. La de un tirador puro en nuestra competición.

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