Marton Bader: la torre húngara que descendió con el Manresa

Marton Bader: la torre húngara que descendió con el Manresa
Reboteando con el Manresa

Javier Ortiz Pérez

Exceptuando a Kornel David y en la actualidad al gran Adam Hanga, no es que Hungría haya dado grandes talentos para el baloncesto en la época contemporánea. Por eso quizás nadie esperaba gran cosa de Marton Bader en los meses que pasó en el Manresa allá por la temporada 2005-06. Fue un refuerzo de emergencia para completar la rotación de pívots, en la que pese a sus 2,12 de estatura no pasó de ser el cuarto de la fila.

Bader tenía cierto prestigio a nivel continental. Era fijo en la modesta selección de su país y había ido ascendiendo poco a poco peldaño en las ligas europeas, primero en la eslovena con el Novo Mesto, la tradicional alternativa de poder en Eslovenia al Olimpia (llegó a ser finalista de la Eurocup en 2003), y después en la Cibona de Zagreb, que fue donde había iniciado aquella campaña en la que acabó en el Nou Congost. Los problemas económicos le habían animado a dejar el gigante croata, al que terminaría regresando, por cierto.

Importante el la selección húngara.

De su única experiencia española, poco que rescatar: 3,1 puntos, 2,8 rebotes y solo 0,4 tapones en 11 minutos. A menudo acusado de tenerle cierta ‘alergia’ a la pintura, tampoco se prodigó mucho ofensivamente, acreditando un 54% en tiros de dos puntos. Siempre podrá aducirse que si o bien Xavi García o bien Óscar Quintana le hubiesen dado más protagonismo, hubiese lucido más. De hecho, el día que más minutos jugó (26) fue el mismo en el que batió su récord de puntos (14), rebotes (9) y valoración (15). Aquello ocurrió ante el Gran Canaria, aunque el equipo acabó con una derrota clara. Fue una de sus dos únicas titularidades en 17 partidos. Se perdió tres por pequeños problemas físicos.

El equipo bajó (penúltimo, con 12  victorias) y nadie se planteó su continuidad en la LEB, donde quizás hubiese sido más dominante, ni en otros clubs se plantearon darle una segunda oportunidad en España. Volvió a la Cibona y conoció también otras competiciones europeas como la griega (Penellinios), la checa (Prostejov), la ucraniana (Khimik) y la serbia (Hemofarm) antes de regresar a casa. Desde el 2010 al 2015 jugó en el Szolnoki Olaj, donde se retiró con 35 años para pasar inmediatamente a ocupar el puesto de director deportivo. Normal que le adoren porque con él en la cancha, el equipo ganó cuatro ligas y cuatro copas en cinco temporadas. Y desde que está al frente de los fichajes esta hegemonía se ha mantenido con bastante solvencia. Bader siempre se ha manifestado contento en su nuevo papel, aunque resulte bastante distinto al que tenía sobre la cancha.

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