El efecto Walter Tavares: Rainbow basketball

El efecto Walter Tavares: Rainbow basketball
(ACB Photo / Aitor Arrizabalaga)

Antonio Rodríguez

Quique Villalobos una vez me contaba sobre la venida de George Karl a España. En su primera pretemporada, facilitó un tocho en papel de sistemas que se debían aprender sus jugadores, sólo de defensa. De ataque, no les dio nada. Ya irían aprendiéndolo. Y un “tú vas a marcar a Lampley” que le comentaba, ante la extrañeza del escolta de 1,94 de estatura que, por lo visto, tenía que defender a un ala-pívot que le sacaba 14 centímetros. “Y no te preocupes, que cuando le llegue el balón, ya me encargaré que tengas ayudas”. Explicaciones tácticas que venían en el mencionado tocho.

Con capítulos así, uno, como espectador y testigo, va deshaciendo nudos y viendo la evolución de lo que es el baloncesto, de ver aquellas rarezas -marcianada para la época, pues hablamos de 1989-, de buscarles una explicación que el entrenador de mi pueblo me teorizaba entonces y que se confirman y extienden cuando con los años, se tiene la oportunidad de charlas con Villalobos. Una pieza más de la colección para intentar entender este juego o al menos de asumir que existen miles de matices que te pueden hacer ganar.

Matices, detalles. Eso que siempre dicen los entrenadores, lo de los “pequeños detalles” que, si amasan un puñado, pueden hacer ganar. Matices como los que empleó Pablo Laso en el tercer partido de esta maravillosa serie final con su último round en Vitoria, en la que con un par de pinceladas cambió el que Walter Tavares fuese un hombre importante en su esquema, pero insuficiente en el primer choque -no obstante, KIROLBET Baskonia les derrotó, 90-94-, a ser decisivo y firmar dos victorias.

Quinteto en pista donde predominaban cuatro jugadores desenvueltos en el exterior, grandes tiradores (con Thompkins de ala-pívot) y el único interior claro en Walter Tavares. Con esa apuesta, con agresiva defensa perimetral como una oda al rival de “no me ganarás a triples”, se arriesga a defender el tiro de tres puntos. De tomar riesgos, de tener la facultad y libertad de anticiparse -o intentar al menos- al pase hacia el tirador, de aventurarse a alegrías defensivas alejados de la canasta, a lo que cualquier otro equipo no podría… porque el Real Madrid tiene a Walter Tavares guardando la zona.

Nueve tapones en los dos últimos encuentros del caboverdiano no son solamente nueve posesiones frustradas del rival (con el complejo psicológico que eso supone), sino otras nueve veces, seguramente, en la que el rival en la zona no se atreve a tirar y saca el balón, sumadas a otras nueve en las que los tiros son más bombeados y con peor porcentaje en un “rainbow basketball” en las que el esférico traza trayectorias de arcoíris. Hacer un tiro con la mecánica acostumbrada, era tapón de Tavares.

Pablo Laso conoce muy bien de las habilidades de su jugador. Y como George Karl con Villalobos, “ya me encargaré yo del paso siguiente”. A los tiros que no eran taponados, todos los demás, en una misión como si les fuese la vida, de bloquear el rebote, en especial Jeffery Taylor, fantástico en tales situaciones. Mandato del entrenador grabado a hierro y fuego en sus jugadores. Esos lanzamientos defectuosos debían ser capturados y en esas, el Real Madrid, se aplicó muy bien el cuento. Y ello condujo el choque a una dinámica algo distinta, como muestran las estadísticas baskonistas:

La mitad de los tiros en el tercer enfrentamiento, fueron de 3. Sí, mantuvieron el número de tiros de 2 puntos. Sin embargo, la diferencia vino en el número de intentos de tiros libres: 34 el primer día, 27 el segundo, 19 en el tercero. Menos faltas de tiro, lo que transmite más respeto por tirar en la zona ante Tavares, cuyos 19 minutos del choque que abrió la serie, aumentaron en casi 5 más en pista en el Buesa Arena. El epílogo de tales jugadas, muestran los números que fueron más intentos triples en situaciones de límite de posesión, no tan deseadas.

Y esta ha sido una importante variación para que el Real Madrid esté a un paso esta noche, de conseguir su título liguero. Que Doncic realizara su mejor partido en un Playoff final, que Carroll anotase triples con su rutinaria facilidad, que Rudy martilleara en momentos importantes o que Felipe Reyes sacase faltas personales a otro de los nombres claves de esta final -Vincent Poirier-, son vitales. Pero además, tienen a Walter Tavares para que puedan ganar.

11 de 24 fue el porcentaje de triples en la victoria de KIROLBET Baskonia en el Wizink Center en el primer envite, un 45%. Si han de repetir los 35 triples de antes de ayer, las matemáticas dicen que debieran anotar 16 triples. En el deporte no existen lógicas. Pero echaremos un vistazo a este dato. Nunca se sabe.

(ACB Photo / Aitor Arrizabalaga)