Kyle Singler, tener baloncesto de etiqueta

Kyle Singler, tener baloncesto de etiqueta

Antonio Rodríguez

Se le exponía desde sus tiempos de instituto con exhibición de canastas imposibles en un pequeño gimnasio, junto al reportero de la cadena televisiva ESPN, donde el balón botaba en el parquet, pegaba en la pared, luego en el tablero y entraba. Eran las habilidades de un nuevo chico salido del estado de Oregon que asombraba a toda la nación. Cómo no, fue reclutado por uno de los mejores programas del país, Duke, en el inicio de esa filosofía de siglo XXI del coach Krzyzewski, de hacerse con los mejores chicos del país, independientemente que estudien allí dos años o tan solo uno. Que los ceros en el contrato había que justificarlos con victorias y ya había pasado bastantes penurias, viendo partir a los mejores productos a universidades con menores exigencias académicas. Eso y esa chinita en el zapato por las suaves amenazas de sus rectores, por dar más importancia al programa de football y que le restaría muchas atenciones, forzaron apuestas como las de Kyle Singler.

Además, Singler parecía un ‘chico Duke’: de buenas maneras, educado, guapete, buen estudiante, con la misma elegancia en cualquier cocktail social como jugando a baloncesto, este rubiete de 2,08 sabía todas las triquiñuelas de nuestro deporte. Y con Duke quedó campeón universitario en 2010 permaneciendo, por supuesto, cuatro años. Y llegó el lockout de la NBA cuando iba a ser jugador de Detroit Pistons. Añadan la “brujería” de José Luis Mateo, entonces director deportivo del Lucentum Alicante para ficharle, hasta que aquello se regulara. Y mientras ello sucedía, resultó que en el Levante español, una nueva fuerza que nadie esperaba, se alza en los primeros puestos de la clasificación, liderados por este Kyle Singler, que automáticamente se convierte en el ídolo de la ciudad. En 10 partidos, 7 victorias nada menos.

Los timbales volvieron a sonar al otro lado del Atlántico, con la NBA anunciando el inicio de la competición y exigiendo el retorno de todos aquellos que emigraron en busca de unos dólares y no perder la forma. Sin embargo, en nuestra geografía, hay un hombre que intentaba acomodarse en un lujoso trono, darle forma y sobre todo lustre, que queda prendado por el alero rubiete. Pablo Laso quería a este jugador sí o sí en su primer proyecto con el Real Madrid

Y el estadounidense, que siempre ha sido bastante listo, pensó que para la NBA no había prisa y que la experiencia en un club del que le hablaban el más prestigioso de Europa, pudiera ser interesante, bastante acomodado y acostumbrado a nuestra Liga Endesa. Y sus números no fueron descollantes, pero Singler se habituó en un rol totalmente distinto y Laso estaba encantado con él. El alero alto grande, elegante, que sabe hacer todo, que aporta en el rebote como rompe zonas a base de triples con esa lenta mecánica hecha para retratarla en fotos. Que ayuda en defensa a en el momento exacto a sus compañeros, porque entiende este juego. No era ningún puntal de la plantilla por primera vez en su vida, pero reconoce el nuevo paisaje. El Real Madrid ganó la Copa del Rey y por un triple de Marcelinho desde medio del campo, el F.C. Barcelona les arrebató el título de liga. Y ahora sí, Detroit esperaba. Y nos confesaron que Laso lo echó de menos.

 

Cinco años después, la brujería de José Luis Mateo, esta vez más que justificada por vivir en tierras de “meigas”, obra el milagro de reclutarle para su Monbus Obradoiro y por extensión, a la Liga Endesa. De cómo lo hizo algún día nos lo contará. Pero aquí lo tuvimos, a pesar de estar algo difuminado por la discreta temporada de los santiagueses. Y hace días, recibimos la feliz noticia que otro de los maestros en los despachos de nuestro país, Aniano Cabrera, en su proyecto de cambiar gran parte del plantel, lo ficha para su Iberostar Tenerife.

Han sido muchas y afortunadas las contrataciones de los tinerfeños que, intentando olvidar el tropezón de no entrar en Playoff el pasado curso, pretenden seguir en la senda del éxito de los últimos años. Por ello, la apuesta por Kyle Singler es fuerte. Al margen de las contrataciones de Yusta, Lumberg, Marcelinho, Pablo Aguilar, Dani Díez o Shermadini, fichar a Singler significa asegurarse un baloncesto de etiqueta en el Santiago Martín. Este jugador será idóneo para Txus Vidorreta en su juego ofensivo de la apuesta por el lado débil, de hombres interiores abriéndose a los triples y exteriores jugando al poste, de saber cómo y cuando dar el paso a un lado en defensa, complementando el esfuerzo del compañero, para seguir siendo una de las mejores defensas de la Liga Endesa. Dentro de una gran labor colectiva, la elegancia, el ir vestidos de chaqué ante los grandes, lo dará también Kyle Singler, cuyo baloncesto, significa ir de etiqueta.