Adiós a un sello genuino en nuestra liga

Adiós a un sello genuino en nuestra liga

Antonio Rodríguez

              Adiós, Facundo Campazzo. Duele decirlo, porque eres de ese tipo de jugadores que traspasas las fronteras de colores. Se te idolatra por lo bueno que eres con la misma fuerza que se te odia (desde la afición rival) por, también, lo bueno que eres. Ahora que te vas, todo se licúa hacia la primera fuente de los que te quieren. Llegaste como promesa y te marchas como un icono, un sello genuino en nuestra Liga Endesa.

              Una vez te pregunté si recordabas tu 16º cumpleaños, un adolescente en “el primer viaje que hice a Europa”, cruzando el charco. Ese día, a mediodía, te encontrabas bromeando junto a tus compañeros de Selección Argentina, esperando el autobús, tras vencer a Nueva Zelanda en el prestigioso torneo junior de Mannheim. Yo, recién aterrizado en Alemania, tras ver algunos minutos de aquel choque, me encaminé a las oficinas por mi acreditación. Y en aquellos pasillos interiores estabas, el jugador pequeño rodeado por tus compañeros, como permanente foco de atención, adivinando en tu silueta el chico que en el parquet minutos antes, tenía mucha chispa e instinto jugando. Pero en un combinado con menos talento que el tuyo, no llegué a valorar lo que posteriormente vendría.

Eso, como un involuntario deseo, preferí reservarlo para los Juegos Olímpicos de Londres, donde la lesión en las primeras jornadas de Pablo Prigioni, te vio en la obligación de ser más protagonista de lo inicialmente pensado. Y ahí sí que vimos al guerrero que no se amilanaba ante nadie, que jugaba como un veterano y supo estar a la altura de vacas sagradas como Scola, Ginobili y Nocioni. Dos enfrentamientos incluido ante los estadounidenses, con tus carreras, tus fintas, tus triples y tus “tricks”, que diría Pesic.

Si la segunda década de este siglo ha sido dichosa en la historia de la Liga Endesa en gran medida es, porque pudimos contar con tu presencia. Aquella campaña 14/15 de ganarlo todo, como pista de aterrizaje y primer contacto con el baloncesto español, a saber doctorarte en un nuevo club, con la cesión a UCAM Murcia, como elemento diferenciador al resto. Bajo tu manija llegaron al Playoff y plantar cara a tu club de origen, campeón semanas después. Al segundo año, Oscar Quintana vio definitivamente al líder en todo y tenías libertad absoluta para deleitarnos. A tales señores, tales honores merecidos y regreso, como era lógico, al Real Madrid.

Lo inesperado es que tu reentré vino con los mismos galones de Murcia. Tener el mando también del club blanco suponía un respingo inicial en el ocupante del asiento en el WiZink Center, aunque pronto se acostumbraron. Rey en España y rey en Europa. La magia, la belleza en el juego, entremezclado con esa carga ganadora, acaparador de MVP’s de títulos que lograron los blancos mientras marcabas las jugadas, canastas imposibles, celeridad en las piernas de superhéroe para forzar faltas en ataque o penetrar hacia canasta hasta donde parecía no estar permitido, quedan en las vitrinas y en nuestra retina con la misma fuerza.

Ayer te despediste con victoria ante BAXI Manresa (100-78) como lazo y culmen a todo eso. Van a ser ciento ochenta y un centímetros de un vacío inmenso en todos nosotros. A modo de consuelo, valga esta fotografía que incita a pensar un poco de esa fantasía que ejecutaste a lo largo de estas más de seis temporadas por nuestras canchas. Genuino, inconformista y sorprendente. Adiós y mucha suerte, Facundo Campazzo.