Burgos: En tierra de héroes

Burgos: En tierra de héroes
Afición de San Pablo Burgos. Fenómeno social (Foto Endesa Basket Lover)

Antonio Rodríguez

Endesa Basket Lover fue testigo del San Pablo Burgos-F.C. Barcelona Lassa del pasado domingo. Desde el Coliseum burgalés, estuvimos presente ante la exaltación, la tensión y la decepción final de unos aficionados que tratan a sus jugadores como auténticos héroes. Incluso en la derrota.

Es típico hacer salir a los jugadores del vestuario para saludar a quienes les reclaman. Veinte minutos más tarde de la finalización del partido, la mayor parte de los componentes de las peñas que apoyan al San Pablo Burgos, siguen inamovibles en sus asientos, de pie, coreando el nombre del equipo y ondeando sus banderas, como si estuviesen en el fragor de la ‘batalla’ aún. Cuando empieza a desfilar la plantilla nuevamente, con bolsas de hielo en sus rodillas algunos, otros con chanclas, pero aún sin haberse cambiado, el estallido que se produce tiene más decibelios que otros pabellones durante el encuentro. Repetimos: veinte minutos después de haber terminado el encuentro.

Dentro del grupo, siguen sin acostumbrarse. ”La sensación es increíble” ya nos recalcaba Sebas Saiz meses atrás. “La fiebre por el equipo es tremenda. Nos tratan como a ídolos”. Y conforme pasan las jornadas, como a héroes. Lo hicieron en los tres primeros encuentros en los que salieron derrotados en casa (con un promedio de 13 puntos de desventaja) dentro de sus siete derrotas al inicio de la competición. Y por supuesto, cuando comenzaron a ganar sus primeros choques en la Liga Endesa: seis victorias en las siguientes diez jornadas.

El pasado domingo, tras la dura prórroga que les dejó con las manos vacías ante todo un F.C. Barcelona Lassa (101-103), palpando por momentos un milagro que parecía al alcance, había alguien muy especial al que estaban esperando: Goran Huskic se tapó su rostro en el banquillo tras fallar un tiro bajo el aro en un contragolpe, cuando el marcador iluminaba un 99-100 y restaban tan sólo 01:19 para la finalización de la prórroga. Cuando pudo culminar la heroicidad. Huskic era el hombre y el reclamo. La grandiosidad de su público se hizo patente al solicitar de su presencia con más fuerza que nunca, a derretirse en choques de mano, en halagos, en algún que otro abrazo y peticiones de fotografías. Del “lo que pudo ser…” venciendo a todo un Barça a un “no importa. Seguimos viviendo nuestro sueño”. Eso cala en un jugador. Eso cala en unos privilegiados testigos como fuimos nosotros. Para siempre.

Un equipo que a punto estuvo de obrar el milagro (ACB Photo / M. González). 

Y es lo que tiene esta afición, que abarrota con nueve mil aficionados el recinto. Liderados por las tres grandes peñas, “Andrés Montes”, “Bochanos” y la más antigua, “Sauki”, todos hacen porque el recinto se convierta como estas pistas de la antigua Yugoslavia, de Grecia (sin brutalidades, claro), de Turquía: que la presión ambiental, los cánticos, los silbidos, conviertan ese lugar para el rival en una atmósfera irrespirable. Que de verdad se note la intimidación que eso supone. Y por el contrario, que los jugadores locales salgan espoleados a cada acción, que en ningún instante cale la sensación de verse superados por el rival, sino el respaldo de todo el coliseo -en los primeros minutos de la prórroga- y que cuando veían el milagro posible (87-75 a falta de 04:27 para el final), gritan y ofrecen gestos de rabia y entusiasmo a sus ‘aliados’ que saltan desde los graderíos. Y señores, eso se cae. Eso emociona.

“Al principio se desconfiaba del ambiente que pudiera albergar la plaza de toros” confiesa sus temores Eduardo, de 26 años. “El resultado creo que ha sorprendido a toda la ciudad. En LEB siempre estaba lleno. Lo difícil ha sido crear un ambiente semejante al de los dos mil quinientos espectadores que éramos antes, con los nueve mil actuales. Ha sido un logro por parte de las peñas, que son pieza fundamental de este club”. 

Benditas peñas. La más numerosa, la peña “Andrés Montes”, de unos 60 componentes en los años previos, ha pasado a casi 240 de una tacada. Con una enorme pancarta encabezando sus entusiasmos, algunos se atavían con pajarita como sello. “Nosotros éramos muy aficionadosal equipo. Pero por trabajo, no podíamos verles jugar de forma habitual cuando estaban en LEB” reconoce un aficionado de esta peña, junto a su esposa. “Este año sí que ha podido ser. Además, estamos en ACB. Porque después de esos tres años en los que nos ganábamos el ascenso y no podíamos subir… Todo eso ha hecho que lo vivamos con más intensidad. ¿Qué si Burgos es una ciudad de baloncesto? Mira, nosotros, que ya tenemos una edad, éramos fans del antiguo Tizona. Y recuerdo que para la campaña de abonados, desde por la mañana, la cola daba la vuelta a la plaza”.

La tradición. La que marca una ciudad en torno a aquellos jugadores de rojo de los ochenta, en 1ª B. Desde Porfirio Fisac (componente como jugador de aquellas plantillas) al genial y diminuto Tony Smith al mando del Autocid. Desde la peña “Sauki” corroboran tal apoyo. “Sí, es cierto que somos la peña más antigua. Existimos desde 2007. Pero más o menos organizados, esta ciudad ha tenido un apoyo con el baloncesto desde siempre, en los diferentes clubes que ha habido”. Tradición y la novedad de la Liga Endesa que se mezclan. “Aquí se quedaron 800 aficionados sin abono”. Y es que la campaña de abonos fue todo un éxito. El club buscaba un marcado sello familiar en los aficionados. Desde su gerencia, nos confiesan que “la estrategia en nuestra campaña pasaba por los niños. Era fundamental. Y en el anillo que ves, pusimos a la venta una serie de abonos por 305 euros para toda la temporada, en la que tal abonado tenía la opción de venir acompañado por su esposa y sus hijos. Y los hijos, sin límite de número, ¿eh?”.

Los niños, parte importantísima entre la afición (Foto Endesa Basket Lover).

 

Rubén, uno de esos padres de familia, más seguidor de este San Pablo que de sus amados Celtics incluso, se enorgullece del ambiente cada dos semanas. “Aquí la que se forma es de cuidado. Todos nos vemos involucrados. Los chavales, los primeros, que son los que se lo pasan mejor. Bueno… no lo tengo tan claro. Pero sí el ambiente es fantástico. Estamos esperanzados en el equipo. Aunque en estas jornadas lo hemos pasado un poco peor, pero aquí, en la ciudad, estamos convencidos que nos vamos a salvar. Hoy, estuvimos muy cerca”. Marc, entrenador y aficionado de origen burgalés, sigue desde la distancia al equipo. “No soy socio, pero sí gran seguidor y sé que esta afición es especial por las tres temporadas atrás, cuando apoyaban a un equipo que merecía estar en ACB. Está demostrando que tiene que estar aquí y eso se nota, porque todos son halagos hacia ellos. En el WiZink ante el Real Madrid se les escuchaba más que a los fans locales y en Bilbao, ni te cuento. Para mí es la mejor afición que hay”. 

El equipo crece. Muchos reconocen el paso hacia delante de jugadores como Sebas Saiz, Javi Vega o Edu Martínez. “Los jugadores son muy cercanos. Y eso es vital para la identificación con la ciudad” reconoce Eduardo. Las nuevas incorporaciones dieron un toque de calidad y sobre todo, con la reciente adquisición de Vlatko Cancar, se salga de los puestos peligrosos lo antes posible, porque lo peor del calendario, ya ha pasado. “Me gusta esta plantilla, cuando se lo creen” concluye Marc. Con esta afición, es fácil que crean. Porque quienes les apoyan, lo hacen ciegamente. Como aseveran desde “Sauki”: “Los partidos de El Coliseum son una fiesta y ahora, con un calendario más asequible, esperamos conseguir las victorias para poder seguir disfrutando de la Liga Endesa. Algo que es bueno para la competición”.

Pues esta es la fiesta, esto es El Coliseum, esto es una parte fundamental del actual San Pablo Burgos. La absoluta devoción por unos jugadores. La reconocida admiración por unos fans. Simplemente, en tierra de héroes.

Sello identificativo de la ciudad (Foto Endesa Basket Lover)