Marko Todorovic, el reverso tenebroso... del rival

Marko Todorovic, el reverso tenebroso... del rival

Antonio Rodríguez

Con 36-43 en el marcador al descanso, la parroquia badalonesa estaba preocupada. En el Olimpic, Monbus Obradoiro se estaba manteniendo fiel a su estilo, tiros certeros a posiciones óptimas. Comienza el tercer cuarto y Marko Todorovic arrebata el balón de las manos a Kyle Singler para anotar una posterior canasta. Siguen insistiendo en la presión y nuevamente Todorovic en el dos contra uno, con manos rápidas, intercepta el pase que pretendía dar Brodziansky. Siguiente ataque verdinegro, falta que provoca Todorovic y a la línea de tiros libres. Postrero tiro fallido por los gallegos, rebote defensivo de nuestro protagonista, mirada al frente y pase largo del pívot para la bandeja de Nico Laprovittola. En menos de un minuto de juego, el partido lo había empatado Divina Joventut a 43 y lo que era más importante, Marko Todorovic había cambiado el rumbo del mismo. Los gallegos se mantuvieron algunos minutos más por delante, pero la reacción local era un hecho. Y los aficionados lo creyeron.

 Marko Todorovic es un tipo discreto. Incluso en esta sucesión de jugadas, en la que varía la brújula del choque, procede en el minuto 21. En el 40, apenas nadie se acordará de ello, excepto los suyos. Su fichaje no llegó entre enorme estruendo, porque decían que lo hizo fuera de forma, el “vamos a ver…” en un futuro… parece una estrategia con premeditación para no hacer mucho ruido. El ritmo lo va cogiendo, mientras contaba con la base de su enorme calidad. 

Desde el día uno, desde el primer encuentro que disputaron en Liga Endesa (la Penya lo hizo en la jornada 2, recuerden), su presencia siempre se hizo notar. Y no es porque acumule estadísticas importantes, que en 18 minutos de media tampoco son estelares (5,8 puntos con 4,8 rebotes y 2 asistencias). Pero cuando él está en pista, desde la segunda unidad (en ninguno de los encuentros ha sido titular), el Joventut juega a otra cosa. Y es un gusto ver cómo funciona el equipo bajo sus designios.

Vamos a buscar números como justificación a lo que queremos explicar. Lo que en las primeras jornadas no repercutía profundamente, poco a poco va tomando forma.

Primeros 4 partidos (J.2-3-4-5): 17 minutos, 8/13 (61,5%) en tiros de campo, -3,25 en el +/- en pista.

Últimos 4 partidos (J.1-6-7-8): 19 minutos,  10/17 (58,8%) en tiros de campo, + 5,5 en el +/- en pista.

Todo esto, ¿qué significa? Pues que cuando Marko Todorovic entra en pista y se va al poste, generalmente bajo la dirección del joven Nenad Dimitrijevic, vemos cómo es capaz de pasar el balón desde ahí, apoyado en la tensión que supone para su defensor que, previamente ha recibido ya una canasta suya. Los cortes desde el lado contrario que tanto promulga Carles Duran en los suyos, se suceden. Y con Todorovic, cualquiera de ellos es susceptible en recibir balón. La habilidad del mencionado Dimitrijevic, que tras recibir, puede lanzar a tres metros del aro por elevación (lo que en este siglo hemos ido llamando “bombas”), se multiplica en la comunión de talento de ambos. Los tiradores tienen más ventajas y los interiores, cuando ganan posiciones, más aún al recibir desde poste alto, otro de los puntos fetiches del pívot montenegrino. Por este último punto es tan importante la adquisición de Luke Harangody, complemento ideal en dureza defensiva y ofensiva.

Todo fluye, hay circulación permanente con y sin balón, hay baloncesto preciosista, más allá de la espectacularidad que en “el otro quinteto” pueda ofrecer. Dieron la cara con este juego ante Real Madrid y F.C. Barcelona Lassa y arrancaron ciertos gestos de asombro en sus hinchadas. Claro, ahora piensen en la paradoja que supone remontar ante los obradoiristas en acciones defensivas, con dos robos de balón.

Marko Todorovic es como una especie de reverso tenebroso para los rivales. Con su puesta en pista, el quinteto que compone, todos y cada uno de ellos por igual, genera alerta, peligrosidad, imposible de soportar a veces. ¿Cuántas veces? Bueno, 5-3 como récord liguero es una buena excusa para caer en cuenta que son suficientes. Laprovittola gana partidos, Shawn Dawson adquiere confianza en el tiro exterior (3/3 en triples ante Delteco GBC, 3/5 ante Barça Lassa y 2/2 en Madrid ante Movistar Estudiantes) y Marko Todorovic pone la maestría en ver todo y a todos hacerles partícipes de su baloncesto. Y eso nos encanta a todos… menos al rival. Reverso tenebroso, ya saben.