Un improvisado regalo

Un improvisado regalo

Antonio Rodríguez

Confesamos que en Endesa Basket Lover nos retrasamos en escribir sobre MoraBanc Andorra, el club de la Liga Endesa por el que más se merecía unas líneas. Su machada de ganar al Real Madrid en el Wizink Center en un “vamos, al ataque, a quien pueda más” (105-107), unido al rapapolvo que dieron al KIROLBET Baskonia (93-83), más sus permanentes éxitos en Eurocup, todo ello eran motivos más que suficientes. Porque llegó un momento en que estábamos deseosos de ver el siguiente espectáculo suyo. Por divertidos, porque juegan muy bien, por tener ‘jugones’ y curritos que brillan y porque acarrean consigo un sello inconfundible de pasarlo bien sobre la pista. Eso por encima de todo.

 Pues su show el pasado fin de semana, era ante Unicaja. Sonaba bien. De cara a darle difusión de cabeza de cartel, no era el choque ni del Real Madrid ni del F.C. Barcelona Lassa, ni el Iberostar Tenerife-Valencia Basket. Lo que no esperábamos es que pudiésemos quedarnos petrificados delante del televisor de la manera en que lo hicimos. Un “no creo que mantengan esto mucho tiempo” dejó pasar minutos y minutos, sin que aquello tuviera alteración alguna. La mala noticia que Moussa Diagne, con problemas musculares, partiendo del quinteto titular, tan sólo pudo disputar 56 segundos hasta que regresó al banquillo ya de forma permantente. Pero cuando se arrancaron a jugar desde el salto inicial como si fueran cohetes, a un ritmo trepidante, forzando en intensidad ante el acierto reinante, una vuelta más a cada jugada, se es consciente que estábamos ante algo especial.

La diversión entre los protagonistas se nota cuando sale todo. Unicaja, que tenía grabado en sangre que a Dylan Ennis “ni agua”, hace saltar a sus hombres sin pensar en consecuencias, en dos contra unos con enorme agresividad, obligándole a soltar el balón. Y lo soltaba, llegando a Shurna o Stevic que sí las metían. O si no, el que sacaba partido era Andrew Albicy, que lleva unas jornadas en las que literalmente, encesta todo (11/18 en triples en las últimas tres. Ya nos contarán). Claro, uno es demasiado Dylan Ennis para estar repartiendo juego. Cuando vio un despiste, un resbalón mínimo, se casca un triple con el mensaje “para que resbales la próxima vez”. Y comenzó, desde dos pasos más atrás de lo habitual para evitar un marcaje doble, a arrancarse en sus entradas a canasta, fulgurantes, eléctricas, esas de ‘jugón’, con los que más ovaciones nos  arrancan en la Liga Endesa. Y fue la delicia (15 puntos, con 3/6 en triples).

El contrapunto en la otra canasta, lo ponía Brian Roberts, anotando las entradas a canasta que Ennis erraba. Con qué delicia, con qué elegancia. Hubo alguien del staff técnico de un equipo de Liga Endesa que me contó que Roberts está bien, pero que físicamente no es el de hace unos años. Ahora nos da la risa floja. ¡Qué facilidad! Desde dónde puede soltar sus suaves tiros cuando entra a canasta, usando tabla como los maestros, la decisión de pararse en el sitio adecuado para anotar 20 puntales en 27 minutos. La suficiencia del superclase. Y todo, incrementando a cada jugada el vértigo en las acciones. Más agresivos, más oposición, más acierto (28/40 de Unicaja en tiros de dos puntos, un 70%. Un 46% en triples MoraBanc Andorra).

Y nos repetíamos la misma pregunta. “¿Y hasta cuándo durará esto?” Carlos Suárez se ‘pega’ en la lucha por los rebotes, sobre todo en los ofensivos, saliendo triunfante. Ocho rebotes en 23 minutos de juego, 3 en ataque, para sacar el balón y que volviese a llegar a sus manos. El epílogo fueron 3 triples (de 4 intentos) que supusieron oro en los de Luis Casimiro. Porque esa era otra. El coach, en su papel de exigir, pedía y se quejaba en la banda. Sus jugadores, que miraban, asumían su pose, porque en una tarde como la del pasado sábado, era una pose. No había nada que achacar a nadie. Entre otros motivos, porque tenían a Giorgi Shermadini. Continuando bloqueos, su juego al poste desafiante hacia los locales, fue imparable, con 8/8 en tiros de campo.

Mathias Lessort, que cada vez entiende más lo que se pide de él en Málaga, corta hacia canasta, se gira, gana una posición y recibe. Y con esos hombros que la madre naturaleza le ha concedido, apoyado en dos botes, se puede marcar un mate delante de las narices del rival, que engalana. Y se ríe mientras baja a defender. La extroversión de este joven de 23 años, no podía ser ocultada. Ni lo intentó. Un “alley-oop” por aquí, lucha sana bajo los aros con el triunfo de un rebotito y formar parte de tal festín.

Jaime Fernández (muy abucheado en la plaza) roba un balón de las manos de Rafa Luz y le saca los colores en el momento en el que anota la bandeja. Lo mismo que realizó el propio Rafa Luz minutos después con él como víctima. Y la mirada posterior. Todo, todo, unos protagonistas y otros, en perfecta armonía. Los palmeos de Whittington a las suicidas entradas de Ennis ante dos rivales. Todo coral, todo medido y sobre todo, agresivo. Y ya en el último cuarto, a MoraBanc Andorra le abandonan las fuerzas. Menos profundidad, menos eficacia. Lessort anota una canasta más y antes incluso que el balón entrara, bailando sobre el aro, suena la bocina desde la maesa a falta de 05:51 para el final, porque Unicaja se escapa (72-85) y en el recinto lo saben. Prisa hasta por apretar el botón y parar aquello. Y aquí se acabó la historia.

El final, pues el ya consabido 84-95. Hasta en las derrotas, MoraBanc Andorra juega así. En verdad, un regalo, una delicia. Unicaja suma y sigue (7 victorias y 2 derrotas) porque está a este nivel de excelencia. Rachas y confianza, lucha de poderes, sucesión de momentos de inspiración, todo ello dio este improvisado regalo, de juego al 110%, alimentado por un acierto que supieron gestionar. Uno de los mejores partidos de la temporada, lo que puede dar la Liga Endesa.