Javier Justiz, esencia cubana en Zaragoza

Javier Justiz, esencia cubana en Zaragoza

Antonio Rodríguez

En Endesa Basket Lover nos encanta el tipo de jugador que, sin grandes condiciones atléticas, quizás torpes en ocasiones, a base de trabajo y más trabajo consiguen notables resultados jugando al baloncesto. Uno de los ejemplos de este siglo más conocidos quizás sea el de Andrew Bynum. Visto la primera vez en imágenes de sus primeros entrenamientos con los Lakers, era pensar “pero ¿qué han fichado?” echándonos las manos a la cabeza. Su altura y su envergadura no podían justificar tanto, o eso creíamos, mientras Abdul Jabbar se afanaba en enseñar a aquel chaval de tiernos 18 años, paso a paso, lo que eran los secretos de la zona. Y ya lo vieron, clave en dos títulos consecutivos de Lakers. Lo de su cabecita después, ya vimos que Jabbar no pudo contenerlo. Pero ahí quedan sus dos anillos. En este caso, las sensaciones con la nueva incorporación del pívot de Tecnyconta Zaragoza, el pívot de 2,11 de estatura, Javier Justiz, son las mismas.

Reconocemos que la única vez que tuvimos ocasión de ver a este originario de Santiago de Cuba, fue en el Torneo de las Américas en 2015 con la selección de Cuba. Justiz destacaba por su estatura, liderando un más que discreto combinado de escasos centímetros y menos talento todavía. Muy lento y con escasos recursos técnicos, sobre todo ofensivos -eso sí, tenía cierta gracia en el pase-, nos dio para tomar reseña poco más que un “sí, esa estatura y esos brazos pueden dar juego. Pero ya tiene 22 años y es tanto el trabajo que tiene por delante… No parece que interese”.

Y hete aquí que nos volvemos a topar con él en el Circuito Movistar de Tarragona, a las órdenes de Porfirio Fisac en Tecnyconta Zaragoza y haciéndolo francamente bien. E insistimos que hacerlo “francamente bien” no es el acierto que tuvo en su primer enfrentamiento ante Iberostar Tenerife, con sus 19 puntos y 9 rebotes, porque nos gustó igualmente ante Partizán Belgrado, con tan sólo 8 puntos y 5 rebotes. Simplemente, tuvo menos protagonismo en ataque.

No está nada mal para la definición de “debo ser sincero: era un haragán en la escuela” en declaración personal que hizo al periodista Alejandro Panfil en un magnífico artículo en la web argentina “La Nación” en marzo de este 2018. En él, exponen que se apuntó a jugar al baloncesto de manera voluntaria para poder saltarse algunas clases, cuando tenía 7 años. Tomado como entretenimiento, lo dejó con 12 años y volvió a retomar su actividad con 16, aunque no se complicó mucho la vida cuando no había calzado apropiado para él. Acabó dejándolo… o al menos, eso parecía. El mozo ya superaba con creces los dos metros y entrenadores cubanos apostaron por él, obligándole a repetir entrenamientos. El tan elitista baloncesto cubano en la década de los 70 (medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Munich’72), en el siglo XXI está necesitado de todo y Justiz podía ser una alternativa. Y así se programó su desembarco a Argentina.

Estudiantes de Concordia era su destino. “En Estudiantes, me equivocase o no, el técnico tenía que ponerme porque no tenía un suplente en mi puesto” declaraba para el artículo de “La Unión”. De aquel aprendizaje forzoso, llegó a otro rellano, un poco más alto, al San Lorenzo de Almagro donde “era distinto. Hay suplentes en todas las posiciones y tengo otro rol. Por eso debo mentalizarme y hacer bien todo lo que me pide el entrenador”. Allí, fue el entrenador Gonzalo García, asistente del afamado Sergio “El oveja” Hernández quien lo tuteló en el esfuerzo y la constancia para poder vivir y destacar con el baloncesto. Y no fue el único, puesto que se unió un personaje devoto del baloncesto en la ciudad, Marcelo Tinelli, verdadera estrella televisiva a nivel continental, que “se preocupaba para que no nos faltase de nada. Es un tipo muy humilde y dedicado, que a todos los entrenamientos”.

Su segunda temporada con San Lorenzo le hace sentir importante y con tales credenciales, se presenta en nuestra Liga Endesa y en el pasado circuito tarraconense, vimos el resultado de todo ello. ¿Y cuál fue? Pues se nota que físicamente en sus años de adolescencia, no ha tenido un trabajo físico conveniente para brillar en la élite: lo seguimos considerando un jugador lento, pero no en exceso para un hombre de casi siete pies de estatura. Lo mejor es su capacidad de progresión, a pesar de ser tardía. Si su evolución desde el Torneo de las Américas en 2015, antes de emigrar a Argentina, ha sido lo evidenciado en el Circuito Movistar, es para estar más que satisfechos.

Javier Justiz parece tener una capacidad innata, más que para este deporte en sí, para aprender rápido cómo se juega en la élite del baloncesto. Es muy grande y lo que más nos gusta, es que se hace más grande todavía. Es un “center” puro de los de aguantar abajo, que defensivamente puede suplir las deficiencias de sus compañeros en la zona -e incluso los propios- protegiendo su aro. Por lo que le hace intimidar a rivales en entradas a canasta o lo que castiga en los errores del contrario bajo el aro, sin darles opción a un rebote ofensivo, lo consideramos un importante baluarte defensivo. Es obvio que no se le puede tener arriba y abajo permanentemente defendiendo bloqueos y continuaciones y exigiéndole velocidad, no. En cambio, sí otorga todos los beneficios que puede ofrecer en la defensa del aro y la intimidación un tipo de su tamaño que son muchos (y parece que los vamos olvidando).

En ataque, si se toma en cuenta su falta de explosividad, es más que útil continuando bloqueo, aunque la calidad física de la Liga Endesa es muy distinta a la que ha conocido esta hoy. Por ello, puede que frecuente más abrirse para lanzar suspensiones, donde ya expuso ante Iberostar Tenerife una amplia gama de recursos en la suspensión, incidiendo en la cuestión que, siendo el “5”, pocas veces era punteado y se podía tomar su tiempo para ejecutar la zurda. Hasta con triples. Y lo que no ha perdido es esa “gracia” que tenía en 2015 pasando. La mantiene y la ha mejorado, algo muy servible en el juego al poste, sobre todo como respuesta a la réplica física que tendrá en nuestras pistas.

Y detalles, pequeños gestos que nos hacen sonreír cuando vemos que alguien domina lo que se hace. Corriendo un contragolpe, el compañero le entrega el balón para entrar a canasta en una posición demasiado lejana, lo que le obligaba a botar en carrera, lo que en infinidad de ocasiones suele acabar en pérdida o en pasos. Con toda la tranquilidad y asumiendo el riesgo de la situación y esa velocidad de ejecución que exigía el contragolpe, dulcemente -y de forma medida- devolvió el balón al compañero, ante la oposición de la defensa, para que éste anotase la bandeja. La facilidad para hacerlo y sobre todo, esa rápida lectura del “este no es mi territorio” son de esos pequeños detalles innatos tanto nos gustan.

Son muchos centímetros y más aún con los brazos alzados, como para tenerle muy en cuenta. En Zaragoza parece que han encontrado un tipo que puede imponer dominio en las zonas, haciendo y no dejando hacer. Sumen eso y el resultado será un jugador con expectativas suficientes como para seguirle con lupa. Desde Endesa Basket Lover, lo haremos.