En la búsqueda del Superhombre

En la búsqueda del Superhombre

Antonio Rodríguez

Adam Hanga estaba mirando desde el suelo. Su maravillosa entrada a canasta, con un reverso incluido, acabó con la certeza que no podía finalizar tirando. En un último esfuerzo por salvaguardar la posesión y exigiendo a su cuerpo lo máximo, sacó el balón a ocho metros de distancia, buscando en el aire y en mitad de su desequilibrio, la precisión. Ya, tirado en el parquet, miró el resultado: el esférico justo en las manos de Roland Smits, que anotó un triple importantísimo -aun restando muchísimos minutos- para Barça Lassa. Y es que, había que ofrecer respuesta al peligroso 38-49 con el que se había puesto el Real Madrid. Tal canasta fue uno de los argumentos para un 12-0 de parcial y situar a los locales por delante (50-49).

Rudy Fernández se jugó un triple desde 8 metros para dar respuesta y justificación al trabajo previo de sus compañeros. Esperó mucho más alejado desde la línea de 3 durante toda la jugada, observando que a quien tocaba tirársela, Jaycee Carroll, estaba siendo marcado por Víctor Claver y no le dejó ni un resquicio para levantarse (esta vez y como ejemplo, sirva que los dos triples anotados por el héroe del segundo partido, tuvieron que ser creándose su propio tiro, después de bote, algo impropio). Siguió esperando, hasta que Ayón, que había recibido en una buena continuación a canasta, prefirió doblar hacia la esquina, que tirar. Allí estaba Thompkins, abierto para un nuevo intento triple, que prefirió pasar a tirar. Tiralíneas con trazos de generosidad y con veneno de responsabilidad cuando el balón llegó a Rudy que sí anotó un triple lejanísimo que ponía el 69-74, a menos de 4 minutos para el final. Mantener la concentración siempre. Como lo hizo posteriormente Facundo Campazzo dos jugadas después, anotando un nuevo triple cuando sus compañeros estuvieron a punto de perder el balón en esa posesión, hasta en dos ocasiones (71-77).

Thomas Heurtel, otra vez en una soberbia actuación (21 puntos y 4 asistencias ¡Qué final de liga!), caracoleaba aprovechando la infinita estampa de Ante Tomic poniéndole bloqueos. Cuando decidió entrar a canasta, se frenó un instante, en mitad de la tensión y de la fatiga acumulada, para poder pensar. Y vio dudar a Ayón y vio sus piernas mal colocadas. Y decidió entrar, como habrá hecho cientos de miles de veces en entrenamientos, lanzando por elevación, para situar el 76-77 a falta de minuto y medio para el final. La elegante suavidad en mitad de la jungla.

Ejemplos en la ardua búsqueda del superhombre. No ya el instinto de supervivencia para hacer esfuerzos extra. Hay que ser alguien extraordinario, todo un superhombre. Sí, hay que estar hecho de esta pasta para ver a un tipo que en 36 minutos de final, había lanzado tan solo 6 tiros a canasta, anotando 2 (ninguno de ellos triple), romper la contienda en el segundo cuarto, mientras se erige como protagonista con 13 puntos, cristalizando un parcial de 2-16 para el Real Madrid. Trey Thompkins (4 de 8 en triples) fue a imagen del talento extremo, anotando desde el poste, suspensiones desafiando a su afanado defensor y triples cuando se abría. “Hemos sufrido cuando ellos han puesto dos ‘4’ en pista. Nos ha faltado comunicación” lamentaba Adam Hanga al descanso. La inédita pareja Thompkins-Randolph en esta final, estaba dando muchos quebraderos de cabeza. Pasar página. Ahora, a quien le tocaba dar, era al Barça Lassa.

Demostración del trepidante partido que pudimos disfrutar en el Palau Blaugrana en el tercer round de la serie, con la primera victoria de los locales (78-77) y remitiendo la cita para mañana, viernes, en un cuarto episodio más que deseado. Pinceladas con todas las tonalidades, perfilando un magnífico espectáculo. A saber: el acierto triplista del Real Madrid, que hacía estallar la apuesta por la rapidez de movimientos en el quinteto titular que puso Svetislav Pesic en pista (con Oriola por primera vez, junto a Singleton como hombres interiores). La pugna por unos rebotes largos que solían ser azulgranas, cimentando una vez más el dominio inicial en los tableros. La demostración en los visitantes con la exhibición de Trey Thompkins, que puestos a jugar al ataque y meter canastas, hacían notar que ellos tenían más argumentos. Y el testigo recogido por el F.C. Barcelona que, tras llegar a una situación límite, viendo que el triple de Anthony Randolph les postergaba al 38-49 ya comentado, hubo de concienciarse en poner más defensa a la palestra, que lo de esta ocasión, no servía. Décimas tarde en los dos contra unos y apostar por más intensidad en marcas individuales, en usar más velocidad. Un sello que les dio con soñar en Madrid hasta el triple de Carroll y que debía funcionar nuevamente. No conocen otra, esta vez arropado por sus graderíos y el enorme calor reinante. Las finales de Liga Endesa en el Palau tienen ya ese sello de temperatura altísima, territorio hostil para quien pretenda reinar allí. Acrecentar la épica.

El resultado final llegó con la convicción de, quien pretendía ganar, por encima de golpes fortuitos en la cara, de dolores en todas las articulaciones o heridas en rostros magullados, tenía que convertirse en superhombre. El triple de Kuric, la ya comentada “bomba” de Heurtel, dieron paso a la entrada de Chris Singleton. Cuando vio campo abierto, cuando podía significar poner a los azulgranas por delante en el último minuto, se vio envuelto por todo el deseo y el empuje de los más de siete mil testigos de la acción. Y tras dejar atrás a Thompkins, se impulsó todo lo arriba que sus rodillas le dejaron, para soltar la bandeja ante la oposición de Ayón: 78-77. Singleton, tumbado en el suelo, se tomó unos segundos y resopló un par de veces, para ser consciente de lo que había conseguido. Para ser consciente que, como luego vimos, tenían que defender dos ataques más.  Y consiguieron frenar a sus rivales, con el corazón en un puño a un último palmeo de Thompkins que acabó por no entrar. Y el estallido en todo el recinto de júbilo que retumbó hasta los cimientos del vecino Camp Nou.

Tras el espectáculo acaecido, nos parecía como aficionados, escaso postre el que esta final acabase en tres encuentros. De momento, tenemos un cuarto, para degustar todo lo que estos jugadores pueden ofrecer. Y que a cada instante, florezca el gen del superhombre para decantar la balanza, para que nos asombren y sigamos gozándolo.