Jaime Fernández, el ejemplo del 'nunca es tarde'

Jaime Fernández, el ejemplo del 'nunca es tarde'

Antonio Rodríguez

Lo que hizo el pasado domingo Jaime Fernández es para seguir asombrado tres días después (27 puntos, 10/17 en tiros de campo, 5/8 en triples). Los que tuvimos la suerte de verlo en directo, siendo conscientes de todo lo que arrastró en el Martín Carpena en la victoria de Unicaja ante Real Madrid (103-102), es para insistir en escribir algo más. Y el caso es que, a estas alturas, estará todo dicho. Pero la fascinación por tal actuación es semejante a la insistencia de los poetas cuando siguen buscando sonetos a la belleza, que no habrá un fin.

Sus 19 puntos en la 2ª mitad, incluida prórroga, quedarán para el recuerdo del recinto malagueño, como una sensación de alguien que a título individual, dominó, sobre todo en el 3º período (12 puntos). La cantidad de recursos que ya ha llegado a amasar este jugador, es formidable. Ser un auténtico fenómeno de cómo optimizar un bloqueo del compañero para sortear rivales y encontrar una buena posición de tiro, es un ejercicio de templanza, conocimiento y facultades adquiridas con los años, hasta llegar a ser un tipo de matrícula de honor sobre una cancha de baloncesto.

Jaime Fernández es una permanente lucha contra el escepticismo a su alrededor. De talento y “gracia” en su juego desde el primer día, algo que difícilmente se podía ocultar, fue ya desde sus primeros pasos, un ejercicio de ir poniendo trabas.

“Es muy pequeño para ser escolta”.

“Y es que tiene que ser base. Con esa estatura, ya me contarás”.

“Es demasiado frágil. Es divertido verle jugar, pero no puede llegar muy alto”.

Y del descollante jugador de categorías inferiores, parecía que un hechizo en los demás, nos hacía predominar su 1.86, sus escasos kilos por encima de todas sus habilidades. Es como si en este país no hubiese existido nunca un Juan Carlos Navarro para hacer desaparecer de un plumazo, todos esos prejuicios en jugadores de esta índole. Claro, que los agoreros ya se frotaban las manos cuando empezó a perder protagonismo en el club que le desarrolló, Movistar Estudiantes, sobre todo en su última campaña allí (la 16/17), donde tan solo en 10 ocasiones superó los 10 puntos anotados (cuando en el curso anterior fueron 20 las veces).

Lejos del mundanal ruido de la capital, se presenta con MoraBanc Andorra con el firme propósito de volver a recuperar sensaciones anteriores. El mimo al jugador español era un punto a favor en su marco de cara al mercado. Sin embargo, había que crear unas bases allí y sus 11,4 puntos de promedio hacen orbitar el juego exterior andorrano, porque Jaime acapara mucho de él, tanto en protagonismo como en decisión. Ante este panorama, Unicaja sabía ya perfectamente lo que fichaba el pasado verano.

Jaime Fernández está consiguiendo los mejores números de su carrera, precisamente en el equipo con mayor importancia (a nivel clasificatorio y exigencia) de toda su vida deportiva. No es casualidad. La confirmación andorrana nos hace ver ahora un tipo que es líder en pista, confiado en lo que es capaz de hacer. Aun así, por encima de todas sus virtudes, lo que en Endesa Basket Lover más nos fascina, es algo que muy, muy pocos, dominan como él en nuestra competición: el triple tras bote.

En estos tiempos de carretones, de aprovechamiento máximo de bloqueos para recibir y tirar, quien domina el tiro en suspensión tras bote, tiene una bendición. Es un gesto rápido, que ha de hacerse casi de forma intuitiva y con mucha explosividad. A media distancia -la denostada media distancia-, los porcentajes de tiro son altos. La complejidad reside cuando la distancia es mayor. Tener la habilidad de desafiar al rival en el bote y levantarse desde el 6,75 con buena efectividad, eso es de jugador de élite, como lo es él. De hecho, el gran salto de la NBA del último lustro a un nivel generalizado, principalmente viene dado por esto: porque sus jugadores son capaces de anotar triples tras driblar.

A Jaime Fernández se le puede considerar como abanderado del jugador que acaba por explotar y ser imagen de nuestra competición a fuego lento, sin tener que ser estrella ni en el primer, ni en el segundo ni en el tercer año como senior. Un ejemplo del “nunca es tarde” para obtener el reconocimiento de la cima en el baloncesto. A sus 25 años, él ve su vida deportiva como un logro de medio fondo, del que toca ahora disfrutar. Y que los demás, hagamos lo mismo. 27 puntos y ganar sobre la bocina al Real Madrid con un triple, cuando las piernas pesaban y la prórroga fue un ejercicio de desacierto, está al alcance de pocos.