Anthony Randolph, la estrella retro

Anthony Randolph, la estrella retro
Anthony Randolph, sublime en MIlán.

Antonio Rodríguez

Pasión. Es la gran diferencia en todo lo que hace en la actualidad, comparado con anteriores campañas. Quizás su imperturbable rito, nula gesticulación de entusiasmo alguno, carácter poco dado a entrevistas, lacónicos comentarios al micro de televisión, hizo que Anthony Randolph, a pesar de su elegancia en el juego, mostrara una imagen que por desgracia para él, a veces justificaba. En el pasado Playoff de la Liga Endesa, 3.7 puntos de promedio, 3.7 rebotes también y un paupérrimo 23,1% en tiros de campo (6 de 26 lanzamientos en 6 encuentros). El título fue para el Real Madrid, sin paliativos. Pero las sombras que tornaban sobre el ala-pívot estadounidense de un futuro en otra plaza, parecían grandes.

La tozudez de los dirigentes de la sección blanca, empecinados en que el jugador mostrase su calidad en toda su esencia, les hizo que renovasen su confianza. Y en este curso 18/19, se vio el cambio: más corazón en todo lo que hace. Sigue armonizando el juego con su elegancia y su infalibilidad en el lanzamiento exterior. Sumen desde septiembre además, su hambre por capturar rebotes, la agresividad con la que entra a canasta y la inoperancia que hace sentir al rival, aunque en muchos casos no finalice en bandeja, sino en balones doblados a compañeros abiertos. En él se ve la clara amenaza y en el adversario, el miedo que transmite. En Milán, el pasado martes, estuvo majestuoso. En las cinco jornadas de la Liga Endesa, su umbral de rendimiento ha sido muy alto. En este último encuentro ante Monbus Obradoiro, tocó dar oportunidad a otros, tomarse un respiro. Tan sólo 10 minutos jugados. Y aun así, anotar 8 puntos.

Hicimos un análisis estadístico previo al choque de Santiago, partido que obviamos en este cuadro. En él, abordamos promedios sumando liga doméstica con la competición internacional desde su llegada a Europa. Y este es el resultado:

Podemos apreciar su rol de mayor importancia en el Lokomotiv Kuban, sobre todo en el segundo año, participando en Euroliga y llegando a la Final Four. Pues compárenlos con lo que llevamos de temporada. El resultado es más minutos y mejores porcentajes que nunca (excepto en tiros libres). Su media anotadora, la segunda más alta desde que está en Europa.

Claro, no es lo mismo ser líder en Krasnodar que serlo en el Real Madrid. Es el máximo anotador (con mucho) en Euroliga de los suyos (6º en el global de la competición) y el tercero en Liga Endesa, tras Llull y Campazzo. Ahora parece mirar a su alrededor con mayor comodidad, donde antes transmitía cierta desconfianza. Para una persona introvertido, un entorno conocido, convivir envuelto en un bloque ganador donde apenas hay fisuras en el trabajo en común, inspira sosiego.

Más pasión en todo lo que hace. 

Desde que Orlando Magic le cortó (tras su traspaso con Denver) en el verano del 2014, no ha vuelto a saber nada de la NBA. Pero la NBA sí -otra vez- sabe de él. Algo se agitó en sus entrañas cuando sus 14.1 puntos, 5.2 rebotes y 1.4 tapones ayudaron al título de la selección eslovena en el último Eurobasket. El cartel era magnífico. Sus cinco años en la gran liga, promediando 7.1 puntos, 4.3 rebotes y 0.7 asistencias, borrados por el olvido, se tiñen de muchos atractivos tras cuatro años en Europa, en una estampa que vuelve a refulgir. En 2017, tras el citado Eurobasket, Adam Miller, analista de los Celtics en Fansided, mientras elucubraba sobre la conveniencia de integrar alguien como él en el plantel, escribía “ahora, hay equipos que se preguntan si debiera estar en alguna plantilla NBA. Parece tener un estilo de juego perfecto hoy. Es grande, móvil, puede taponar y lo más importante, puede tirar con buenos porcentajes desde el perímetro. Rellenaría todos los cuadros estadísticos sobre los que están basados el baloncesto moderno. Con 28 años, parece ser un buen jugador para tener una nueva oportunidad”.

Incluso en el verano de 2018, cuando más bajas estaban sus expectativas, para The Sporting News era un acicate, de hecho. “Randolph ha mostrado interés en múltiples equipos NBA, según ciertas fuentes y podría regresar para la próxima temporada. Él ha añadido a su juego un más que mejorado tiro en suspensión, que nunca tuvo en sus seis temporadas NBA, donde convirtió 20 de los 83 lanzamientos triples que intentó (24.1%). Su pobre porcentaje anotador en los pasados playoffs, puede que haga replantearse al Real Madrid su marcha”.

Pues no lo hizo. Por la parte de su club como por la suya, sigue en Madrid. Y como aficionados de la Liga Endesa, ganamos. Ahora miremos al estadounidense como meros aficionados. De los que llevamos años viendo baloncesto y disfrutamos de bocados como los que nos otorga Anthony Randolph. En esta era de plantillas NBA ampliadas al máximo, de superligas -económicas- en China, Turquía o Rusia, de dar cada vez más importancia a la Liga de Desarrollo como hermana no tan pequeña ya, Randolph significa tener en nuestras pistas americanos que aterrizaban en nuestro Viejo Continente como bendiciones hace un puñado de décadas. Una bendición que disfrutaba Italia y España, en menor medida.

Jugadores que inicialmente caen -a veces arrojados- a Europa y encuentran su lugar en el mundo. Así de simple, brindando todo su repertorio a cada actuación. De ese puñado que, por desgracia, parecía que ya no teníamos derecho a degustar. Anthony Randolph es el americano de la Simac Milán, el Jolly Colombani Cantú o el Granarolo Bolonia, representantes llegados del otro lado del océano que observábamos con veneración. Él es la versión de la estrella retro, como una referencia de aquella época tan cambiada hoy día. Un paso más en físico, en técnica, en pureza respecto a lo que aquí jugamos, curiosamente curtido y rematado en nuestras pistas, alcanzando tal madurez entre nosotros.

Que siga así de motivado y majestuoso. Nexo de varias generaciones, disfrute para todas ellas.

Una figura de 211 centímetros que asusta.