Una gran final de Liga Endesa

Una gran final de Liga Endesa
ACB Photo / Aitor Arrizabalaga

Antonio Rodríguez

El Buesa Arena es un recinto que impresiona. Desde la autovía dirección a Bilbao, se divisa por encima de las copas de los árboles, sus puntas metálicas como si fuesen lanzas en guardia. En la calma antes de la batalla, la que da estar alejado del centro urbano, tres horas antes del partido, su inmensidad infunde un profundo respeto. La guarida que acoge a la bestia que dormita. Porque según va pasando el tiempo, por goteo se van mostrando todos los efectos que produce cuando despierta.

Veinte minutos antes del inicio del choque, los 15.512 espectadores celebran la cita más importante del año: acoger la final liguera, recibir al campeón de Europa como rival. Y cantan y animan y muestran colores baskonistas y proclamas en euskera del “aquí, no se rinde nadie” en enormes pancartas. Y entran en estado incandescente como las boquillas de las llamaradas en la presentación de su equipo (que, vistas en televisión, con las tecnologías de las cámaras superlentas de hoy día, son espectaculares). El equipo presentado. Kirolbet Baskonia sobre el parquet. Todo, en su conjunto, es el rugir de la bestia.

Pues ante todo eso, el Real Madrid, con el factor cancha en contra, sabiendo que tenía que lidiar con éxito alguno de los dos capítulos que le esperaban para poder volver a casa a dirimir el título, salió anoche victorioso (78-83) en un encuentro sencillamente espectacular. Escribe acb.com que, desde la final de 1990, cuando Solozábal y Montero conducían al galope constante a sus equipos en pos del título, no se habían anotado tantos puntos en una finalísima. Es uno de los reflejos como para tildarla de épica. Si Kirolbelt Baskonia a golpe de aciertos, tuvo en Madrid en jaque a los blancos en el primer envite y en la primera mitad del segundo, éstos en el segundo período de la tarde del viernes en la capital, respondieron con más dosis de acierto, más robos, más triples, más …todo lo que este deporte aporta en belleza y calidad.

ACB Photo / Aitor Arrizabalaga

Y nos vimos abocados al tercero, en el mejor ambiente que jamás hayamos visto en una final liguera, con la presión -para ambos equipos- que ello conlleva. Y comenzaron a sucederse parciales por ambos equipos que se cortaban de raíz, con un excelente trabajo táctico. Tras otra actuación sensacional de Luca Vildoza, alma y vida baskonista, tras tres triples de Trey Thompkins con una frialdad que producía pavor, a estas alturas no sirve tener miedos, hay que mostrar confianza plena. Y si Sergio Llull llevaba un 0/9 en tiros de campo y hay que apostar por un décimo, se hace. Y lo volvió a errar, pero lo seguirá intentando (ha fallado sus últimos 14 lanzamientos a canasta en esta serie final), porque no se admiten dudas en este Playoff. Quien lo haga, perecerá.

Un 9-0 de arranque de los locales de salida en el tercer cuarto (si contamos el triple sobre la bocina de Beaubois antes de retirarse a los vestuarios) fue contestado al poco, por un 0-8 del Real Madrid. Matt Janning, aunque cuenta con la garantía de su acierto en triples (lleva 10/18 en la serie final), se nota desacertado ante los suyos (2/8 en triples anoche), con lo que incide en entradas a canasta, una de ellas, con una elegancia suprema cuando más farragoso estaba el encuentro. Cuando entre Poirier y Tavares saltaban chispas (y sangre en la nariz del caboverdiano) en los duelos más altos que jamás hayamos visto en nuestro país, cuando Rudy Fernández robaba balones que dolían como heridas abiertas y en los momentos más decisivos, Luka Doncic con su acierto -y su sonrisa vengadora-, enfriaron el recinto. Fue el lazo a ese triple de Jaycee Carroll que tuvo que elevar el balón al cielo, que quitó el hipo a los fans vitorianos cuando vieron que entraba. Las instrucciones en los últimos tiempos muertos ya se oían con más nitidez que en los anteriores, inaudibles por el sonido ambiente. Era el momento para cerrar el choque para los visitantes, curtidos en mil finales, bloque de saber gestionar los momentos de mayor presión. Y lo hicieron en defensa, porque allí estaba Walter Tavares con sus tapones (de los que hablaremos en el próximo artículo) para echar el cerrojazo final, con el 78-83.

ACB Photo / Aitor Arrizabalaga

Un show difícilmente olvidable y más disfrutable si cabe… porque tendrá su continuidad mañana. Y volverán las lanzas en guardia, en la vigilia previa, hasta que por goteo, transcurran los minutos, la procesión de los aficionados, las llamaradas y volvamos a revivir uno de los mayores espectáculos deportivos en nuestro país. Entre machadas de la selección de México y desencantos de Brasil, la final de la Liga Endesa es un reclamo y muy fuerte. No den opción a perdérselo.