Henk Norel, adiós al jugador del baloncesto amable

Henk Norel, adiós al jugador del baloncesto amable

Antonio Rodríguez

              Estaba fuera de nuestras fronteras. Y eso, para quienes le hemos visto durante tres lustros en nuestro baloncesto, se nos hacía raro. El caso es que eligió su tierra, la ciudad holandesa de Den Bosch para decir adiós a su carrera como jugador de baloncesto. Un holandés amable, paciente, que no soportaba mucho lo del “eso… ya para mañana” de nuestro país, como parte de su inmersión al aprendizaje de una nueva cultura a su llegada, sin haber cumplido aún 18 años. Con el simple traductor de un balón y un cesto. Porque él sabía que ambas herramientas, bien usadas, son lenguaje universal.

              En Endesa Basket Lover hemos tenido especial cariño a Henk Norel. Aunque eso no tenga mucho mérito, porque su carrera, tanto los éxitos en reconocimientos personales y victorias colectivas, como sus malos tragos en forma de desafortunadísimas lesiones, ha sido la constante de un luchador. Ya sea aclamado por diez mil espectadores, ya sea en el silencio y la soledad del gimnasio. Horas y horas de sacrificio para que luego, algunos aficionados, con esa visión del tirano que también predica desde la grada, lo etiquetasen de blando. “Cuando era más joven, me tocaba más los cojones. Blando, blando… Pero pasó. Con el tiempo aprendí que, si no eres más fuerte, tienes que ser más listo”. (Nota: entrevista a Outconsumer para KIA en Zona).

              Henk Norel aterrizó en Badalona, porque al director deportivo del Joventut, Jordi Cairó, le llegó información desde Holanda que “había un chico con grandes condiciones y nos preguntaron si nos interesaba”. Era el verano de 2005 cuando “vino solo para tres o cuatro días, pero desde el principio ya nos gustó. Nos quedamos gratamente sorprendidos por su buena educación, su ética de trabajo y su seriedad. Nos pareció un chico francamente especial y no dudamos en ficharle” (en declaraciones a Jordi Valle).

En su mejor temporada, con el Delteco GBC.

              “La Penya me acogió como si fuera de su familia. Al salto de viajar fuera de tu país siendo tan joven, llegas al Joventut y te acogen como si fuera uno de sus hijos. Carles Durán me llevaba a su casa después de los entrenamientos, por ejemplo”. Cesión a El Prat (aún en liga EBA) y año para madurar y hacerse un hombre en el histórico Lucentum Alicante, que en LEB Oro contaba con una excelsa plantilla (Alain Digbeu, Pedro Llompart, Lucio Angulo, Patt Carroll o Taylor Coppenrath entre otros). Y así, en la reconversión verdinegra de cara a la temporada 08/09 comandada por Sito Alonso, tras la marcha de Aíto García Reneses del club, se decide incluirle en el primer equipo. Junto al músculo del francés Jerome Moiso, la apuesta en el juego interior, con Jan Jagla y Edu Hernández Sonseca junto a él, era clara: la calidad técnica por encima de cualquier otra cosa. Que esto es Badalona.

              Salir mal parado ante la Lottomatica Roma en Euroliga, con un golpe en la nariz -forzado a llevar protector facial- y un esguince de rodilla como añadido en uno de sus primeros encuentros, parecía ser una marca lacrada para el resto de su carrera: las lesiones. Del joven de 2,12 de estatura del que sorprendían sus porcentajes de tiro (59,5% en su primer año), que fue invitado en el verano del 2009 al Eurocamp de Treviso y seleccionado en el draft (el mismo de su compañero Ricky Rubio) en el número 47 en 2ª ronda, también por Minnesota Timberwolves, a quedar reducido en una camilla, tumbado, tras una infausta tarde de enero del 2011, cuando se destrozó la rodilla. Las malditas rodillas. Su primera vez. No regresó hasta noviembre.

              En el verano del 2012, en mitad de una grave crisis económica del club verdinegro, el CAI Zaragoza se interesa por él. Y antes de llegar al tanteo y mediante un traspaso de 150.000 euros, el holandés recala en las filas caístas, entrenado por José Luis Abós. “Me acogió muy bien. Abós y Zaragoza son muy importantes para mí. Mi hijo nació en Zaragoza”. Y allí sí que pudimos ver al hombre que llegó a ser una estrella en la Liga Endesa, en aquel salto milagroso de calidad con el pabellón Príncipe Felipe como testigo. Liga regular de fábula y puesto en el Playoff.

Un ídolo en Zaragoza. 

              Henk era uno de los estandartes ligueros. Sí, es verdad que sufría a la hora de defender a centers muy físicos. Pero se las apañaba con sus largos brazos anulando líneas de pase. Y en ataque era una delicia. Convertido en el pívot que más y mejor ejecuta el gancho en suspensión, se alza como el jugador más ambidextro de la competición. Sus tiros desde tan arriba poseen la misma efectividad ejecutados tanto con la derecha como con la izquierda. Es una locura querer defenderlo con garantías. Porque además añadía la amenaza del pase. Y es que Henk Norel era un excelso pasador. Promedia el máximo tiempo en pista de su carrera, 25 minutos, sacándoles partido con 13,3 puntos de promedio en un sobresaliente 59% en tiros de campo y junto a Pablo Aguilar y Joseph Jones, el trío interior que da alas a la capital maña.

              Un golpe y una mala torsión de la rodilla, esta vez la otra, la derecha, en la jornada 32 ante Basquet Manresa, se convierten en otra grave lesión en puertas de las eliminatorias por el título (en las que se alzaron hasta semifinales). Y otra vez los lamentos y las horas de soledad en la zona de recuperación y no volver a las pistas en otros nueve meses, mientras todo son parabienes en sus compañeros, que lograron la hombrada de derrotar a Valencia Basket en cuartos de final. Y las semifinales, frente al Real Madrid. Otra vez grandes.

              Son dos lesiones y obviamente hay miedo. Hay mucho de responsabilidad y poco de disfrute con el balón en las manos. Pero es Zaragoza, la ciudad que tanto le quiso y hay que seguir ‘dando el callo’. La clase es la misma, pero los desplazamientos en la zona, no. Su protagonismo decae al ritmo de sus minutos. Lo que eran 10 tiros intentados por partido, ahora pasan a 6, a veces ni eso. Tras un mal año del equipo, perdiendo hasta 11 de los últimos 13 partidos de la temporada, para un total de 9 victorias y 25 derrotas, en la gerencia del Tecnyconta Zaragoza deciden cambiar el rumbo. Y no contar con él. Con 10,2 puntos y 6,1 rebotes en su último curso allí, la 16/17, hay que buscarse la vida alejado del Ebro.

              “Y me llamó Porfirio Fisac. Y me dijo que no le contestase ahora. Que lo pensase y me tomase un tiempo”. Hay entrenadores que saben qué tecla tocar, claramente. El segoviano buscaba calidad ante todo en su proyecto con Gipuzkoa Basket, equipo recién ascendido, acarreando ilusiones de manera inversamente proporcional a las escasas monedas de la saca. Pero no lamentos. Y pone el ojo donde lo hay talento, intentando olvidar días grises de lesiones y precedentes que otros pondrían por delante. “Lo que me ofrecía era volver a disfrutar sobre una pista de baloncesto”. ¡Jo, qué año!

Una facilidad pasmosa para anotar.

              Componente del mejor quinteto de la Liga Endesa en la 17/18, 13,9 puntos de media (la más alta en sus 13 años en la ACB), 59,2% en tiros de campo, fue el curso en el que más tiros libres lanzó a lo largo de su carrera. Una bendición para él y para un equipo, apellidado entonces Delteco GBC, que con 13 triunfos salvó la categoría. Y efectivamente, Henk Norel volvió a disfrutar. Es un lujo para un entrenador tener un pívot que, si tenían complicaciones en pasarle el balón cuando continuaba el bloqueo, no pasaba nada: se quedaba a mitad de recorrido, ganaba una posición y pedía el balón, mostrándose, con menos distancia y más facilidad para recibir. ¿Por qué? Porque para nuestro protagonista, una situación de uno contra uno en el poste, con el rival esperando detrás, era una situación de ventaja. ¿Cuántos pívots podían decir eso? Repetimos: integrante del mejor quinteto jugando para el GBC, nada de equipos con grandes presupuestos. Y aquí acabó el cuento. Bueno, una inoportuna rotura de fibras en la jornada 26 ante Fuenlabrada, le privó de finalizar tan exitosa campaña.

              Quizás, con esta nueva baja, en Donosti vieron que su cuerpo no podía aguantar mucho más, y decidieron viajar por separado. Para el club vasco, supuso el descenso de categoría un año más tarde. Para el jugador, la penúltima aventura, en tierras gallegas, en la histórica plaza de Lugo. Cafés Candelas Breogán intentó una recuperación en una de sus rodillas tras un golpe en pretemporada y acabar decidiendo en puertas del inicio del calendario 18/19, pasar por quirófano a mediados de septiembre y realizarle una artroscopia. Todo se fue complicando hasta ver el resultado final: 1 minuto y 39 segundos a su regreso en marzo, fue todo lo jugado en la campaña al completo.

El rey del gancho en suspensión

              “Mi carrera ha sido un viaje maravilloso. Claro que me hubiese gustado jugar por un título. Pero siempre he disfrutado con lo que hago, donde jugaba. Tengo una familia y estoy feliz”. El balance de un jugador con una honestidad mayor aún que su calidad, quien a sus 32 años ha decidido decir adiós a las pistas y reconocer a su club, el Heroes Den Bosch al que brindó una última oportunidad, que no está nuevamente dispuesto a pasar por el quirófano. El niño que “era muy grande, pero no era tan rápido. Y mi madre pensó que era mejor dejar el fútbol y dedicarme a jugar al baloncesto” en sus inicios, remueve recuerdos y recibe reconocimientos desde España en el momento de su despedida.

              Henk Norel es un tipo amable. Tanto que “no me gustan las redes sociales. Yo sé que los comentarios de los haters me afectarían”. Cercano como su juego, que era de manual. La calidad sin tapa dura, sin páginas de letra pequeña, sino todo expuesto con grandes dibujos, que se entienda bien. Los aficionados disfrutamos una enormidad ver que eso tan difícil, que es jugar bien al baloncesto, pueda parecer tan sencillo a nuestros ojos. En definitiva, ser amable con el baloncesto. Desde Endesa Basket Lover, ¡mucha suerte en tu vida, Henk!

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Flanqueado por los hermanos Rubio, Marc y Ricky, junto al resto de promesas Pau Ribas, Pere Tomás y Albert Teruel.