Tokoto y el festín de los invitados

Tokoto y el festín de los invitados
Fotografías de María González / ACB Photo

Antonio Rodríguez

              La Liga Endesa necesita de jugadores como J.P. Tokoto. El baloncesto necesita del protagonismo de tipos como J.P. Tokoto. El alero de 1,96 procedente de Rockord (Illinois) trae todo lo mejor de nuestro deporte: los sentimientos más primarios. El grito, el salto, perder los papeles desde una grada. Sentirse niño… y que un hijo mire con asombro y con más sentido del ridículo que el padre, asimilando que lo sucedido a su progenitor, como que muy normal, no es.

              Vean la secuencia de fotografías. Es aventurarse por alcanzar imposibles: llegar a lo más alto, avasallar obstáculos, lograr ser el más grande. El pasado sábado, en su encuentro con San Pablo Burgos ante Coosur Real Betis, Jean Pierre vio camino expedito para tornar su mente en locura y dar rienda suelta a lo que parece prohibido, hacer un mate así. “Slammadamonth” también sucede a este lado del charco. ¡Quiero un póster de ello!

              J.P. Tokoto puede no ser el mejor jugador del encuentro, ni el máximo anotador o el “clutch player” que se juegue el último balón. Aunque, en palabras de su entrenador, Joan Peñarroya “tiene que creerse que puede llegar a jugar en uno de los grandes en Europa”. De su mano está. “Con sus cualidades, es cuestión de lo que quiera mejorar y progresar”. Porque él hace cosas que otros no pueden. Y lo suyo sí que no es cuestión de aprendizaje. Tokoto representa lo que, en palabras de los narradores estadounidenses, era Dominique Wilkins en la NBA: “The human highlight film”, quizás el más bello apodo puesto jamás a un jugador de baloncesto.

Y eso, aunque ahora es propiedad de San Pablo Burgos y de sus aficionados (y de un Coliseo que retumba), trasciende a mucho más y traspasa colores, aficiones e incluso amantes del baloncesto. Porque J.P. es un poco de todos. Es una carta de presentación, un flyer como muestra de lo mejor que puede dar nuestro deporte para el resto. Es un festín para los demás, para invitados que se quieran asomar a lo que en nuestras canchas pueden llegar a ver. Por ello, a tal embajador del show entre un aro y un cesto, hay que cuidarlo y quererlo, valorarlo y pensar que necesitamos de jugadores como él.

Vuelvan a ver la secuencia de cuatro fotografías y vuelvan a admirarse y a enloquecer. Porque es lo más primario que nos sale hacer, que nos provoca hacer. Y esa es su grandeza. ¡Gracias, Jean Pierre!