Germán Miñarro: De debutar en la Liga Endesa… ¡a tirarse de aviones!

Germán Miñarro: De debutar en la Liga Endesa… ¡a tirarse de aviones!

Javier Ortiz Pérez

Germán Miñarro es un chico alicantino que jugó tres encuentros con la camiseta del Lucentum en la 2011-12. Lo diferente de su historia es seguramente su presente: es, al menos que yo maneje, el único jugador español en estrenarse en la Liga Endesa que optó luego por la carrera militar. “En el 2014 ingresé en el ejército, en la Brigada Paracaidista, donde he estado cuatro años. Este año, tras varios años de intenso estudio, he conseguido ingresar en la Academia de Oficiales. ¡Ya ves, de debutar en ACB, a tirarme de aviones!”, cuenta con simpatía.

Hasta los 12 años practicaba fútbol en el equipo de su colegio. “Mis primeros contactos con el baloncesto fueron en los recreos del colegio más o menos a esa edad, y enseguida le cogí un cariño especial y ya no podía parar de jugar. Después de darle la noticia a mis padres de que me cambiaba de deporte, contactamos con las Escuelas Municipales. Tras un par de meses, los entrenadores vieron algo en mí y decidieron contactar con mis padres para decirles que querían hacerme ficha en mi primer y único club, el Lucentum”, recuerda Germán Miñarro.

En acción.

Confiesa que recuerda “absolutamente todo” de su debut oficial ante el Gipuzkoa, “desde el momento en que me desperté, pasando por cuando estaba en el banquillo y Txus Vidorreta se giró para llamarme, hasta que abandoné el Centro de Tecnificación. Uno de los días más felices de mi vida. Recuerdo que hubo un momento en que miré a la grada, al sitio donde estaba la Kali Nord, y pensé: ‘tras tantos años estando ahí arriba animando, ahora estoy aquí abajo, defendiendo mi escudo en la pista’. También recuerdo las felicitaciones de mis compañeros de equipo (Pedro Llompart, Ivanov, Lamont Barnes...) y sus caras de felicidad. Al acabar el partido no dudaron en meterme a la ducha con ropa...”.

Asegura que fue “un año bastante duro a la par que emocionante para mí y para mis padres. Me tiraba alrededor de cinco horas en el pabellón todas las tardes y fue una etapa bastante sacrificada. El debut fue la guinda al pastel, la recompensa perfecta en un año bastante exitoso para el club, ya que conseguimos meternos en playoffs”.

Miñarro se autodefine como “un tocapelotas” si se le pregunta cómo era como jugador. “Siempre me ponían a bailar con la más fea. Tenía mucho carácter en la pista, me dejaba la vida defendiendo, era muy rápido y entregaba todo en cada acción. Nunca he sido un gran anotador, era mucho más un jugador de equipo, me gustaba mucho que el equipo jugara bien y meterle el ritmo que el equipo necesitaba en cada momento”, añade.

Su idilio con el basket se acabaría rompiendo, a su pesar. Siguió en el filial de Primera Nacional entrenando con el primer equipo, pero el club descendió a LEB Oro por motivos económicos. Él se marchó de Alicante para iniciar la carrera castrense y tuvo que dejar la canasta de lado, excepto “alguna pachanga en verano con mis amigos o en algún rato muerto que tenga entre mis estudios y mi trabajo, que suelen ser muy pocos”.

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