Chris Evans, la mejor esencia de la historia de Herbalife Gran Canaria

Chris Evans, la mejor esencia de la historia de Herbalife Gran Canaria

Antonio Rodríguez

En el descanso, hablaba en voz de sus compañeros de ser más intensos, jugar más físicos si el rival era físico. Todo alrededor del esfuerzo y el sacrificio. Así es Chris Evans, la nueva adquisición de Herbalife Gran Canaria para esta temporada 18/19, mostrándose en la entrevista que Lucio Angulo le realizó en la emisión televisiva de Movistar+, antes de retirarse a los vestuarios del encuentra ante el Barça Lassa. Una exposición de su carrera en el mundo del baloncesto.

“Solamente quiero ser mejor jugador” declaraba en el portal Fansided.com hace dos años, en su vuelta a Estados Unidos, para enrolarse en la D-League, tras su paso por Grecia, la A-2 italiana e Israel. “Algunos compatriotas se centran en la llamada de la NBA y eso no va conmigo. Yo quiero ser mejor cada día. Tengo amigos que me piden listas de “prospects” NBA y esas cosas. Y yo les respondo que no quiero escuchar nada sobre eso. Solamente soy un tipo concentrado en lo que hace. Lo que necesito es trabajar duro, mejorar y el destino ya cuidará de mí”.

Chris Evans ha sido un jugador impactante durante la pretemporada y en la citada primera jornada. Sus 14 puntos en los 25 minutos de su debut en liga regular, con 7/15 en tiros de campo, sacaron nuevamente a relucir la estampa de un jugador muy especial, de los que irrumpen como nuevas estrellas de forma inmediata. Más que por números, por forma de jugar. Robos de balón, mates con escandalosa suficiencia tras irse de sus pares en uno contra uno, juego en poste bajo, con el lazo de balones soltados con un suave toque en mitad de la más cruenta batalla física por ganar unos centímetros. Ganar posición y mantenerla. Y cuatro, cinco y seis esfuerzos saltando en pos del rebote y una canasta que finalmente llega. La maestría para colocarse y ocupar entre torres azulgranas el mayor espacio posible. Porque él no es una torre. Pero sí tiene las habilidades de un consagrado jugador interior.

Chris Evans llega a Las Palmas como un alero. Y lo que en Endesa Basket Lover hemos visto es un estilo típico de los mejores ala-pívots que han desfilado por nuestra liga. Se presenta como un 2,03 de estatura. ¡Venga ya! Evans difícilmente superará el 1,96. Pero el tipo es condenadamente bueno. Lo que ocurre que es muy difícil admitir que, en el baloncesto moderno, se es un “4” con esos -posible- 196 centímetros. Baloncesto es baloncesto. Siempre. Y Evans tiene una calidad inmensa, mida lo que mida. Él tiene claro una cosa. “Si no eres versátil en Europa, difícilmente tendrás impacto”. Y a un fantástico repertorio interior, con el sello de los más fuertes caracteres y nula intimidación ante hombres que le saquen la cabeza, añade más rapidez, más dominio de balón y más tiro exterior.

¿Sabían que Chris Evans lanzó 54 triples en sus primeras tres temporadas como profesional? No era un tirador, ni todavía parece serlo de manera consumada (su 0/4 en el Palau en triples, afeó un más que notable 7/11 en tiros de 2). “Dureza, consistencia, versatilidad y profesionalidad es lo que puedo aportar al baloncesto. Teniendo experiencia, puedo ayudar a cualquier equipo, independientemente del rol que ocupe. Ya soy un poco más veterano y sé que me puedo ajustar a cualquier situación”. Ya ven que la palabra “versatilidad” la tiene grabada en sangre en su mente. Sin embargo, son sus habilidades de ala-pívot, de los mejores, las que nos embaucan: juego en escaso espacio, suspensiones a media distancia, pivotes, tiros perfectamente protegidos por unos hombros que se hacen kilométricos para los defensores, hambre por los rebotes. Enorme trabajo y enorme talento. Pertenece a esos profesionales que, con férrea voluntad, se hacen grandes, como -buscando similitudes- un P.J. Tucker en la NBA. Han tenido la obligación por desarrollar más repertorio exterior a su juego. Pero cerca de la canasta, son auténticos cañones, sin buscar varas que les midan -ni etiqueten- en pulgadas. Alma de “4”, posición de “3”, para ayudar en las debilidades de sus compañeros interiores.

 

Una mirada atrás en su vida

Chris Evans procede del estado de Virginia. Medía 1,72 cuando tenía 12 años y realizó un mate por primera vez. “Cuando salía de clase con los amigos, intentábamos hacer mates, a ver quién llegaba. Cuando lo conseguí, fue la locura del grupo”. Con 14 años ya medía 1,94. Su rápido crecimiento le causó frecuentes dolores en sus rodillas, usando el baloncesto como una forma de potenciar esos nuevos y tan tiernos músculos que la envolvían y fortalecían. Su entrenador en high school, Rob Senderoff, viendo sus reversos y alley-oops”, los que arrancaban atronadoras ovaciones en la grada, confesó que “es el jugador de perímetro más atlético que he entrenado”, ningún regalo cuando estuvo un año como asistente en la prestigiosa universidad de Indiana.

Chris Evans, un enorme talento físico. 

“Intentaba aprovechar la mejor oportunidad que el baloncesto me pudiera ofrecer”. Lógicamente, Chris destaca en su región y en competiciones veraniegas en ligas de la AAU, decidió y muy a su pesar, dejar el instituto de casa, el Deep Creek High School, en Chesapeake (Virginia), para enrolarse en la más elitista Petersburgh High School. “Con 17 años, era la primera vez que estaba lejos de casa. Pero la experiencia me ayudó a crecer y madurar como persona”. Solamente volvía a casa los fines de semana que no tenía partido. “Los jugadores de Petersburgh me aceptaron bien” declaró en un reportaje titulado “Chris Evans, más que una máquina de hacer mates para los flashes” en www.ohio.com. “De hecho, la mamá de mi entrenador, Kim White, se convirtió en una especie de tía para mí. Era una persona muy religiosa y me cuidó siempre. Se aseguraba que rezase cada mañana antes de ir a la escuela”.

El hecho de tener asignaturas pendientes de aprobar cuando finalizó el bachillerato, debiendo ir al ACT, una especie de repesca académica, hizo que al terminar, las universidades ya habían reclutado lo necesitado. Una de las más interesadas en él, fue Kent State. Pero “por aquel entonces, pensaba en universidades de mayor prestigio. Así que no le puse mucha atención cuando estuve allí”. Decide reclutar por Coastal Carolina, donde apenas rascó bola, marchándose a Wabash Valley Community College, en Illinois. Allí se destapa el jugador que es, promediando 19.5 puntos, 8.2 rebotes y 2.0 asistencias. Entonces, sí aceptó la beca de Kent State para jugar allí. Tras su periplo en college, sin ser elegido en el draft, Europa era una alternativa.

“Oí la situación financiera de la D-League, por lo que decidí probar en otras ligas, mejorando como jugador. De mis años en Europa, he aprendido mucho, dentro y fuera de la pista. Lo pasé muy bien en Israel (Hapoel Tel Aviv), donde el baloncesto era rápido, con muchos americanos jugando. Ahora creo que la decisión fue la correcta”. Y quiso probar nuevamente en su país, en la D-League, en Canton Charge, entrenado por el británico Nate Reinking (aquel escolta de raza blanca que nos infló a triples en el infausto España-Gran Bretaña del Eurobasket 2009, que casi nos manda para casa en la 2ª jornada de competición). Reinking, curiosamente tomó el cargo para sustituir a Jordi Fernández, que aceptó el de asistente en los Denver Nuggets. “Él tiene ya buen tiro, aunque le falta dominar el triple. Si lo consigue, abrirá mucho las defensas. Floreció en sus días de Kent State, donde era principalmente conocido por sus mates y su capacidad atlética. Ahora, es más refinado, digamos que una máquina más engrasada y sus posibilidades irán creciendo cada día, como su mentalidad”.

Evans promedió 22.3 puntos, 6 rebotes y casi 3 asistencias en la D-League, disfrutando de protagonismo y galones con el base de Duke y actualmente en Golden State Warriors, Quinn Cook. “Él me hizo la transición muy fácil -comenta Evans sobre Cook-. Es un gran jugador y mejor persona, si cabe. Es muy inteligente jugando al baloncesto. Seguimos teniendo un gran contacto y -bromea- se asegura que coma de forma saludable”.

Un maestro del poste bajo. 

 

Una mirada atrás en la historia del Granca

En Herbalife saben lo que es traer foráneos de un impacto inmediato en la Liga Endesa. La fama que les precede está más que justificada. Y es cuando, entre la memoria y la nostalgia que siempre nos invade en Endesa Basket Lover, vimos las características de este Chris Evans, jugador pequeño que, con enorme maestría sabe defenderse y destacar bajo los aros y nos sonaba eso de algo. De esa clase de tipos duros, competidores… estrellas en definitiva. Y caímos en la cuenta de alguien que rompió todo tipo de moldes: Bernard Hopkins.

El gran Bernard Hopkins, un genio de la zona hace 20 años. 

Hopkins era más interior. A nosotros nos gustaría definirle como un Evans del siglo XX o más exacto sería decir, que Evans es un Hopkins del siglo XXI. Bernard era increíble, asombroso. Sin llegar a los dos metros, sin poder anotar más allá de 4 metros, fue un torbellino interior cuando Gran Canaria lo presentó en España en la temporada 97/98. Su tarjeta vino con 37 puntos y 16 rebotes en Badalona en la 4ª jornada liguera. Y todos giramos la cabeza. Se proclamó el mejor jugador del mes de septiembre (5 jornadas se disputaron), con 23.6 puntos, 68% en tiros de campo, 10 rebotes y 78% en tiros libres. ¡Ah! Y para quienes sean fans del Super Manager, una valoración de 33.2 nada menos. Ante el gallito Tau Cerámica aquel año (que se encaramó como favorito al título y posterior finalista), le endosó 34 puntos y 16 rebotes. En el Palau, ante el Barça, 37 puntos y 9 rebotes y en La Fonteta valenciana, 31 puntos, 15 rebotes y el convencimiento entre la directiva taronja -que aún vestían de blanco y rojo- que esas sería su próxima estrella del equipo (fichó por Pamesa a la siguiente campaña).

Bernard Hopkins era un genio. Con sus pivotes y reversos, sus tiros cortos y sorprendentemente rápidos, muy pegado a su defensor para no dejarle maniobrar, amargaba a cualquier rival la tarde. “¿Cómo lo hace?” nos preguntábamos hace 21 años. Pues la misma pregunta, testigos en el Palau el pasado jueves, hicimos al encontrar esa misma esencia en Chris Evans, con más dribling, más rango de tiro, más explosividad. O sea, en un envoltorio de USB lo que en Hopkins era un estuche para guardar la cinta VHS. El mismo néctar, créannos. Y esperamos y deseamos disfrutar lo mismo, porque el talento lo tiene a raudales. Desde aquí, desde Endesa Basket Lover, apresurarnos a gritar a los cuatro vientos que este Evans es digno de verse. Un espécimen de jugador brillante que entiende de baloncesto. Y nosotros estamos en la obligación de disfrutarlo, día a día. Porque baloncesto es baloncesto.